SABÍA LO QUE QUERÍA
I
Apacible situó el vaso sobre la repisa, a la espera de que el líquido elemento se enfriara, para poder tomarlo.
El desasosiego se había impuesto, impidiéndole seguir en la tarea que durante horas le ocupara.
Tenía en sus manos un manuscrito amarillento, rescatado del polvoriento suelo de aquella casa que estaba a punto de ser derruida.
Se contaba que hacía tiempo había sido habitada por una familia compuesta por nueve miembros.
En una de las salas, de la Residencia de ancianos, había conocido a una anciana silenciosa y longeva, que siempre miraba a través de una de las ventanas del largo pasillo, hacía esa casa.
Al principio, cuando empezó a hacerse cargo de las tareas que le asignaron, a penas apreció esa presencia. Fue tras idas y venidas por ese pasillo, que empezó a percibir algo extraño. Esa mirada la traspasaba. Se dio cuenta de que no importaba que hubiera movimiento o quietud. La anciana siempre estaba con su mirada fijada en ese punto, con una expresión, en el rostro, difícil de interpretar.



