Sunday, August 12, 2007

En aquellos tiempos… Primera parte.

Recorrieron largas sendas que no llevaban a ninguna parte. Las dos muchachas entristecidas caminaban silenciosas sin mediar palabra, cogidas de la mano.

Un ave sobrevolaba en círculo esperando poder posarse sobre el hombro de una de ellas.

La más alta era una mujer de larga cabellera negra y la otra tenía rojos cabellos.

Vestían ceñidos vestidos de tafetán negro como las plumas de un cuervo.

-¿Qué te parece si paramos un rato?

-Bueno, Nora.

Nora era la mayor de las dos, la pelirroja.

-Kary, ¿estás cansada?

-Un poco.

-¡Bien! Haremos una parada, pero muy corta. No nos podemos descuidar.

 

Baja el ave y se posa sobre el hombro de Kary. Ésta parece recobrar energías.

-Tienes mejor aspecto. Haces mejor cara ahora que Whymk se ha posado en tu hombro.

-Tenemos que darnos prisa si queremos que la hechicera deshaga su embrujo.

Pararon en las inmediaciones de un riachuelo de aguas cantarinas. El gorgoteo de una fuente atrajo su atención y llenaron de agua un par de calabazas y un pellejo que colgaba de la cintura de una de ellas.

Sacaron de sus zurrones un trozo de queso y un mendrugo de pan para cada una.

Comieron y bebieron habidamente dando al ave parte de lo que tomaban.

-Qué fresquita es el agua de esta fuente.

-Mira, Nora, ese árbol tiene la fruta madura. Son ciruelas amarillas.

-Aunque son muy pequeñas nos irán bien.

Las dos muchachas se levantaron y aproximaron al ciruelo.

Recogieron sus frutos más maduros y los colocaron en un pañuelo grande, cada una, poniéndolo entre hombro y cintura, cruzando el pecho y dejando la carga por delante.

Más animadas emprendieron de nuevo la marcha.

Se adentraron en la espesura de ese bosque. Iban entretenidas en sus pensamientos y no advirtieron que alguien las estaba siguiendo.

Entre la maraña de zarzas y árboles se movía una diminuta figura. Era alguien que cubría su cuerpo con una túnica y tapaba su cabeza con capucha. Llevaba un tejido que parecía participar de los colores que le rodeaban. De hecho seguía el mimetismo de las hojas y ramas que iba encontrando a su paso. Esa trama se iba modificando según estuviera en sombra o zona iluminada.

-No irán muy lejos.

Era un eco femenino el que así pensaba.

-Se dirigen a la gran cascada.

-Saben bien dónde pueden encontrarla.

-Tengo que distraerlas antes de que caiga la noche.

-Con la Luna tendré el poder y ya no tendrán escapatoria.

-¡Nora!

-¿Qué tienes?

-¡Noraaa…!

Asustada, Kary, quedó paralizada.

-¿No te das cuenta?

-¿De qué tengo que darme cuenta?

-Siento que algo me atraviesa, algo helado que me abrasa.

-¿Tú no notas nada?

-No, no tengo esa sensación.

-Descansaremos un rato para que te calmes.

Las dos muchachas buscaron un claro del bosque y se aposentaron. En las proximidades corrían las aguas cristalinas del río que venía de la cascada a la que se dirigían.

-Kary, no podemos entretenernos mucho rato. Se está cerrando el día y será muy difícil seguir la senda.

-Piensa que nos advirtieron de los peligros de la noche.

-Que tenemos que conseguir llegar antes de que anochezca porque la furia se crece en la noche y si da con nuestro paradero no habrá magia que nos libere de sus poderes.

Kary reaccionó a las palabras de su hermana.

-Vamos, no perdamos tiempo.

-Soy una blanda.

-Kary, no lo eres.

-Eres tú la que tiene la magia de su lado y eso te hace más sensible y vulnerable.

-Tengo que cuidar de ti.

-Madre dijo que mi papel era ser tus músculos y tu resistencia.

-Cuando lo dijo no entendí nada, pero ahora empiezo a encontrar sentido a sus palabras.

Nora queda pensativa y su cara refleja un gesto duro de dolor.

Pasan por su mente, en tropel, imágenes espeluznantes.

Aquellos seres maléficos que salían de la nada y que buscaban mientras destruían todo lo que con sus ojos atravesaban.

No recordaría formas, porque no los veía, recordaba sensaciones que le helaban la sangre.

-Coge a tu hermana y marcha.

-No esperes más.

-Y sobre todo no mires oigas lo que oigas

Le había dicho su madre.

Había cogido a su hermana que dormía sobre la paja envolviéndola en su capa.

Fue terrible oír aquellos chasquidos y alaridos.

Recordaba el olor de los cuerpos putrefactos, el de la sangre, el de los huesos calcinados.

Alaridos que atravesaban su garganta entrando hasta sus entrañas.

Fue casi imposible seguir sin volver al lado de la madre.

Fue la mayor de las pruebas.

Controlar ese impulso le desgarró músculos que tiraban de ella.

Cuando llegó al bosque su cuerpo había seguido el curso de dos vidas. Ya no era la misma. Su vida no era suya. Su hermana era su vida.

Recogieron miedos ancestrales. Las sombras y las luces creaban en sus mentes imágenes fantasmagóricas. Sentían el quejido de las almas que vagaban entre los dos mundos. Almas ausentes faltas de morada eterna se movían entre las sombras en ese momento que el día se aleja y la noche se puebla con todas sus quimeras.

Anduvieron en círculo sin percatarse de que pasaban por dónde estuvieran antes.

-Me temo que no hemos avanzado.

-Este arbusto de bayas negras diminutas estaba aquí antes.

-Hemos vuelto al mismo sitio sin darnos cuenta.

Manifestó Nora.

-La noche no nos va a permitir seguir.

-Será mejor que nos quedemos aquí.

Kary pensó que sería cuestión de adaptarse a las circunstancias.

-Habrá que hacer frente a lo que venga.

Le dijo a su hermana.

-La furia se crece con nuestros miedos.

-Hemos de unir nuestras almas en una para impedir que separadas pueda acceder a una de nosotras.

La fuerza de la muchacha dio paso a una luz violeta que las envolvió. Sus cuerpos dejaron de ser visibles a simple vista. Quedaron en ese estado de patencia que las hacía imperceptibles a ojos físicos.

Bajo una roca tintineaba una débil luz violeta.

-Estaban aquí.

-Esa pequeña sabe más de lo que parece.

-Huelo su presencia.

La furia podía oler la presencia de Kary, pero era incapaz de captar esa luz. El submundo al que pertenecía era el de lo opaco y sin luz. Nada que brillara o estuviera iluminado entraba por sus sentidos. Era ciega a la luz.

Había quedado impregnado en el ambiente un olor a rosas que la furia reconoció como el de la muchacha que ella quería arrastrar al lado oscuro para absorber su energía y aumentar su poder.

Si se hubiera fijado. Si no hubiera distraído sus pensamientos con la obsesión de captar a la muchacha habría notado una presencia alada que posada sobre una rama estaba justo encima de la piedra en la que palpitaba esa luz.

Siempre es el inocente quien rompe el equilibrio sin saberlo. Así ocurrió. Whymk se asustó ante la presencia de la furia y quiso proteger a Kary. Para él las dos figuras de las muchachas eran visibles y por ello se fue sobre el hombro de su ama.

La furia sintió el temor y el aleteo. Eso hizo que creciera su poder. Como advirtiera Kary, ella se crecía con el temor de quienes la rodeaban. Husmeó en el aire buscando el rastro de ese aroma a rosas que llevaba hasta la muchacha. Concitó las fuerzas espectrales que a su llamada llegaron a poblar todo ese espacio.

-A mí, fuerzas de la oscuridad.

-Venid en pos del mal.

-Cercenad y negad.

Eran sus palabras que apenas audibles se insertaban en las entrañas de Nora.

Kary permanecía unida a su hermana. Sabía que en esa unión estaba su fuerza. Debía guardarse de la disolución que supondría la separación. Su hermana no podría hacer frente a las fuerzas espectrales que disolverían su alma.

Tuvieron que enfrentarse a alucinaciones que la furia gestó para que ellas salieran a la superficie. Whymk, asustado, salió volando sin rumbo. Nora sintió en sus carnes todas las fuerzas encontradas, pero Kary la abrazó con fuerza inaudita impidiendo que siguiera el impulso más primitivo que albergaba su alma, saltar contra la furia. Eso las hubiera hecho vulnerables.

Siseaba atrayendo el rencor de Nora. Sabía que se estaba dando la lucha entre las dos hermanas. Casi alcanzaba su objeto. Sus dedos se alargaban y aproximaban casi tocando el pecho de Nora. Sentía un magnetismo que le llevaba a aproximarse a la muchacha. Kary a duras penas conseguía contener el aura de su hermana bajo la suya.

La noche trascurrió en esa lucha de las dos hermanas bajo la amenazante figura sibilina de la furibunda figura que alcanzaba tamaños que cambiaban de más a menos y de menos a más siguiendo el curso de fuerzas que se concitaban en la lucha de las dos hermanas, una por salir y la otra por contener ese impulso.

-No podré conseguir atajar su impulso.

Pensaba Kary en lo más profundo de su ser.

-No debo pensar en nada que libere mi miedo.

-No debo dar paso a la duda.

-Podré aguantar hasta el amanecer.

-Queda poco y aunque los instantes se hacen eternos podré.

Se reafirmaba y contenía todo aquello que pudiera debilitarla.

La noche dio paso al día y pudieron desligarse y descansar, pero Nora quedó maltrecha.

Con la presencia de la luz sobre el círculo astral de las dos muchachas la furia salió como si aquello la pudiera ahogar. Huyó despavorida al sentir la quemazón sobre su sombra. Se alejo bajo las sombras del bosque.

Kary se hizo visible, tenía el cuerpo de su hermana en sus brazos. Apenas podía consigo misma. Nora estaba en tan malas condiciones que se hacía imposible plantear cualquier movimiento. Kary dejó a su hermana tendida en el suelo y empezó a preparar una cataplasma con distintos elementos que sacó de un pañuelo anudado que sujetaba en su cintura. Masticó algunos frutos y algunas hierbas y colocó sobre la frente de su hermana esa sustancia, para ello hizo uso de algunas ciruelas amarillas de las que habían recogido en el bosque. Dejó reposar el cuerpo inerte de Nora y marchó por los alrededores recogiendo hierbas, piedrecillas, flores, piñas y otras cosas que ella misma iba incorporando a ese pañuelo que llevaba anudado en la cintura.

Al atardecer Nora despertó de ese estado estático en que se encontraba.

-Kary, ¿qué ha sucedido?

-¿No habíamos salido del bosque?

Su mente había borrado todo rastro de recuerdo de la lucha mantenida con la furia durante la noche. Ese mecanismo de olvido era lo que impediría que perdiera la cordura pues su mente no hubiera asimilado tanto mal.

-Nora, ¿cómo te encuentras?

Intentó incorporarse y cayó sobre la hierba.

-No puedo levantarme.

Kary asintió.

-Tendremos que pasar la noche en el bosque.

La cara de Nora reflejó un gesto de espanto que ni ella misma hubiera podido reconocer.

-Buscaremos un lugar más seguro.

Afirmo Kary.

-Nos situaremos cerca del agua.

-He encontrado una pequeña cueva próxima al río.

Las dos muchachas se desplazaron a ese lugar.

Kary cargó con su hermana que apoyada en su hombro izquierdo se ayudaba con una rama bajo el brazo izquierdo, que ella le había preparado.

Aunque el lugar escogido no estaba muy alejado tardaron en llegar por lo precario de la situación.

Kary se orientaba perfectamente. Cuando llegaron a la cueva la luna se reflejaba sobre las oscuras aguas del río.

Whymk volaba dando vueltas a su alrededor. Había regresado a la llamada de su ama.

-Ven precioso.

-Ven.

Así le llamaba.

Su aleteo alerto de su presencia a la furia que captó con toda claridad los olores y vibraciones que dejaban en su paso hacía ese lugar.

La furia llegó a alcanzarlas, pero desde la otra orilla.

Kary había encontrado el lugar perfecto para estar fuera de su alcance.

Ella podía cuidar de Nora y encontrar dentro de su más primigenia memoria las artes que ignoraba le eran concedidas como elegida.

Su hermana no podía frente a la magia y el hechizo. Sus temores casi la habían aniquilado. En ese momento Kary reconoció su fuerza y confió en ella. Nora había quedado a la merced de sus miedos, ella no. Ella podía disolverlos y concitar fuerzas de luz que la conformarían como lo que poco a poco iba descubriendo de si misma.

Era Kary la que tomaba las riendas de la situación. Su hermana había cumplido la misión de traerla hasta su destino. Cuidaría de su hermana y esperaría las lunas necesarias para emprender de nuevo la marcha. Esperaría que Nora se recobrara y buscaría en el reflejo de la luna los mensajes que cada vez se le presentaban con más claridad.

No siempre fue así. La furia, Kalhyma, otro tiempo fue una elegida.

¿Qué había hecho para pasar al lado oscuro?

Ella nada. Había sido débil frente al amor mortal, eso la había expuesto frente a las fauces del lado oscuro.

En otro tiempo, de ello podría hablarse de años que con décadas no bastaría.

Kalhyma había sido una muchacha sumisa. Había aceptado la fuerza que se le otorgaba sin oponer resistencia. Su madre, ansiosa, había deseado el poder, pero no le había sido otorgado. Su hija era la elegida, sin embargo Kalhyma hubiera deseado ser una de tantas en la Comuna. No quería ser diferente. Cuando peinaba sus cabellos y los trenzaba esperaba la oportunidad del día para encontrar su mirada. Amaba a aquel muchacho y hubiera querido ser elegida para él, sin embargo le fue negado. Quien era tocada por el don no podía prestarse al juego del amor. Su madre desoyó sus súplicas y la presentó a la Comuna como la elegida, quería los privilegios de la madre ya que no pudo acceder a los propios. Hubiera deseado con todas sus fuerzas ser elegida por el don que su hija rechazaba. Había sido asignada a un varón para tomar el cargo de generar su progenie. Su rencor era tal que deshizo toda descendencia hasta que sintió latir en sus entrañas el don que a ella se le negaba. Tenía artes que la ayudaban a controlar desde el primer palpitar de vida que en ella se formaba. Deshacía aquello que gestaba.

En la Comuna las niñas quedaban al cuidado de las madres. Al no tener más descendencia y manifestar aversión al varón quedó al margen de todo contacto con él.

Sola con su hija dedicó todas sus mañas a hacer de ella la elegida. No fue necesario mucho esfuerzo porque Kalhyma tenía el don que aparecía en una hembra de la Comuna por vía desconocida. Ella era la elegida.

Kalhyma fue entrenada por su madre en todas las artes, pero su madre no contaba con ese amor que en secreto cultivaba la niña. Ese sueño que cobraba forma día a día interfiriendo en los designios que la precedían.

Murnhya advirtió en los ojos de Kalhyma el eco de algo extraño y dedico su atención hasta que supo que era amor ese rastro en la mirada de su hija.

Os preguntareis y encontrareis extraño que no se percatara de los sentimientos que ese muchacho movía en el alma de la niña.

Quien no ama no reconoce el amor aunque este se presente con sus mejores galas.

Murnhya no amaba. Su afán de poder la cegaba y aunque para nadie era dudoso para ella no había traza de lo que su hija gestaba en su tierno corazón.

La evidencia se manifestó por palabras que escuchó de boca de las otras mujeres que objetaron la capacidad de Kalhyma para ser la elegida. Ante ellas negó y renegó.

Usó todas las artes conocidas mientras su hija dormía para apagar lo que incipiente se hacía evidente.

Ese amor crecía y se expandía como mancha de aceite. Con ello no podía.

Pasó al lado oscuro poniendo en marcha fuerzas que no debían traspasar el umbral de los no vivos. Atrajo con sus rituales y encantamientos esas fuerzas malignas que hizo se internaran en el alma de su hija.

Kalhyma quedó a merced de esas fuerzas malignas. Su alma se oscureció. Sus ojos quedaron opacos e incapaces de mirar. Se fue marchitando poco a poco. Su madre no pudo evitar la caída. El abismo se había abierto a sus pies transformándola en una sombra que no se presentaba a la luz.

La Comuna empezó a intuir que algo malo sucedía alrededor de su morada. Nunca se acercaban y aunque el camino fuera más largo lo tomaban eludiendo toda proximidad.

Se sentían gemidos que helaban la sangre y corría el rumor de que se había abierto la puerta a las profundidades.

LAS ALMAS PRIVADAS DE AMOR LANGUIDECEN

Cuando un alma es privada del amor ésta queda en la penumbra y poco a poco se marchita, muere. Languidece, pierde su luz.

Aquella llama que aviva las almas pierde fuerza y apenas deja rastro de lo que fue.

Hay muchas formas de muerte.

Ella pasó al lado oscuro al carecer del fuego que la iluminaba cuando le amaba.

La madre no había creído nunca que algo así pasara pues desconocía en si misma el fuego que del amor se deriva.

Cuando supo las consecuencias ya era tarde, no pudo poner remedio y murió de pena. Ella amaba sin saberlo a esa hija que por su falta se perdía.

Para su desdicha vio como día a día se oscurecía y transformaba. Como se convertía en la morada de las sombras y la noche. De que en el dolor y la pena que se daba a su alrededor se agigantaba. Fue tal el dolor que experimentaba por las consecuencias de su intervención que quiso destruirla. Fue en vano ya que no era dueña de su vida. Cuando intentó anular a la hija, un amanecer luminoso su arma se volvió en contra suya y sin poderlo evitar ella misma se quito la vida. Kalhyma bebió la sangre de Murnhay y por ello se convirtió en la furia. Salió como una sombra imprecisa que nadie alcanzó a ver.

Cuando se acercaron a la cabaña de las dos mujeres fue tan terrible y espantoso lo que allí encontraron que todos cogieron antorchas y las tiraron sobre el tejado para que se quemara. Se produjo un estruendo terrorífico quebrando la tierra y arrastrando con ella todo lo que en otro tiempo fue la morada de las dos mujeres.

Pasaron lunas hasta que las gentes de la Comuna osaron acercarse por las inmediaciones y por supuesto nunca solos ni cuando llegaba la noche. Se convirtió en un territorio lúgubre. Aunque se hicieron rituales para neutralizar las malas sombras que decían lo cubrían.

Con el tiempo consiguieron paz y serenidad. Paso al mundo de lo que quizás ocurrió alguna vez. Lo innombrable. Ese plazo transcurrido fue de siete ciclos de la tierra. Mudaron los árboles y nacieron las mieses durante ese tiempo, pero quemaron esas cosechas y sólo osaron alimentarse de productos silvestres que encontraban en las inmediaciones.

En aquella madrugada, en que la calamidad se adueñó de la Comuna nació una niña a la que llamarían Kary. Los ancianos y ancianas consideraron que era ella la nueva guía de la Comuna. Fue asignada como quien será capaz de cerrar el círculo del mal que con aquellos acontecimientos había quedado abierto. Su madre lloró la desgracia que pensó se cernía sobre su amada hija. Mientras la amamantaba brotó sangre de sus dilatados pechos. La niña fue alimentada con el néctar de las flores y el jugo de frutos silvestres. Su hermana Nora, que era una niña de ocho repeticiones de las nueve lunas, masticaba los alimentos hasta hacer con ellos una papilla casi líquida que depositaba en la boca de Kary.

La madre embargada por el dolor se secaba. Sus pechos caían como pellejos y sus carnes desaparecían. Era casi un esqueleto de ojos hundidos y gesto asustado. Tenía visiones, las mismas que sus dos hijas. La unión del cordón umbilical conservaba el nexo astral de las tres.

Supo cuando venían las fuerzas de la oscuridad, y antes de que pudieran caer bajo su influencia puso a Nora al cuidado de su hermana advirtiéndole que no volviera la vista atrás bajo ningún concepto. Que no había otra salida. Que era ella quien debía sacar a su hermana de las fauces de la furia que venía a cobrarse su víctima ya que la furia y Kary estaban unidas por los dos lados de la Labrys. Una era la fuerza destructiva y la otra la constructiva. Kary debía alcanzar el conocimiento fuera de la Comuna ya que era a ella a quien querían destruir.

Cuando la madre murió atravesada por la gélida mirada de la furia una serena sonrisa se dibujó en su cara. Sus hijas estaban fuera de peligro y ella confiaba.

Poco antes envió al muchacho, Whymk, bajo un embrujo para que las acompañara en su viaje.

Aquel paraje era realmente una selva montañosa. Las aguas que procedían de la gran cascada eran de total transparencia. Pequeñas truchas saltaban sobre ellas. Grandes piedras de colores rojizos, margas, hermoseaban el lecho del río.

Las dos hermanas plantaron sus raíces en aquel sitio.

La cueva, aunque pequeña, era muy acogedora.

Dentro de ella podían captar, en la penumbra, señales e inscripciones que Kary llegó a interpretar. Era el anuncio de sus peripecias. Vio en los dibujos esquemáticos los distintos momentos de su vida, incluso de antes. Curiosamente, no encontró nada que le permitiera anticiparse a lo por venir.

Aprendió a escuchar los signos de las hojas al caer. El bosque emitía susurros que la orientaban.

Supo por dónde girar y de dónde esquivar.

Las huellas del lecho del río eran como tablas de conocimiento para ella. Los pliegues que el agua marcaba le indicaban los pensamientos que en meandros abordaba.

Nora se fue recuperando poco a poco. Su piel morena se fue bronceando y los músculos de sus piernas y brazos fueron cobrando su volumen.

Whymk iba y venía trayendo en su pico pequeños objetos que Nora guardaba recogidos en un paño de seda azul.

Kary le había dicho que no desestimara nada de lo que él le fuera entregando que era posible que tuviera sentido en un futuro e incluso fuera de utilidad.

Las dos hermanas hablaban alrededor del fuego que durante el día y la noche mantenían encendido. Nora aprendía a explicitar esos miedos ancestrales que se colaban por debajo de su alma y Kary los iba absorbiendo como códigos de un ritual que estaba por desvelar. Nora se iba despojando de ellos y ganaba el beneficio de la cura de su alma y de su cuerpo. Kary los atesoraba en su alma y ganaba sabiduría. Nora era la depositaria de historias y leyendas pasadas. Era un acto que se daba en un momento de duermevela. Ella nunca recordaba que hubiera derramado esas palabras sobre su hermana. Contenía la memoria de la Comuna. Era la depositaria. Sólo quedaban ellas dos y Whymk para hacer de la tierra un espacio en que las tinieblas no se adueñaran. Sabían que debían despertar a la hechicera internándose en la gran cascada, que tenían que invocarla. Digo sabían, pero era Kary que lo sabía ya que Nora lo decía sin conocer el sentido de sus mensajes y no los recordaría jamás.

Sobre el suelo de la cueva hicieron un lecho con ramitas y hojas secas. Lo cubrieron con parte de las cosas que llevaban encima.

Tanto Kary como Nora llevaban varias túnicas. Solían envolver su cuerpo con pañuelos y tejidos, anudándolos entre sí. Al pernoctar en la cueva se despojaron de parte de ellos y los depositaron sobre ese lecho mullido.

Se alimentaban de flores y frutos. No osaban comer siquiera huevos. Estaban en armonía con la naturaleza que les rodeaba.

A los pocos días hubo animales que reconocieron en ellas seres que no les iban a dañar.

-Kary, mira ese cervatillo que está a la puerta de nuestra cueva.

-Nora, quédate quieta para que no se asuste.

-Si permanecemos quietas perderá sus reservas y se acercará más.

Alargó la mano Nora hasta el hocico del cervatillo. Sintió el aleteo de su respiración pausada y algo especial que sólo ella sentiría. Era la unión entre dos naturalezas en armonía. Ese animal se quedó a su lado para siempre. Reconoció en ella su guía.

Kary miró a su hermana con complacencia y asintió pensando.

-Es su compañía.

-Tenía que estar aquí para que se produjera el encuentro.

-Sus ojos se han iluminado.

-Algo especial ha sucedido entre ellos.

-Algo que seguro es como lo que Whymk y yo sentimos.

-Nora, tendrás que ponerle un nombre.

-Me temo que es tu compañía.

Nora quedó pensativa. No se le ocurría nada.

De pronto el cervatillo dio un brinco sobre sus patas traseras dejando a la vista en su pecho una forma estrellada de cinco puntas. Era su pelaje que en esa zona cambiaba a tonos más oscuros y se arremolinaba cobrando esa forma.

-Estela, lo llamaré así.

Al formular las palabras el cervatillo se acercó a ella en actitud sumisa aplicando su lomo contra el cuerpo acuclillado de la muchacha.

-Ha reconocido su nombre.

Dijo Kary.

-¡Estela!

El cervatillo miró a Kary, pero no le hizo caso. Siguió pegado al cuerpo de Nora.

-Ja, ja, ja,…

-Bonito caso me hace.

Dijo Kary, riendo abiertamente.

-Nora tendrás que enseñarle a ser amigable.

Las dos hermanas rieron.

Hacía tiempo que sus risas no habían salido a la luz y ese momento fue la válvula de escape de tantas emociones contenidas.

Rieron tanto que incluso les caían lágrimas.

Estela iba a ser uno más en el grupo. Dos mujeres jóvenes, un ave y un cervatillo.

Con su amigo Nora empezó a estar más activa. Salía de las proximidades de la cueva y se internaba en el bosque sin estar pendiente de la proximidad de su hermana.

Ganó en confianza y sus gestos empezaron a ser más decididos.

Empezaba a estar a punto para emprender la marcha hacía la gran cascada.

La furia en la noche susurraba oscuras palabras en el alma de Whymk.

Del otro lado del río era capaz de hacer llegar, en sueños, pensamientos de dudas a la mente del muchacho que bajo encantamiento tenía el aspecto de ser alado.

-Eres un mero objeto en sus manos.

-Kary presta atención a Estela y olvida todo lo que hiciste por ella.

-Te pusiste en las manos de su madre para que con la transformación pudieras seguirla allá dónde fuera.

-Te deja de lado.

-Ya no le importas.

-Sólo busca las gracias de ese animal de pezuñas sucias de barro.

Whymk se debatía en sueños y su alma se oscurecía.

Veía a través del filtro que la furia había sembrado en su alma.

Las risas de las hermanas le zaherían. Un profundo dolor hería y sangraba su alma.

Enojado marchó de la rama que ante la entrada de la cueva era su refugio. Se internó en la espesura y desorientado perdió el camino de vuelta.

-¿Has visto a Whymk, Nora?

-¡No!

-Debe andar por ahí.

Kary inquieta lo llamaba.

Esa mañana habían empezado a recoger sus pertenencias anudando sus pañuelos y cubriendo sus cuerpos con las túnicas que cada una llevaría.

Nuevos objetos de utilidad aumentaban su carga.

Marcharían camino de la gran cascada siguiendo el cauce del río por sus meandros de aguas cantarinas.

-Kary, ya sabes que vendrá.

-Podemos marchar que Whymk aparecerá en cualquier momento a posarse sobre tu hombro.

Kary sintió una punzada en el corazón.

-Algo anda mal.

-Siento que algo le pasa.

Así era, Whymk en su ofuscación había pasado a la otra orilla y la furia había aprovechado la ocasión para atar una de sus patas con un cordón que sacó de su cintura.

Ese cordón no era visible a sus ojos, pero le sujetaba tirando de él como si realmente lo fuera.

Podía moverse en libertad a cierta distancia, pero si intentaba hacerlo en dirección a la cueva éste tiraba de él de manera que parecía reducir su longitud tirando de Whymk de forma brusca.

Al principio Whymk no pensaba en otra cosa que en el abandono sufrido por parte de Kary, pero poco a poco recobró sentimientos dulces hacía la muchacha. A partir de ese momento empezó a enviar señales que Kary recibía telepáticamente.

Ella supo que esas señales eran de Whymk y que venían de la otra orilla del río. Pudo ver a la furia a través de los ojos de éste y espantarse de todo lo que le rodeaba. Sabía que si cruzaba se expondría ante la furia, pero no tenía otra salida. No podía permitir que Whymk quedara bajo su dominio. Quería volver a tenerlo a su lado.

Nora la previno.

Kary siguiendo sus impulsos quiso cruzar de inmediato en busca de Whymk. Fue Nora quien adivinó la trampa que la furia había tramado contra su hermana.

-¡Espera!

-¿No dices que consigues visualizar a la furia a través de los ojos de Whymk?

-Aprovecha para conocerla.

Si observas detenidamente aprenderás y sabrás de ella lo suficiente para poderle hacer frente.

Kary no atendía a razones, estaba ofuscada, dispuesta a todo por intervenir y sacar a Whymk de las garras de la furia.

¿Qué la haría cambiar de parecer?

Fue el mismo Whymk que perdiendo su miedo supo comunicar a Kary su fuerza.

Whymk era un muchacho de la Comuna asignado como guardián de Kary.

Cuando un muchacho era asignado a una elegida, pasaba a ser alguien muy especial. Él era muy especial.

Cuando Whymk nació era la noche en que el ciclo de la Tierra pasaba a la fecundidad. Nacía con la primavera y lo hacía al despertar el alba. Las mujeres que atendieron ese parto contaron durante largo tiempo que esa criatura era muy hermosa. Su piel era tan blanca que casi dejaba traslucir el paso de la sangre por sus venas. Sus facciones eran perfectas. Había equilibrio en todas sus formas. Era un niño hermoso. Sus ojos claros eran como aguas cristalinas, unas veces con tonalidades azules como las nubes y otras de un verde que recordaban las profundas aguas de los lagos. Todos dijeron que sería asignado a una gran misión. El día de los hechos, en que naciera Kary, él supo de inmediato cual era su misión. Supo que tenía un objetivo en su vida. Aunque no sabía la dimensión de misión no dudó en ningún momento y se entregó a su destino.

No fue necesario que la madre de Kary lo llamara para la transformación. Supo que sería convertido en algo de distinta naturaleza a la suya y lo aceptó.

Ahora recordaba las dudas que había tenido aquella noche que marchara de la rama próxima a Kary. Nunca se perdonaría por ello. Aprendió a ganarse la confianza de la furia que lo menospreció y vigiló cada uno de sus movimientos con disimulo, para que a través de sus ojos llegaran con toda nitidez a conocimiento de Kary. Así ésta pudo encontrar aquellos aspectos útiles para poder hacerle frente.

La Comuna había bajado a lo largo de la vereda del río yendo a parar en el valle.

En su origen los constituyentes de la Comuna habían vivido en cuevas.

En el primer clan no se diferenciaba a los descendientes. Todos eran miembros de la Comuna. Los niveles se iban manifestando desde el nacimiento. Ser procreados por unos u otros no tenía significado. Todas las criaturas eran amamantadas y cuidadas sin pertenecer a nadie en concreto. Las hembras amamantaban a criaturas que reclamaban su pecho, aunque el sentido del olfato estaba muy desarrollado y solían amamantar siempre una misma criatura ésta no era necesariamente la que naciera de su vientre. De hecho había hembras más capacitadas que otras para alimentarlas. Esas eran las que asumían esa función en el clan. Igualmente las había que no aportaban su acción a la procreación o varones que estaban siempre cooperando en los cuidados de las criaturas. Cohabitan en todos los sentidos. Ya se ha apuntado que su funcionalidad se iba desarrollando a lo largo de su vida sin criterios previos.

El sentimiento de pertenencia no era otro que el de ser del clan.

Quienes por alguna razón participaban de cualidades extraordinarias para una u otra tarea no eran tenidas por miembros de mayor relevancia.

En los rituales participaban todos los miembros de la Comuna. Se ordenaban en círculo al lado de la gran cascada. Si se trataba de criaturas eran cogidas en brazos por parte de cualquier miembro del clan para que formaran parte del círculo que debía ser formado por todos y cada uno de sus miembros. Lo mismo si se trataba de ancianos o animales. Todo ser vivo era considerado parte vital del alma del grupo. No podía desmembrarse de la unidad.

Se ha de tener en cuenta que no diferenciaban animales de humanos. Eran distintas manifestaciones del Ser que constituían todos ellos. De ancianos que no tuvieran capacidad para masticar se les daba, igual que a las criaturas, el alimento masticado por quienes asumían funciones de cuidado en el clan. Nadie era excluido.

Situarse en círculo no era un acto desordenado, de hecho era una espiral formada de dentro a fuera. Cuando la espiral se había acabado de formar todos los miembros de la Comuna eran un solo espíritu y podían compartir un solo pensamiento. Ese pensamiento era el que conducía sus decisiones.

Así, una vez ocurrió que ese pensamiento compartido les llevó a bajar al valle.

Os preguntareis que es lo que hizo que la Comuna pasara a tener un miembro que fuera tenido como depositario del don, una elegida.

Bajar al valle supuso una gran transformación. Se dispersó y estructuró la Comuna. De un solo clan paso a ser la suma de clanes especializados y diferenciados.

La elegida paso a ser la depositaria de ese pensamiento compartido. Ella recibía de todos los miembros de la Comuna las pautas que conducirían al grupo.

La primera que asimiló ese papel en la Comuna marchó a la gran cascada cuando consideró que su vida terrena había llegado a su fin.

Se decía que había pasado a formar parte de ella.

Nora soñaba dentro de un sueño.

La madre de Nora había soñado cuando ésta fue gestada y engendrada, y de esos sueños ella había adquirido la memoria del clan.

Era en la caverna junto a Kary dónde esos recuerdos oníricos afloraban.

-Kary, debemos esperar más Lunas.

-No es el momento de partir.

Las dos mujeres volvieron a habilitar la cueva recogiendo nuevas ramas y hojas de las proximidades para que les sirvieran de lecho. Extendiendo sobre ellas sus túnicas y pañuelos.

Estela revoloteaba a su alrededor e iba de un lado a otro mirando con curiosidad cada uno de sus movimientos. Ahora iba, ahora venía, dando saltitos o persiguiendo alguna que otra mariposa que se entretuviera libando el néctar de las flores.

-¡Ven, Estela!

-Deja a las mariposas en paz.

Así apelaba le apelaba Kary.

Estela la miraba con curiosidad, pero volvía su mirada hacía las mariposas que iban de flor en flor.

Debían ser sus vivos colores que en su aleteo le atraían o sus ingenuas fantasías de joven cervatillo.

-Nora, dile a Estela que deje tranquilas a las mariposas.

-No las deja en paz.

-No te inquietes, Kary.

-No ves que es como una criatura que descubre la vida.

A Kary no le hubiera importado la actitud de Estela a no ser por su pesar. La tristeza que anidaba en su corazón por la ausencia y situación de Whymk hacía que todo aquello que hubiera sido motivo de risas y alegría le molestara.

Al otro lado del río la furia descubrió algo que al principio desconocía, la presencia de formas y colores.

Habíamos apuntado que era ciega a la luz. ¿Qué fue que le dio acceso a la luz?

Sabemos que su madre había impedido el nacimiento de todo varón y que sólo la había procreado a ella, pero no que el varón que había sido su padre había tenido más progenie con otras mujeres.

El clan había liberado a éste del vínculo con la madre de ella y había sido asignado a otra mujer.

Whymk era el fruto de la unión del padre de ella con otra mujer.

Esa era la razón por la cual ellos estaban unidos. Eran hermanos por la genealogía del padre. Por sus venas corría la misma sangre y memoria de sus ancestros.

Ni ella ni él sabían que era así, porque en la Comuna cuando se deshacía un vínculo pasaba al silencio de todos. Ni ella sabía quien había sido el padre ni nadie se lo hubiera dicho nunca, porque era tabú.

Lo que a sus ojos y oídos había sido negado ahora afloraba en medio de esa oscura espesura de la orilla que ocupaba con espectros y seres siniestros venidos de las oscuras profundidades.

Ella descubrió unos sentimientos que cosquilleaban en su alma. Un recuerdo doloroso le atravesaba. Empezó a recordar bajo velos confusos sentimientos de un pasado olvidado.

Se vio a si misma esperando y recibiendo la mirada de aquel muchacho a quien tanto amó.

Cuando esto sucedía aflojaba el cordón que ataba a Whymk y éste reconocía que algo se transformaba en ella, vislumbrando nuevas esperanzas.

Él, a pesar de la situación, encontraba que en su corazón no había sentimientos oscuros contra ella, todo lo contrario, lo que sentía le descolocaba ya que no acababa de entender a qué se debía. Se veía mirándola con ternura, viéndola con el aspecto que ella tuvo en otro tiempo. Era como una visión difusa.

Recordaba a aquella muchacha que la madre controlaba y entrenaba en artes y conocimientos que ahora cobraban significado ya que en ese momento él desconocía el poder.

Nora, en sueños, tenía revelaciones sobre esos hechos. Conocimiento que desgranaba de forma desordenada.

Kary recibía las piezas y las iba tejiendo como si de ellas un todo se tratara. Componerlas en un orden preciso no fue acto de unos días, fueron muchas Lunas y muchos ciclos de la Tierra.

Esa estancia que en un principio fuera transitoria fue tal que las que en un principio fueran dos muchachas ahora eran dos mujeres maduras.

En todo este tiempo Whymk fue dando señales inequívocas de quienes eran él y la furia. Señales que Kary fue interpretando como si fueran los hilos con que ensartaba cada una de las preciadas piezas que su hermana le proporcionaba.

Hablo de un telar pues esa fue la obra que en esos años fue construyendo Kary. No era un telar material, era una construcción en su mente. La mente Universal de la que ella era depositaria.

Hubo un tiempo en que las criaturas del bosque no se alejaban de la presencia humana.

En aquel tiempo era fácil ver llegar a cualquier criatura del bosque al círculo humano y permanecer en él recostada al lado de ellos.

Estela parecía venir de aquellos tiempos. De hecho venía de aquellos tiempos.

Las fuerzas matéricas de la gran cascada habían puesto el alma de la hechicera en este cervatillo para que protegiera a las dos hermanas.

La hechicera había proyectado su alma desde la gran cascada en la que estaba arraigada para poder intervenir a través de él siguiendo los acontecimientos desde la distancia.

No es que Estela fuera ella. Era ella que se proyectaba sobre ese cervatillo elegido desde otro tiempo.

Estela se había internado en el bosque perdiendo el rastro de sus congéneres. En su deambular se había dejado atraer por el murmullo del agua del río acercándose a la cueva de las dos muchachas. Todo esto había sucedido desde la temporalidad de la espiral del tiempo. Venía de ese otro tiempo. Era el medio por el cual la hechicera accedía a la nueva elegida depositando en ese cervatillo la energía que no podía hacer llegar si no era por ese medio. Era necesario un ser vivo de sangre caliente lo más próximo en la escala animal a la naturaleza humana. Un ser que no estuviera contaminado por la sangre de la supervivencia y que fuera recibido como lo más natural ganándose su confianza como así fue.

Kary que iba aprendiendo reconoció los signos de ese fenómeno poco a poco dando importancia a cada gesto y movimiento del animal.

Ella y su hermana habían llegado a ese estado de serenidad y calma que tras la tragedia se adueña de quienes han de seguir. Ella cultivaba un estado de quietud y escucha propio de quienes como ella tienen en sus manos el don.

En las noches, Kary, observaba las estrellas siguiendo su posición en el cielo. Desde ese estado de escucha y observación fue capaz de detectar en ellas los más mínimos movimientos. Llegó a leer en su mente señales ancestrales que le repetían esos pasos estelares. Reconoció que Estela era la primera estrella de ese firmamento sígnico. Que era componente de esos símbolos que debía descifrar. Percibió telepáticamente la mente de la hechicera que a través de Estela se manifestaba. Esos signos y señales ayudarían a que ella estructurara su mirada interna que navegaba en aguas profundas y oscuras, dando luz a lo informe y desordenado de sus pensamientos necesitados de guía espiritual.

Esa guía siempre era un camino incierto que debía encontrarse dentro de si misma.

Nora en sus sueños recogía, con nitidez, aquellos mensajes que serían de vital importancia para los conocimientos necesarios en un futuro no inmediato. Atesoraba sin saber ese conocimiento ancestral que una no elegida debía llevar a la elegida por medios que no estaban a su alcance. Tal como ella había recibido del útero de la madre todo aquello que ella debía traspasar a la elegida ahora era llevada a través de los sueños a lo que vendría. El futuro escribía en su mente retazos que aflorarían en otro momento al servicio de la elegida. Estela jugaba un papel de enlace con la materia terrena, la montaña, para que todo esto sucediera teniendo a Nora como receptáculo de todo ello.

Nora dormía enroscada alrededor del cuerpo acurrucado del cervatillo. En ese primer sueño Kary recibía mensajes que se proyectaban como imágenes difusas.

La primera vez que esto ocurrió la cogió desprevenida, fue al día siguiente que supo encontrar significado a aquellas imágenes que vio proyectadas sobre el reflejo de la Luna en las aguas del río. Vio en ellos algo similar a lo que encontraran en la cueva, pero le presentaban elementos nuevos que la desconcertaban. Ella desconocía como los componentes de la Comuna habían hecho sus rituales en círculo y al no saber no veía lo que se presentaba ante sus ojos. Algo muy interno le decía que esas imágenes eran miembros del grupo unidos por un nexo especial. Conforme aclaraba significados y se representaba lo que viera reflejado esa imagen se hacía más nítida y significativa. Supo esa parte y otras desconocidas del antes, pero el después también se manifestaba mezclado en el mismo mensaje haciéndolo confuso. Supo que en ese ritual todos los componentes del clan, un único clan, unían sus mentes en un solo pensamiento y que de ese se dejaban guiar, que la hechicera era la depositaria en otro tiempo en que se dejó la gran cascada y se bajó al valle dando lugar a diferentes clanes. En esas noches Kary llegó a ese conocimiento que no le era dado.

Para alcanzar esos significados le fue necesaria la mediación de Estela que era depositario de un lenguaje que ella debía interpretar. Ese lenguaje era rítmico. Reprodujo eso ritmos sobre el suelo con piedras, palos y semillas hasta que llegó a encontrar en él regularidades y alcanzó a descifrar su significado.

Al cabo de un tiempo dominó ese lenguaje que era el de las lenguas cultas que usaban quienes como ella debían ser guías. La hechicera y ella lo tenían para comunicarse por mediación de Estela.

Aquella mañana hacía frío. A la puerta de la cueva se había amontonado la nieve que durante la noche había caído.

Los días eran cortos, apenas si podían hacer pequeñas incursiones por los senderos.

A la vuelta de una de esas escapadas, Estela y Nora casi se perdieron. Estela había tomado la iniciativa corriendo por delante de Nora.

-Espera.

-¿A dónde te diriges?

Ella tuvo que apurar el paso para poder alcanzar al cervatillo que le llevó a un lugar para ella desconocido. Era la entrada de un paso que se internaba y bajaba por debajo de unas rocas que habían estado tapadas bajo enredaderas en las otras estaciones, pero que con la caída de la hoja dejaban entrever un pasadizo antes desconocido.

Volvió tirando de Estela porque sabía que el sol se ponía y si no regresaban ya se perderían.

En la noche alrededor de la fogata Nora estaba más silenciosa de lo habitual.

-Nora, te noto rara.

-¿Tienes algo que decirme?

Nora estaba pensativa y dudaba si eso tenía importancia para comunicárselo a su hermana.

Al insistir Kary le explicó lo sucedido.

-Me temo que no podemos obviar nada.

Le dijo Kary.

-Si Estela te ha conducido allí tendremos que investigar ese pasadizo.

-Mañana podemos ir con él hasta el lugar y seguir sus movimientos.

Esa noche el cielo presentaba esa quietud que precede a las nevadas.

-Kary, me temo que esta noche nevará.

Ella salió de la cueva y miró las estrellas.

-Es posible.

No volvieron a nombrar el tema de lo que Nora y Estela habían encontrado aquella tarde.

Siguieron sus rutinas habituales y durmieron plácidamente durante la noche.

Cuando en la mañana se encontraron los alrededores cubiertos de nieve ocuparon su tiempo en abrir unas sendas para entrar y salir de la cueva y para poder acceder a los lugares que tenían próximos.

El río tenía una fina capa de hielo que cubría su superficie.

Los árboles presentaban un aspecto fantástico. Los cúmulos de nieve sobre sus ramas hacían de ellos hermosos ramos florales.

Estela jugueteaba metiendo su hocico en la nieve y dando saltos en el aire fantaseando de un lado para otro con sus cabriolas.

Nada de lo que en la noche anterior se había previsto pudo llevarse a cabo. Con los senderos cubiertos de nieve era imposible alejarse de la cueva sin correr el riesgo de perderse.

Al otro lado del río la furia había sufrido sobre si misma el impacto de la blancura que reflejaba sobre ella produciéndole quemazón. Buscó ocultarse a esos reflejos que todo lo cubrían y fue Whymk que abriendo sus alas la protegió del impacto mortífero que la nieve tenía sobre ella.

Si le hubieran preguntado a Whymk qué impulso le había llevado a esa acción, en ese momento no hubiera sabido dar una respuesta plausible, ni él mismo sabía por qué razón la angustia de la furia le hería el corazón. Así era, había llegado a contactar internamente con los sentimientos de ella y de esa manera se estaba obrando una transformación de los dos hermanos. Él pensaba en ella desde la imagen que le venía del pasado y en ella la veía peinando sus cabellos mientras un muchacho del clan pasaba ante ella. Recordaba el fluido que emanaba de los ojos del muchacho y el reflejo que en ella reconocía ahora.

No sabía el hilo que les unía, pero la sentía de forma especial. Tanto sentía que temía estar bajo un encantamiento que desde las sombras ella estuviera urdiendo.

Sus dudas se disipaban cuando veía más allá y reconocía un germen de bondad en lo más profundo de su ser.

Las fuerzas espectrales que solían rodear a la furia no pudiendo resistir el reflejo luminoso de la nieve se sumergieron en las profundidades de la Tierra.

Quedaban la furia y Whymk.

Aquella blancura que todo lo cubría transformaba el paisaje confundiendo distancias. Todo parecía acercarse.

Estela acurrucada dentro de la cueva observaba los copos que caían ente la entrada.

Kary y Nora charlaban. Su conversación en un principio fue anecdótica, pero hubo un momento que imperceptiblemente alcanzó su punto álgido.

La tensión que se mascaba en el aire inquietó al cervatillo, Estela empezó a moverse de un lado a otro de la cueva como animal enjaulado.

-Madre te avisó del peligro.

Espetó, de pronto, Kary.

-Ella sabía y sacrificó su vida para nada.

-¿Por qué no vino con nosotras?

Nora no sabía.

Nunca se había preguntado por qué mirar hacía ese punto del pasado era tan doloroso. Se sentía incapaz de hacer frente a esos recuerdos y eso la acongojó. Tembló sólo de intentar recordar. La madre había dado instrucciones que ella acató sin pensar.

Tendría sus razones y ella no era quien para cuestionárselas. Había hecho aquello que su madre le dijo, pero ahora sentía la quemazón del remordimiento ante las preguntas de su hermana.

Se nubló su mente y su inquietud alertó a Estela que hasta ese momento dormitaba acunada por el ronroneo de la conversación intranscendente que sostenían las dos hermanas.

Nora, mohína, se volvió a su hermana.

-¿Qué podía hacer yo?

-¿Acaso tuve elección?

-Madre sabía y mi obligación era hacer lo que ella me decía.

Nora se defendía, no de Kary, de si misma. Sus remordimientos no habían salido a la luz hasta ese momento. La falta de actividad gestaba esa situación en que no habiendo ningún objetivo las acciones se ponen en cuestión.

-¡Nora!

-Perdona.

-Lo siento.

-No quise reprocharte nada.

-No era mi intención hacer que te sintieras confundida.

-Sólo quise saber más.

-Veo que te hace daño recordar.

-Es posible que tenga que recordar.

Dijo Nora.

-Alguna vez tenía que enfrentarme a la situación.

-No puedo seguir eludiéndola.

-Duele, pero será mejor que revise lo que pasó.

Nora explicó con todo detalle a Kary cómo la madre la había alertado y hecho marchar protegiéndola bajo su túnica. Cómo la madre había usado un lenguaje para ella ininteligible encarándose a Whymk que quedó transformado en un ave de negro plumaje y de tamaño considerable, advirtiéndole que debían dirigirse a la gran cascada para tener el encuentro con la hechicera. En ese momento nada de lo que la madre le dijera tenía significado, simplemente siguió sus órdenes.

Pensando en Whymk, Kary sintió una punzada de dolor. Pasó por su mente una sensación extraña, que hasta ese momento desconocía. Se sentía confundida. Veía a Whymk con sus alas abiertas ante la furia y sentía lo que él proyectaba emocionalmente sobre aquella. Le dolía en el alma saber que Whymk y la furia tenían una unión similar a la que ella sentía por él. Quiso evadirse de ese sentimiento, pero no pudo contener los impulsos que afloraron. Volcó sobre su hermana toda la rabia que le quemaba, hablándole con ese tono imperativo que tanto confundió a Nora.

Kary miró dentro de si misma y captó la oleada que se desataba y que sus sentimientos cegaban su espíritu. Se vio atacando a su hermana por ser quien estaba ante ella y supo que esa energía la destruiría, que tenía que contenerla para no producir mayores consecuencias de las ya provocadas a su hermana que era una simple mortal incapaz de parar sus golpes.

Apretó sus puños clavándose las uñas hasta sangrar y se enroscó sobre el centro del dolor en proyección astral. Su cuerpo adoptó la postura fetal y balanceándose recuperó un ritmo pausado que serenó los ánimos dentro de la cueva.

De ese ritual no se percató Nora porque quedó atrapada en un tiempo distinto al de su hermana. La hechicera obró a través de Estela enviando energías que ayudaron a Kary para que llevara a cabo el ritual de contención.

Cuando regresó de esa lucha interna se vio hablando con Nora y pidiéndole disculpas apaciguándola.

Whymk y Kalhyma a lo largo de esos fríos días tuvieron la oportunidad de identificarse como seres afines a pesar de las circunstancias en que se movían.

Aquel acto espontáneo en que Whymk había saltado abriendo sus alas para protegerla fue el primer paso.

Whymk se retiró en el momento que se dio cuenta de lo que había hecho. Recapacitó y ese acto de reflexión le hizo retroceder.

-¡Aparta!

-¿Qué crees que estás haciendo?

Kalhyma había respondido con un respingo retirándose hacía atrás con tal suerte que encontró un rincón seco y despejado bajo la sombra de tupidas ramas dónde guarecerse.

En ese acto tiró del cordón invisible con que tenía sujeta la pata de Whymk provocando su caída.

El encuentro entre los dos hermanos tendría sus avances y retrocesos. Esas visiones compartidas que presentaban el pasado de Kalhyma obrarían la transformación.

Cada vez que se produjera el acercamiento de los dos ella iría recuperando su antigua apariencia.

Un buen día vería reflejada su imagen sobre las cristalinas aguas, pero ese día todavía estaba lejano. Adelantamos acontecimientos que no se dieron de la noche a la mañana.

Murnhya, la madre de Kalhyma, afloraba en unos recuerdos dolorosos que contradictorios también presentaban añoranza y extrañamiento. No en vano su madre antepuso su persona por encima de todas las cosas y aunque erróneamente provocó su desgracia para ella Kalhyma la había sido todo.

Volvieron a ella dulces recuerdos de la niñez en que Murnhya la acunaba en su pecho.

Eran imágenes externas a ella en que veía una mujer hermosa de tierno semblante canturreando y meciendo a una criatura.

Algo le hablaba de si misma. Esa criatura acunada en esos brazos oía por sus propios oídos la cantinela que la apaciguaba y olía ese aroma floral que Murnhya desprendía ablandando y dulcificando su alma.

Cuando esto sucedía Kalhyma se conmovía abriendo emociones que parecían perdidas.

Whymk fue testigo de esa transformación y poco a poco ello le hizo ganar confianza.

Kary, a través de la mente de Whymk iba reconstruyendo esa historia pasada, llegando a captar la presencia que Kalhyma reconstruía.

Ocurrió algo que no cabía esperar, hubo un momento en que no fue necesario Whymk como mediador.

Un día la furia entro por esa vía en la mente de Kary y a no ser por la intervención de la hechicera a través de Estela ese día hubiera sido fatal para Kary. Ésta fue sorprendida por la oscuridad y arrastrada sin poder evitarlo ya que no tenía la fuerza suficiente para contrarrestar la de la furia. Fue la hechicera que entró y se interpuso entre las dos alejando con eficacia la oscura energía que todo lo ensombrecía.

De esto quedó Kary debilitada y algo en su interior se ensombrecía. Había visto cosas que le atraían al tiempo que rechazaba. Estaba tocada por un deseo que desconocía y tiraba con fuerza de sus entrañas.

Kary pasó al lado oscuro en un momento en que todavía le faltaba mucho que aprender y con ello perdió la inocencia que la caracterizaba. Era el primer paso al conocimiento. Su viaje había comenzado.

Estela seguía siendo el cervatillo que asomó un día por la entrada de la cueva.

-¿No te parece extraño?

Dijo Nora señalando a Estela.

-¿Extraño, qué?

Contestó Kary.

-¿No crees que Estela debería haber cambiado?

-Sigue teniendo el mismo aspecto de hace Lunas y eso no es normal.

-Los cervatillos maduran con más rapidez que los humanos.

Kary miró a Nora y a Estela y quedó pensativa.

No se había fijado en ese detalle. Estaba obcecada con el asunto de Whymk y la furia sin percatarse de lo que se presentaba ante sus ojos.

Advirtió que Estela tenía el mismo aspecto del primer día y decidió profundizar en ello.

Kalhyma y Whymk cada vez se acercaban más. La furia tenía menos presencia y él reconocía su verdadero destino a su lado. Poco a poco se estaba estableciendo un vínculo que iba más allá del que conociera con Kary y eso le inquietaba.

El bosque estaba ejerciendo una influencia irreversible sobre todos ellos.

La hechicera que se proyectaba a través de Estela iba siguiendo los acontecimientos y su energía se iba configurando haciéndola salir de su letargo.

Empezaron los deshielos y el río aumento su cauce de forma espectacular. La Naturaleza extendía su manto prodigioso de formas y colores manifestándose en todo su esplendor.

Los animales salían de sus cubículos despertando de un largo letargo y poniendo en marcha el ciclo de la vida.

Los sonidos del bosque se combinaban creando armonías que ponían en marcha en gran canto a la vida, la sinfonía que aquello que confluye con un único fin.

Estela volvió a corretear sorprendido ante ese abanico de sonidos, colores y formas. Se manifestaba como si fuera la primera vez que estuviera ante tal espectáculo. De hecho era así. Estela, como la Naturaleza misma renovaba su ciclo. Era un ser que de ella venía sin tiempo que lo generara. No nacido sino espectado por el gran poder para ser medio de aquella que todo lo podía, la hechicera que formaba parte de la misma tierra en sus rocas y sus fuentes.

Kary sufría de pesadillas que se concitaban al amanecer. La luz del nuevo día parecía traer sobre ella la mayor de las zozobras. Se ocultaba a ella internándose en lo más profundo de la cueva con sus pócimas y ensayos de encantamientos. Si un hilillo de luz se reflejaba entrando en contacto con ella, se retiraba como si una lanza la fuera a atravesar.

-¡Kary, ven!

La llamaba su hermana con voz cantarina.

-¡Kary, mira!

Ella se excusaba con un inaudible quejido.

Nora, por mucho que insistía no conseguía sacar a su hermana de su mutismo.

Cuando el sol en su ocaso se ocultaba tras las montañas y la Tierra se poblaba de sombras, Kary salía directamente hacía la orilla del río.

-¡Ven!

Sentía voces que la requerían.

Su piel perdía color a ojos vista. Pálida y con la mirada apagada deambulaba buscando el origen de esas voces que la requerían.

Eran voces que venían de las profundidades haciendo eco en su alma herida.

Kalhyma seguía el mismo rumbo y las dos se encontraban. En un principio sin reconocerse. En un espacio no visible para quienes les rodeaban. Era un encuentro astral que se gestaba entre las dos elegidas.

El doble filo tenía que constituir la unidad para que los acontecimientos pudieran tener lugar.

El equilibrio vendría de la unión y equilibrio de ambas potencias en manos de las dos.

Estela seguía los movimientos de Kary como si fuera su sombra. La hechicera estaba al acecho para poder intervenir caso de que fuera necesario ya que Kary no estaba preparada para hacer frente a las fuerzas espectrales que podía atraer la furia en su contra. Mientras se encontraran Kary y Kalhyma no había cuidado, pero la furia podía anteponerse y arrastrarlas al abismo del que sin su intervención serían incapaces de salir.

Esta situación afectó sobremanera a Nora. Era un estar y no estar que arrastró a ésta a la tristeza. Nora, apesadumbrada contemplaba esa pérdida de consciencia de su hermana y la frustración se apoderaba de ella. No poder conseguir atraer su atención en el día y verla deambular por la noche le hizo sentir la criatura más sola que se movía en la Tierra.

Esa pesadumbre que embargaba a quienes habitaban en ese bosque y el renacer de la Naturaleza hacía más doloroso ese trance por el que Nora estaba pasando.

Nora se sentía la más solitaria de las criaturas de ese bosque, entre seres que ni siquiera la miraban.

Empezó a manifestar inquietud en la noche, despertando apenas se quedaba dormida.

Cuando la claridad del día iluminaba la entrada de la cueva salía de ella anquilosada sintiéndose muy cansada.

Aunque Estela siempre dormía acurrucada a su lado y la seguía durante el día Nora parecía no darse cuenta de su compañía e incluso si se cruzaba en sus movimientos le molestaba.

-¡Aparta!

-No ves que me estás molestando con tu ir y venir.

-Estela, quédate allí bien quieto.

Le decía señalándole la entrada de la cueva.

Estela iba al rincón que le indicaba, pero no tardaba en volver a acercársele.

De nuevo se producía el choque.

-¡No te dije que estuvieras allí bien quieto!

La paciencia de Nora se agotaba de inmediato y a no ser por la rapidez de reflejos del cervatillo algún que otro golpe le hubiera dado.

Nora al darse cuenta de que casi había pegado a Estela lloraba y su llanto parecía no tener fin.

-¡Aparta!

Estela al verla llorar acercaba su hocico empujándola con cariño. Eso hacía estallar a Nora sacando con rabia ese sentimiento que no la dejaba parar.

Kary si en algún momento pasaba ante ella y la oía gritar apenas se inmutaba.

Las flores dieron paso a los frutos y de nuevo llegaron las nieves.

Al acortar el día, con menos horas de sol, algo mejoro en el ambiente de la cueva.

No es que Kary se acercara a Nora y la escuchara o hablara, pero salía antes de su refugio y su sola presencia le favorecía.

Volvió, Nora, a ocuparse de aspectos que en esos días había descuidado.

Era ella quien movía o cambiaba el lecho que se cubría con túnicas y pañuelos, quien sacaba y volvía a colocar en su lugar esos objetos que se habían convertido en útiles o utensilios. Peinaba y trenzaba enroscando los largos cabellos de Kary con ese aire parsimonioso que de la madre aprendiera.

Había descuidado sus tareas y nadie se lo recordaba, pero poco a poco volvió a ellas y cuando llegaron las nieves tenía la cueva con suficientes reservas para soportar dos inviernos. Había secado al sol el pescado para que se conservara, recogido miel, hecho un prensado de frutas que aguantaba mucho tiempo sus cualidades alimenticias. Guardado aquellos frutos que aunque arrugados se podrían poner en remojo para comerlos en el momento oportuno. Ella era quien se hacía cargo de estos menesteres y lo hacía con destreza.

Un buen día, Kary, la había mirado a los ojos y eso desató en ella todos los nudos que la oprimían estallando en llanto incontenible. Kary reaccionó abrazándola y acariciando sus cabellos, susurrándole palabras dulces que poco a poco apaciguaron a Nora.

A partir de ese momento mejoraron las cosas en la cueva. Hubo tiempo suficiente para preparar sus reservas para el invierno.

Nora recordó como en la anterior nevada había hecho un descubrimiento con Estela y descartó volver sobre aquellos pasos. Lo tendría en cuenta en otro momento, ahora tenía que ponerse a la labor.

En todo ese tiempo, Kary se había fortalecido a nivel espiritual y la unión con Kalhyma iba por buen camino gracias a la mediación de la hechicera que iba teniendo más influencia sobre ellas.

La hechicera había sellado el camino de la oscuridad, pero ellas tendrían que librar una gran batalla frente a las fuerzas que todavía deambulaban por el plano astral.

Kary pasó por pruebas que muchas veces la llevaron al borde del abismo.

Cuando en la noche salía de la cueva y deambulaba por el bosque oculta a la claridad de la luna seguía la estela oscura que del contacto con la furia había atravesado su alma.

La hechicera salía astralmente siguiendo cada uno de sus movimientos para poder intervenir en caso de ser necesario.

Kary tuvo un entrenamiento preciso mientras seguía los oscuros caminos.

Su naturaleza se duplicaba quedando su identidad astral al lado de la hechicera al tiempo que su lado oscuro se dejaba llevar.

-¡Kary!

Se oían voces en los rincones más profundos del bosque.

-¡Kary!

La furia, desde el otro lado concitaba sus más oscuras tretas.

Kalhyma se iba adelantando y ganando terreno sobre la furia y eso hacía que todas las actuaciones de ésta acabaran en mero intento.

El poder de la hechicera establecía un nexo áureo, cargado de energía, entre Kary y Kalhyma.

Whymk, en su asombro, veía cómo se desplegaba un haz luminoso que atravesaba en arco las dos orillas del río.

Nora, en sus noches sin sueño, salía fuera de la cueva y aquello que a ojos de Whymk era un arco multicolor a los suyos era una neblina que le helaba la sangre. Eran las energías negativas que la furia proyectaba sobre ella para anularla ya que era más importante de lo que ella misma pudiera imaginar. Mientras estuviera de parte de Kary sería el arraigo a la vida visible. Nora absorbía esa mala energía sin saberlo y ello le producía ese estado de tristeza y soledad en que se sumió a lo largo de muchas lunas.

Estela era guardián a su cuidado, mientras dormitaba enroscado cerca de ella le tendía un manto protector para que ésta, a pesar de padecer la influencia oscura no sufriera todas las consecuencias.

Si Nora no hubiera tenido a Estela le habría sido imposible hacer frente a lo que sobre ella se proyectaba. Su naturaleza mortal habría hecho el viaje sin retorno, la muerte del alma. La tristeza en que estuvo sumida fue consecuencia de esas experiencias que al amanecer nunca recordaba.

Whymk llegó a tener la visión. Era testigo de todos los acontecimientos. A través de aquel haz luminoso vio, con los ojos de la mente, las distintas escenas que tenían lugar en la noche. Su naturaleza animal le permitió ver sin sufrir emoción alguna. Su destino no era el de la implicación sino el de quien guardaría para la memoria colectiva esa parte de la historia que sólo él recordaría.

Aprender a controlar el poder y saber sobre el don les llevó muchas lunas a Kary y a Kalhyma.

Cuando los colores de la Naturaleza se tornaban ocres y amarillos y algunos árboles perdían sus hojas Kary había ganado en sabiduría y estaba preparada para abrir sus ojos al mundo sin cegar su mente.

Fue entonces cuando vio a su hermana y tuvo lugar su reencuentro. Podrían afrontar juntas las nuevas nieves y prepararse para una nueva travesía.

La hechicera regresaría a la cascada dejando a su suerte a todos ellos. Debía dar paso al enfrentamiento con las fuerzas que acechaban desde la más profunda oscuridad para fortalecer a las dos elegidas.

Llevaban tiempo en aquel paraje y nunca habían sufrido con las crecidas del río. Aquel día fue distinto.

Esa noche las nubes presagiaban tormenta. Nora advirtió a Kary, pero ésta no le escuchó.

-Kary, ayúdame a recoger las cosas de la entrada de la cueva que me temo vamos a tener tormenta esta noche.

Kary siguió metida en su mundo y ni siquiera le contestó.

Nora, al ver el poco caso que le hacía su hermana decidió ponerse ella sola a recogerlo.

-Bueno, ya me las arreglaré yo sola.

Pensó.

-Bien se nos valdrá de que tenemos preparadas las cañas para colocar en ellas los alimentos que vamos recogiendo para el invierno.

Estela le pisaba los talones mientras ella iba recogiendo todo lo que estaba por el suelo de la cueva.

Algo le decía que esa tormenta no era como las otras.

Su cueva, aunque pequeña, era sobrada para quienes en ella permanecían.

De pared a pared, en el fondo de la cueva colocaban unas cañas que entrecruzadas y enlazadas les servían para poner sobre ellas aquellos alimentos secados al sol y colgados para que se airearan y secaran.

Todavía quedaba espacio sobre ellas sin ocupar y en él apiló aquellas cosas que recogía.

Tras quedarse dormidas un fuerte relámpago iluminó la cueva.

-¡Nora, despierta!

Sacudía Kary a su hermana para sacarla de su profundo sueño. Había advertido unos ruidos que no reconocía, eran distintos, más profundos. Aún viniendo de lejos supo que el agua se precipitaba asolándolo todo a su paso.

Tiró de Nora que no acababa de despertarse.

-¡Venga, vamos!

Con los ojos medio abiertos Nora miraba a su hermana sin reaccionar.

-¡Venga, no hay tiempo que perder!

-¡Vamos!

-Estamos en peligro.

Nora miró a su alrededor y empezó a recoger cosas dentro de los pañuelos.

-¡Déjalo, no hay tiempo!

-Kary, espera.

-¡No!

Tirando de ella, Kary salió de la cueva.

-Pero…

Se dirigieron hacía el interior del bosque, alejándose del cauce del río.

Tomaron un camino que para Kary era preciso. No sabía por qué razón, pero ese era el camino.

Llegaron a una entrada, la que en otro tiempo descubriera Estela.

-Yo no me meto allí.

Dijo Nora asustada.

-No sabemos que podemos encontrar.

-No tenemos otra alternativa.

Contestó Kary.

-No oyes como brama el agua del río.

-Si nos quedamos a la intemperie no tendremos escapatoria.

-Intuyo que ese es nuestro destino.

Estela se puso en cabeza y ellas le siguieron a ciegas, dada la oscuridad del pasillo interior. Se movían siguiendo sus movimientos afinando bien el oído.

Aquella entrada que en un primer momento bajaba les llevó a un espacio amplio rodeado de altas galerías.

Una claridad difusa les permitió ver dónde se encontraban.

-Kary, ¡qué razón tenías!

-Esta era la salida.

Las dos miraron a su alrededor, pero Estela se puso en movimiento de nuevo y las condujo a un paso oscuro que apenas les permitía diferenciarse.

Siguieron, oyendo unos ruidos de gorgoteos que les crearon expectación.

¿Qué sería lo que producía esos ruidos?

-Es extraño.

-Sí lo es.

Contestó Kary.

-No recuerdo algo así.

-Hace calor aquí dentro.

Dijo Nora.

-Y esos ruidos.

Siguieron caminando porque Estela seguía y no la querían perder de vista.

Al fin, el cervatillo paró enroscándose sobre el suelo. Ellas, que ya estaban cansadas y un poco asustadas, agradecieron esa pausa en el camino.

Aquella noche el río arrastró todo lo que encontró a su paso, pero a pesar de haber entrado agua en la cueva, al quedarse unos troncos que arrastró el agua tapando la entrada ésta no irrumpió con toda su furia.

Kalhyma y Whymk estaban lejos de las inmediaciones del río.

En su lado el bosque se encontraba al pie de una montaña y hacía tiempo que se habían instalado entre los salientes de las rocas.

Al guarecerse de la lluvia vieron el espectáculo que a sus pies se presentaba.

Se habían internado en una gruta. Asombradas miraban las formaciones de estalactitas y estalagmitas.

-Mira Kary, parecen niños jugando.

-Sí, es curioso.

A uno y otro lado parecían figuras esculpidas con material rocoso.

Estela no manifestó asombro alguno frente a lo que se presentaba ante sus ojos.

Vieron una figura que se desplazaba velozmente.

-¿Has visto, Kary?

-Algo se mueve por allá.

Dijo Nora señalando detrás de un grupo calcáreo de gran tamaño.

-No, no veo nada.

-Sí, mira.

Contestó señalando con insistencia.

-Es cierto, algo se mueve.

-Parece una figura de largos velos.

Estela se puso en movimiento en la dirección que había Nora.

-Kary, ven, Estela va tras ella.

Las dos hermanas salieron siguiendo al cervatillo que se desplazaba con rapidez y seguridad entre las galerías de la gruta.

-Nora, para un momento, me parece oír algo.

Un eco lejano se aproximaba. El sonido era musical, como si de las notas de un órgano se tratara.

Llegaron a un espacio abierto iluminado por una luz azulada. Al fondo se veían chorros de agua que caían en cascada desde un punto que ellas no alcanzaron a ver.

Las distintas galerías que iban a parar a ese espacio traían notas de la escala musical que al combinarse en el punto en que ellas se encontraban sonaban en una armonía especial, Eran traídas por los distintos respiraderos que allí confluían.

-¿Dónde está Estela?

-No sé, Nora.

-Esperaremos un rato para ver si regresa.

Encantadas con aquel espectáculo permanecieron largo tiempo en ese lugar.

-Deberíamos ir en su busca.

Dijo Nora.

-Quizás, pero, ¿por dónde ha tirado?

-Creo que por allí.

Contestó Nora señalando en dirección al fondo en que caía el agua.

-¡Vamos!

Kary, con decisión animó a su hermana a tomar esa dirección.

Cuando llegaron vieron que tras la cortina de agua podían internarse atravesando una brecha que les permitía pasar de una en una.

Entraron por detrás del agua y aquella sensación les hizo sentir paz y alegría.

-¡Qué bien se está aquí!

-Es cierto, Nora.

Traspasaron la brecha que a través de un pasadizo les llevó a un espacio más amplio.

Vieron a Estela a los pies de una mujer blanca de largos cabellos plateados que le caían sobre la espalda como si de una capa se tratara. Su cuerpo estaba cubierto por infinidad de velos transparentes que se combinaban entre ellos en matices cromáticos imprecisos sin dejar traslucir su cuerpo dando una transparencia etérea a una figura extraordinaria.

-Os estaba esperando.

-Soy Gurdhya la primera hechicera de la Comuna.

-¿Me andabais buscando?

-No soy en cuerpo físico.

-Me estáis viendo porque aquí dentro de la gran cascada me materializo virtualmente ante vuestros ojos.

-Estela os tenía que traer a mi lado para evitar que la riada os arrastrara a las oscuras profundidades.

-Ahora ya es el momento del retorno.

-Volveremos a vernos en el final de vuestro largo viaje.

Dichas estas palabras desapareció. Kary y Nora no habían sido capaces de articular palabra.

-¿Has visto y oído lo que yo?

Preguntó Nora a su hermana que parecía estar ausente. Kary no le respondió. Estaba ensimismada con la vista clavada en ese lugar del que había desaparecido la presencia etérea de la hechicera.

-¡Kary!

Nora pasó una mano por delante de sus ojos y la zarandeó para llamar su atención y logró sacarla de ese trance.

-Sí.

Respondió Kary al tiempo que volvió en sí.

Cogió la mano de Nora diciendo: -¡Vamos, no hay tiempo que perder!

En el retorno fue Kary quien encabezó la marcha del grupo.

Salieron a la superficie y vieron lo que la riada había dejado a su paso.

Al llegar a la puerta de la cueva la encontraron totalmente tapada por troncos, ramas y barro.

-¡Manos a la obra!

Dijo Kary.

Las dos hermanas sacaron aquello que tapaba la puerta y encontraron en el interior de un suelo embarrado, pero lo que se había dejado encima de las cañas sólo estaba mojado.

Consiguieron recuperar la mayor parte de sus enseres, salvo los alimentos que al mojarse con el agua lodosa no eran comestibles. Sacaron estos y los esparcieron por las inmediaciones para que pudieran servir de alimento a los animales del bosque y llevaron a lavar al río todo lo que era recuperable.

Las aguas del río bajaban claras y cristalinas desmintiendo la tormenta que había acontecido.

Las dos hermanas en armonía hicieron lo que fue necesario y así consiguieron restablecer el orden en el interior de la cueva.

El desastre de la riada había transformado el paisaje. Piedras y areniscas habían sido arrastradas quedando amontonadas en las inmediaciones de la cueva mezcladas con troncos y ramas.

Nora y Kary recogieron aquellas piedras que por su forma y tamaño podían serles útiles.

Moviendo troncos y ramas encontraron una piedra aplanada de gran tamaño que de inmediato les pareció que podían ponerla sobre el fuego cuando éste queda en ascuas.

-Kary, mira lo que hay debajo.

-Parece una piedra plana y no demasiado gruesa.

-Si me ayudas podemos llevarla al interior de la cueva para aprovechar mejor el calor de la hoguera.

Dijo Nora a su hermana con emoción. Sus ojos brillaban y eso fue como si una estrella se hubiera posado en sus almas.

En la parte central de la cueva subía el humo hasta el techo y desaparecía saliendo por conductos de aire de manera que nunca se produjo humareda quedando siempre bien oxigenada la cueva.

Cuando el tiempo lo permitía, ellas preparaban su hoguera fuera de la cueva, delante de la entrada. Nora era capaz de sacar chispas tanto de piedras como de palos. Estaba dotada para salir adelante en ese medio y era capaz de cuidar de su hermana.

Como la piedra tenía una forma redondeada les fue fácil arrastrarla haciéndola rodar, pero fue necesario la intervención de las dos.

Estela andaba jugueteando como una criatura. Aquello era novedoso para el cervatillo.

Prepararon, previamente, unas piedras de tamaño similar para que fueran soporte de la que llegaría a ser una buena plancha para transformar alimentos convirtiéndolos en suculentos bocados.

-Es una maravilla.

Dijo Kary felicitando a su hermana.

-Has tenido una idea brillante hermanita.

El ambiente era alegre y distendido. Trabajar juntas las unía más si cabe.

Con las ramas que seleccionaron pudieron preparar un soporte más estable que el de las cañas.

Aunque cuando marcharon precipitadamente de la cueva apenas habían podido coger nada, sus ropas no habían sido destrozadas y una vez lavados pañuelos y túnicas tenían el aspecto de siempre. La calidad de esos tejidos era excepcional.

Nora, que era la mayor, había aprendido de su madre muchas habilidades que ahora daban su fruto.

-Madre hacía…

Manifestaba Nora, explicando a Kary paso a paso como se hacían aquellas cosas que ella iba desarrollando.

Manipulaba y conservaba toda suerte de alimentos. Secaba el pescado, lo ahumaba. Preparaba unas tortas de miel y frutos encontrados en las inmediaciones.

Ella sabía de flores y hierbas. Los seleccionaba cuidadosamente en ramilletes que después colgaba boca abajo.

Volvió a hacer acopio de todas las cosas que el bosque ofrecía.

Con esa piedra pudo tostar semillas que molidas guardaba en recipientes aprovechados de las formas que ocasionalmente encontraba.

Nora era capaz de ver más allá y escoger todo aquello que ella creía era de utilidad.

Podían ser trozos de tronco que una vez pulidos y encerados le servían de tarro. En el bosque había maderas de gran dureza y poca porosidad que incluso podían contener líquidos.

También era capaz de pulir piedras a base de restregar unas de más dureza sobre otras de menos. También tenían algunas herramientas entre las cosas que habían podido traer con ellas.

Nora entretenía su tiempo entregada a una cosa u otra. Siempre llevaba entre manos algún objeto al que daba forma. Cuando aquello le parecía especial se lo ofrecía a su hermana.

-Kary, ¿te gusta?

-Sí

-Es para ti.

Kary recibía esos objetos con sumo cariño.

-Eres genial, hermana.

Realmente era genial, Nora sacaba de la materia el alma. Estaba dotada de un sentido artístico especial.

Kalhyma y Whymk que habían estado en la montaña viendo el espectáculo de la riada bajaron de nuevo a las proximidades del río.

Kalhyma vio como las dos hermanas organizaban de nuevo sus cosas y captó con cierta inquietud la armonía entre ellas.

-¡Míralas!

Sus risas le molestaban. Algo la carcomía.

Whymk notó un tirón del lazo que ataba su pata.

-Me temo que la furia anda cerca.

Pensó.

Poco a poco se vio envuelto en una bruma negra.

Kalhyma se transformaba. Nada lo evitaría.

Bastaba un sentimiento oscuro para que la furia se creciera. Kalhyma desaparecía.

Miró Whymk con añoranza al otro lado del río. Recordaba la dulce compañía de Kary y una lágrima sangrienta se abrió paso en su alma.

-Mi dulce Kary.

Se lamentaba.

-Si pudiera volar a tu hombro y sentir tu mano sobre mi plumaje.

Alicaído, Whymk quedó quieto sin oponer resistencia. Se nubló su mente y todo lo que ante sus ojos se manifestaba perdió brillo y color.

-¡A mí, fuerzas de la noche!

Clamaba la furia al caer la tarde.

Esa noche la luna era mera señal en el cielo, no se veía y las nubes tapaban las estrellas.

La furia abrió las puertas a los espectros que con ella volvieron a expandirse por entre las sombras.

Whymk aterrorizado temblaba intentando ocultarse de ellas. Sintió la amenaza que sobre las dos hermanas volvía a gestarse. Miró las aguas profundas que oscuras se deslizaban sobre un lecho de cantos y grandes piedras.

-No intentaran cruzar el río.

-No podrán, el agua les espanta.

-Pero…

-Y si ven lo que yo veo. Saltando de piedra a piedra no hace falta tocar el agua.

Ante este pensamiento se espantó.

Kary escuchó los miedos de Whymk y salió de la cueva buscando en el río aquellas piedras que podrían facilitar el trasiego de las fuerzas del mal.

Nunca antes había promovido sobre la Naturaleza lo que en esa noche puso en marcha.

Se colocó ante ese supuesto acceso y empezó un ritual rítmico que venía de lo más profundo de su ser.

Whymk, desde la otra orilla, siguió el ritual de Kary quedando maravillado.

Ella estaba levitando envuelta por un aura de amplio espectro y su cabello se expandía en todas direcciones irradiando una luz similar a la de la luna llena en noches de cálido verano.

Aunque el ritual que ella hacía no sonaba porque se estaba dando desde la esfera de lo astral producía sobre el ambiente que les rodeaba un silencio absoluto, tal que ni siquiera se oía el murmullo del agua del río.

Whymk oía interiormente el rito siendo incapaz de seguirlo.

Se estaba produciendo un cántico ascendente que al llegar a la nota más alta produjo un estallido similar al del rayo disolviendo la oscuridad.

Asombrado vio como la luna y las estrellas esclarecían la noche.

La furia captó lo que pasaba y tuvo que alejar su mente porque la luz que concitaba Kary la habría disuelto en la nada. Supo apartarse del peligro mirando al fondo más oscuro de su alma y allí encontró lo inesperado, se encontró frente a frente con Kalhyma.

-Te estaba esperando.

Formuló Kalhyma.

La furia dio un respingo.

-¿Quién eres tú?

Le pregunto al cabo de un rato mirándola fijamente a los ojos sin verla.

-Soy tú misma.

-La muchacha que has olvidado.

Dijo Kalhyma sentada sobre un tronco de los que habían caído con la tormenta.

La furia olfateó el ambiente, pero no diferenció olores distintas a las que anteriormente se daban en ese rincón del bosque. Ella hubiera reconocido la presencia de cualquier ser vivo por el olfato.

-¡Mientes!

Le dijo.

-No sé cómo lo has hecho, pero tu vienes de la otra orilla.

Dicho esto se acercó a Kalhyma, pero noto que la aproximación era más rápida de la esperada desconcertándose. Se alejó y aproximo varias veces hasta percatarse de que realmente se estaba dando un fenómeno que le recordaba algo visual ya olvidado.

-¡Estás jugando conmigo pequeña!

Increpó levantando el puño en dirección a la otra orilla.

-No me enredarás.

Oyó de nuevo a la otra que le decía con suavidad:

-Soy tú misma.

-Tienes que escuchar.

La furia tomó la decisión súbita de aproximarse y rápidamente se fundió con Kalhyma.

-¡No vas a salir nunca más!

Se dijo para sus adentros.

Lo que se oyó en el bosque fue similar a un aullido que helaba la sangre.

A la mañana siguiente Kary buscó a Nora para ver la manera de evitar el paso del río del que Whymk le había avisado.

-Nora, ven conmigo.

-Tenemos que buscar la manera de mover unas piedras que hay en el lecho del río.

-¡Vamos!

Respondió Nora con decisión.

Estela se unió a ellas y marcharon al lugar en que Kary había estado durante la noche anterior.

No tardaron mucho en llegar.

-Es imposible mover piedras tan grandes.

-No vale la pena intentarlo.

-Ni ayudándonos con un buen tronco podremos.

Opinó Nora al verlas. Eran enormes.

Por el camino, Kary le había explicado como alertada por Whymk en el sueño había localizado ese paso. Lo que no le explicó fue que ella había hecho su primera intervención sobre la Naturaleza. Le dijo que habían tenido suerte al despejarse el cielo y que la claridad sobre las aguas había sido absoluta, como si del día se tratara. Le recordó que las fuerzas de la oscuridad nunca pasarían por un lugar iluminado.

Nora había sugerido a su hermana hacer guardia con una hoguera si no se podía solucionar el problema.

-Me temo que tendremos que pasar las noches pendientes de la claridad del cielo y el reflejo de la luna en el río.

-Voy a hacer una hoguera al atardecer.

Dijo Nora a su hermana.

-Esta noche me quedaré yo.

Le dijo Kary.

-No, me quedaré yo.

Contestó Nora.

-Mira, si te quedas durante la noche estarás cansada de día y tú eres imprescindible porque nos mantienes y cuidas.

-No nos puedes fallar hermanita.

-¿Qué sería de Estela y yo si tú no te ocuparas de todo?

-Ya sabes que yo soy una inútil.

Nora se conformó, pero le hubiera gustado colaborar.

Kary pensaba en otra cosa.

Esa noche intentaría actuar sobre las rocas.

No sabía cómo lo haría, pero lo intentaría.

-Buscaré en la memoria de la hechicera.

-Intentaré conectar con ella.

Pensó Kary.

-Si ella ha venido a mí ahora seré yo quien la busque.

Durante el día Kary no tuvo otra idea en mente que la de encontrar el camino astral que la transportara a la gran cascada para poder acceder a la mente de la hechicera.

Sabía que esa era la manera de solucionar el problema.

Kary se quedó al lado de la hoguera durante la noche.

Entró espontáneamente en un ritual que la transportó al interior de la gruta.

Allí estaba Gurdhya.

-Te estaba esperando.

Al entrar en contacto con ella, Kary se fundió en Gurdhya, era Gurdhya, recibiendo el conocimiento ancestral.

Su mente era la mente de la hechicera.

Se encontró ante la hoguera viendo su cuerpo en recogimiento.

Un hilo luminoso unía sus dos naturalezas, la astral y la física.

Se situó sobre el río y extendió las palmas de sus manos sobre las rocas que ante su gesto se aplanaron hundiéndose en el lecho del río.

Cuando fue Nora a buscar a su hermana la encontró dormida enroscada sobre sí misma y la hoguera apagada. Temió lo peor, pero al mirar hacía la corriente del río quedó asombrada. Las aguas circulaban pausadas y no se veía piedra alguna. Se acercó y no consiguió ver el fondo. Estaba ante aguas profundas. Era increíble, pero sus ojos no le engañaban. Ella creía lo que veía aunque no entendiera las razones de lo que se le ponía por delante. Pensó que la Naturaleza no era transparente a su conocimiento y que algo propio de ella habría sucedido en la noche.

Cogió a Kary en sus brazos y se la llevó a la cueva. Aunque Nora era más baja que su hermana, tenía una constitución robusta y era capaz de eso y más.

Cuando Kary despertó en la cueva recordó un sueño. Había estado en la gruta y había sido la hechicera. Ella lo recordaba como cualquier otro sueño que hubiera tenido, no como un hecho.

Fue Nora la que le explicó la transformación sufrida por el río.

-Lo siento Nora. Me quedé dormida.

-No te preocupes.

Le dijo su hermana.

-No sé que ha pasado, pero el río está cubierto de agua.

-No se ve el fondo del río.

-Es un misterio, pero los ríos tienen vida propia y nuestro río se ha debido desplazar con el peso de las piedras.

Kary se dio cuenta de que su sueño tenía relación con lo que su hermana le estaba explicando. Se dibujó una sonrisa en su cara.

-¿Me he perdido algo?

Dijo Nora.

-Se te ve contenta.

-Sí, estoy contenta.

-Ya no tenemos la amenaza de las sombras.

Nora pensó que esa expresión de Kary era excesiva, pero no objetó nada.

-Lo conseguí.

Pensó Kary.

-Puedo ir hacía ella.

Los hechos de esa noche no pasaron desapercibidos a los habitantes del bosque. Sólo dentro de la cueva habían pasado inadvertidos. Estela había arrastrado a Nora dentro de un profundo sueño.

Las criaturas nocturnas aquietaron su actividad, expectantes.

Salieron de sus cubículos las criaturas diurnas y el resplandor que se produjo ahuyentó de nuevo a los oscuros seres espectrales volviendo a hundirse en lo más profundo.

Whymk actuó protegiendo a la furia. Esta vez ella reaccionó dejando que le cubriera su diminuto cuerpo con sus alas.

-¡Esa…!

Musitó la furia sin poder terminar, Whymk actuó con rapidez cogiéndola con sus garras y transportándola a la montaña refugiándose con ella en el mismo sitio que ocupara con Kalhyma el día de la tormenta.

La furia había escuchado mentalmente los pensamientos de Kary a través de Whymk, pero no tuvo tiempo de reaccionar, todo había sucedido con rapidez.

-Gracias hermano.

Dijo Kalhyma.

Al llegar al refugio la furia desapareció dando paso a la presencia de Kalhyma.

-Si no hubiera sido por ti la furia me habría arrastrado a las oscuras profundidades y me temo que ya nunca más hubiera podido volver.

Whymk la escuchaba sin perder de vista los acontecimientos que se estaban dando en el río.

-Recuerdo muchas cosas.

-Empiezo…

Kalhyma no pudo terminar. Una fuerza astral la arrastró. Se vio sobre el río.

Gurdhya la había transportado hacía allí.

Se vio ejerciendo un ritual con sus manos.

Igual que había sucedido con Kary, ella se transformó. No era ella sino la hechicera.

Se habían fundido Kary y Kalhyma en una, en Gurdhya.

Ni Kary ni Kalhyma tuvieron tiempo ni capacidad para saber que habían compartido ese fenómeno.

En el retorno, Kalhyma quedó dormida bajo las alas protectoras de Whymk.

Él era testigo, una vez más, de lo acontecido.

En un tiempo otro, Whymk contaría los hechos y los niños y niñas se emocionarían con ellos.

Los adultos dirían de él que es un buen cuentista, narrador de historias fantásticas.

Whymk de vez en cuando emprendería el vuelo a la gran cascada para recorrer en los pliegues de la roca la silueta de su amada hermana y amada esposa.

Las gentes volvieron la espalda a esos conocimientos y sólo quedó Whymk para explicarlos a lo largo de los tiempos.

Como Estela, Whymk quedó al margen del tiempo.

Anna, 12 de agosto de 2007 en Huesca

Posted by lletraferida in 10:07:37 | Permalink | Comments (1) »