Tuesday, August 28, 2007

En aquellos tiempos… Segunda parte.

La hechicera Gurdhya había estado dentro de la gran cascada tantas lunas que sería difícil recordar desde cuando. Aquella muchacha que en su tiempo había dirigido a los miembros de la Comuna hacía un único fin había visto como ésta se disgregaba en distintos clanes y sus miembros perdían la esencia propia del grupo.

Con tristeza constató que únicamente se le requería en contadas ocasiones y que estaba sola sin participar de la vida de los comunes.

Vivió en retiro hasta que un buen día sintió la llamada de la gran cascada. Marchó a esperar la llegada de una auténtica elegida.

-Kalhyma y Kary, las dos son una.

Pensaba Gurdhya.

-A lo largo del tiempo hubo muchas, pero siempre carecían de algo necesario para que yo pudiera interesarme en ellas.

-Ellas tienen a Whymk que es el nexo de unión.

-Por el se dará la fusión.

 

Aquel invierno las nieves aparecieron con los primeros fríos.

Kalhyma y Whymk habían hecho acopio de frutos y semillas que Whymk encontró en los árboles y arbustos de la montaña.

Aquel lazo que lo atara a la furia había desaparecido disolviéndose en el mismo instante que Kalhyma se había puesto por delante dejando a la furia reducida en lo más profundo de su ser. Sin embargo Whymk no intentó alejarse de ella. Aunque le hubiera gustado ir al hombro de Kary su corazón albergaba un profundo sentimiento haciéndole permanecer al lado de Kalhyma y sobre todo la hacía sentir útil el hecho de ver que gracias a él podría sobrevivir. Pensar en dejarla sola y abandonada le partía el corazón.

De momento se conformaba estableciendo contacto mental con su dulce Kary.

-Se ve hermosa la orilla del río cubierta por la blanca nieve.

Decía Kalhyma.

Whymk asentía sin atender demasiado a lo que ella decía. Su pensamiento volaba muy lejos, recordaba aquellos hechos a los que a través de la mente de Kary había podido acceder.

Admirado rememoraba como Kalhyma y Kary se habían fundido en una sola y como una extraordinaria figura femenina se había erguido flotando sobre el río haciendo que la Naturaleza rompiera su curso.

Le maravilló el reconocimiento de un lenguaje rítmico al que sólo accedían ellas.

Pudo ver a través de la mente de Kary el encuentro en la gruta con la hechicera.

Al tener este pensamiento con asombro reconoció a la hechicera como la figura resultado de la unión de las dos mujeres.

Esa experiencia superaba con creces a la de posarse sobre el hombro de Kary, pero a veces el deseo de esa proximidad física se imponía y angustiaba dejando su alma dolida.

-Te estoy hablando y tú ni caso.

-¿Dónde estás?

-¡Aquí!

Contestó Whymk saliendo de su ensimismamiento.

-Estoy aquí.

El resplandor de la nieve que todo lo cubría contrastaba con su figura, Kary se desplazaba a largos pasos. Nora perpleja vio desde las inmediaciones de la cueva como se alejaba.

-Tengo que buscar la entrada a la gruta.

Iba pensando Kary.

Decidida se internó entre las hayas del bosque reconociendo el camino a pesar de que el amplio manto blanco que lo cubría todo hubiera despistado a cualquier mortal, pero ella reconocía las señales de alejamiento y proximidad como si de un foco luminoso se tratara. Su mente se dirigía hacia ese centro sin dudar.

-Sé que cada vez me acerco más.

-Erróneamente creíamos que había que remontar el río hasta ella y a la gran cascada se accede desde la gruta.

-No tengo otros datos que los de la intuición, pero sé que ese es el camino.

Desde la montaña Whymk seguía los movimientos de Kary a través de sus ojos, pero desde una visión nueva.

Se veía a si mismo sobrevolando los árboles que discurrían a su paso. Las copas de las altas hayas dibujaban un paisaje para él inaudito. Un recuerdo remoto vino a su memoria. Había visto en algún tapiz de los que tejían las mujeres del clan imágenes que ahora rememoraban ese paisaje nevado por el que se conducía una esbelta figura femenina que a no ser porque sabía que era Kary le hubiera confundido.

-No puede ser otra que ella, pero no la reconozco.

-Es mujer, ha dejado atrás la muchacha que yo conocía.

Sus negros cabellos cubrían una espalda que se cubría por una túnica blanca.

-¡El color de la nieve!

-¡Qué hermosa está!

Sintió que algo interno se abría. La veía distinta.

-¡Es única!

-No recuerdo ninguna que se le pudiera asemejar.

-Quizás Kalhyma, pero es mi hermana.

Algo abrasaba en lo más interno de su ser. Hubiera querido tocarla, acariciarla.

Descubría que Kary era alguien que llenaría siempre todas sus expectativas.

Costaba reconocerlo, pero la amaba.

Ahora si que dudaba sobre el lugar que debía ocupar. Su corazón sintió el dolor de no poder saltar a su hombro y dejarse acariciar su oscuro plumaje.

-¡Mi dulce Kary!

Se lamento en un quejido que incluso advirtió Kalhyma que se encontraba a su lado.

Los animales que empezaban su letargo advirtieron ese quejido y la inquietud pasó de unos a otros compartiendo la zozobra que embargaba su alma.

Como suele ocurrir junto a un sentimiento sublime se interpone uno práctico y en este caso no fue menos. Whymk se preguntó sobre el manto blanco que caía sobre la espalda de Kary. En el clan no había nadie que llevara tejidos de ese color. Lo que más se aproximaba era el de la lana, pero no con ese brillo ya que la figura de ella parecía reflejar el brillo que de la nieve le llegaba.

Se percató de que ante sí tenía un material semejante al que cubría su cuerpo. Eran plumas.

Kary llevaba una túnica cubierta de plumas blancas.

Nora había recogido aquellas plumas y otros materiales cuando paseaba por el bosque y los había guardado con sumo cuidado. Guardaba todo aquello que le parecía poder serles útil aunque en ese momento no supiera para qué.

Cuando habían empezado los fríos se le había ocurrido componer sobre tejidos más viejos y gastados nuevos tejidos confeccionados con esos materiales que guardaba con esmero.

-Kary, hermana mía, te he preparado esta túnica.

-¿Te gusta?

Había dicho Nora a su hermana presentándole una blanca túnica de plumas de paloma.

-¡Es preciosa!

-Gracias, querida hermana.

Dijo Kary aplaudiendo con alegría su regalo.

-¿Y tú?

-No te has hecho ninguna.

-Sí, mira.

Contestó Nora enseñándole una túnica de colores de la tierra.

-Es muy bonita.

-¡Ponla!

Dijo Kary a su hermana.

-Quiero verte con ella puesta.

Juguetearon las dos hermanas poniéndose las túnicas.

Estela las observaba y acabó uniéndose a su juego dando saltos de una a otra y corriendo a su alrededor.

Recordando ese momento Kary dibujó una sonrisa en su rostro.

Whymk leyó sus pensamientos y la alegría regocijó su alma.

Era hermoso compartir con ella esos momentos sintiéndose regalado en ese instante.

Cayó la noche y Kary no había regresado. Nora inquieta iba de un lado a otro de la cueva y de vez en cuando salía para ver si veía llegar a su hermana.

-Nunca se ha ido sin decirme cuales eran sus intenciones.

-Marchaba tan decidida.

-Ahora me tiene en ascuas.

Pensaba nerviosa.

-Sabes qué, ya vendrá.

Dijo en voz alta dirigiéndose a Estela.

-A dormir que mañana amanecerá un nuevo día.

Aún así volvió a salir para mirar en la dirección que había tomado su hermana al marchar.

Aquella era una noche clara. La luna iluminaba y el cielo estaba plagado de estrellas. Con el reflejo de la nieve se hubiera divisaba a lo lejos la presencia de kary si ésta hubiera estado de vuelta.

Nora se resignó y se refugió en la cueva.

No conseguiría conciliar el sueño hasta el amanecer.

Estela dormía acurrucada a su lado mientras ella no paraba de pensar y darle vueltas.

-Hablaré con ella.

-No me gusta estar pendiente de si viene o va.

No quiso pensar en que algo malo le pudiera haber sucedido. No se dejó llevar por ese tipo de pensamientos, más bien estaba contrariada y el enfado le hacía estar agitada.

Cuando consiguió conciliar el sueño se vio dentro de la gruta. No era aquella a la que les había conducido Estela, era mucho más grande. Aunque no vio a Kary en su sueño notó su presencia.

Por la mañana, cuando despertó recordaba nítidamente ese sueño y además se sentía tranquila y descansada.

Paso el día confiada sin preocuparse por Kary.

Al caer la tarde volvió a esperar su regreso, pero como no daba señales de vida se retiró y esa noche durmió como era habitual en ella sumiéndose en un largo y profundo sueño.

Volviendo a tener el mismo sueño y sensaciones de la noche anterior.

Cuando despertó el haber soñado con la presencia de Kary la tranquilizó.

-Está bien.

-No hay cuidado.

Pensó después de la tercera noche.

-Madre me dijo que cuidara de ella, pero no puedo acceder más allá.

-Ella me supera.

Kalhyma seguía por mediación de Whymk el viaje de Kary. Curiosamente ella también entraba en el sueño de Nora, pero viendo a Kary.

La veía como si se tratara de su reflejo en la superficie del agua.

Podía reconocer un lago en el centro de la gruta alimentado por las aguas que descendían desde las paredes en cascada yendo a parar a canalizaciones que confluían en él.

Supo que aquello era la gran cascada.

Sintió que su corazón latía al ritmo de aquellas aguas acompasado con el de Kary y la hechicera. Un ritmo que para ella era claro y preciso. Era la llamada que tiraba de ella hacía la madre de las madres. Al núcleo mismo del Ser de la diosa.

Sentía la llamada y presta se puso en camino.

Whymk se prestó a llevarla por los aires hasta la misma entrada.

En esa ocasión tendría que internarse sola. A él no se le permitiría acceder hasta que recobrara su apariencia humana y para ello sería necesario el poder de las dos mujeres a quienes se sentía unido.

Aquella mañana apenas quedaban restos de las nieves que habían cubierto el paisaje aquel invierno.

Se veía a Estela yendo y viniendo de un lado a otro por los alrededores de la cueva.

Nora se había acostumbrado a la ausencia de su hermana.

Habían pasado dos inviernos y a no ser por el talante activo y la compañía de Estela le habría sido insoportable soportar la ausencia de Kary.

Había seguido con sus rutinas manteniendo vivo el fuego del hogar.

-Querida Kary…

Decía en cualquier momento del día dándole explicaciones sobre lo que hacía y lo que pretendía llevar a cabo como si realmente la pudiera escuchar y de hecho era así, Kary seguía los pasos de su hermana desde su otra realidad.

-Querida hermana, si te parece, podríamos preparar con unos troncos un cubierto al lado de la cueva para pasar las noches bajo las estrellas cuando venga el buen tiempo.

Le había sugerido una primavera sin llegar a ejecutarlo.

Ahora pensó que era el momento de ponerse a la tarea y así sorprendería a Kary cuando regresara. Sería uno de los muchos regalos que le gustaba ofrecerle.

Sentía la presencia de Kary en todo momento haciéndole mucho bien.

Sabía que aquello que la retenía la devolvería un buen día y ella estaría dispuesta a todo.

Whymk que en todo ese tiempo había permanecido en las inmediaciones de la entrada a la gruta a la espera de que Kalhyma y Kary salieran sobrevolaba por los parajes próximos a la orilla del río.

Nora sintió su presencia y fue en su busca.

Cuando Whymk vio a Nora acompañada por Estela descendió y en ese momento su naturaleza humana se manifestó, no de forma material, pudiendo establecer comunicación con ella.

-¡Nora!

Ella sorprendida vio ante si a un hermoso joven de largos cabellos rubios.

-¿Quién eres?

Le preguntó.

-Soy Whymk.

-¿Eres Whymk?

-¿De dónde sales?

Preguntó confundida.

-Vengo de un lugar en el que hace tiempo se internó Kary.

Respondió teniendo cuidado de no nombrar a Kalhyma para evitar suspicacias.

-¡Llévame!

Exigió Nora.

Whymk volvió a transformarse y alzó el vuelo.

Nora y Estela le siguieron hasta llegar a la entrada de la gruta.

-¿Cómo es posible que en todo este tiempo no se me hubiera ocurrido venir por aquí?

Se recriminó Nora.

De hecho, aunque ella hubiera querido tomar ese camino no lo hubiera recordado y si así hubiera sido no le hubiera sido permitido reconocer la entrada porque estaba velada a la mirada de cualquier mortal.

Una vez se encontraron ante la entrada de la gruta Estela se puso en cabeza y Nora con Whymk sobre su hombro izquierdo se internó tras el cervatillo.

Iba recordando ese recorrido. Confusa dudaba a cada paso que daban, ella era capaz de recordarlo e incluso representarlo sobre la tierra con un palo dando todo tipo de explicaciones con suma exactitud. En su memoria tenía registrados cada uno de los pasadizos y descubría con asombro que dónde anteriormente giraran a la izquierda ahora lo hacían hacía la derecha y dónde descendían ahora ascendían.

-Es bien extraño.

Pensó siguiendo a Estela confiada.

-Si Whymk se ha manifestado con aspecto humano debe ser porque la hechicera ha intervenido.

Iba pensando.

-Kary debe tener algo que ver en todo esto.

Al fin llegaron a un espacio amplísimo en que Estela se paró enroscándose para descansar.

-Un descanso.

Dijo Nora.

-Está bien, Estela.

Se sentó en el suelo y miró a su alrededor.

Recordó que la otra vez no había estado allí y sin embargo algo le hacía sentir que estaba en el mismo sitio.

-¿Es posible que algo de estas dimensiones pueda haber cambiado tanto?

Se preguntaba sin acabar de entender un fenómeno tan extraño.

-Oye Whymk, no te parece extraño?

-Este lugar es el mismo y sin embargo es distinto.

Whymk que mantenía comunicación telepática con Kary no podía entrar en la mente de Nora y aunque hubiera querido no le era posible comunicarse con ella.

Ni las palabras de Nora tenían significado para él, ni él podía aportar nada, pero sí que fueron recibidas por la mente de Kary que era quien los conducía a través de Estela.

¿Qué había sucedido en todo el tiempo transcurrido dentro de la gruta?

Kalhyma y Kary no se habían encontrado.

Cuando Kalhyma se había internado en la gruta había seguido por diferentes pasadizos hasta acceder al centro de la cascada, pero estaba al otro lado del reflejo de Kary.

Si Kary y Kalhyma se acercaban al mismo tiempo a la superficie del lago y sus dedos tocaban el agua se producía un contacto que generaba una energía de repulsión haciendo que las dos salieran despedidas hacía atrás.

La hechicera esperó hasta el momento en que vio la necesidad de la intervención de Whymk.

No se resolvería fácilmente la conjunción necesaria. Cada una de ellas, Kary y Kalhyma, estaban en planos distintos de la realidad.

Nora, Estela y Whymk habían ido para traerlas a la realidad temporal.

Nora, con el sentido práctico que le caracterizaba valoró la situación.

-¡Vámonos de aquí!

-Volveremos otro día.

Dijo dirigiéndose a Estela.

El cervatillo se enderezó y la siguió.

Whymk hubiera deseado hablar con ella y decirle que esperara un poco más, pero no le era posible esa comunicación.

-Deberíamos esperar un poco.

Pensó siguiéndola y posándose sobre el hombro que ella le indicaba.

No había duda de que Nora no hubiera atendido a razones.

-¡Síguela!

Sintió en su interior la voz que de Kary le llegaba.

-Ella es la puerta que abre.

Salieron de la gruta por rectos pasadizos que les llevaron de inmediato al exterior.

-De nuevo el trayecto es distinto.

Pensó Nora.

-Sin tantas vueltas y revueltas.

-Sin subidas y bajadas.

-Es todo un misterio.

-¿Será Kary capaz de todo esto?

-Si es así mi querida hermana seguramente habrá alcanzado a la hechicera.

En el bosque la vida se manifestaba a través de sus sonidos. El contraste era manifiesto. Habían salido de la gruta con recogimiento y el contraste les impactaba. Las aves se movían en grandes grupos retornando a sus moradas. Era el atardecer, el momento del día en que el ocaso del sol hace que las aves retornen.

La percepción de la vida era sorprendente. Los sonidos, los olores y los colores. Todo ello embriagó a Estela que empezó a dar saltos de un lado a otro y a juguetear alrededor de Nora.

Whymk alzó el vuelo y tomo rumbo a la montaña. Kary le había dado instrucciones precisas. Tenía que volver al lugar que había compartido con Kalhyma.

-Vuelve a la montaña y busca la llave.

Supo de inmediato qué debía buscar y sin dudar marchó.

-Vuelve a la montaña…

Un eco de voces se acompasaba con la de Kary.

-Busca.

-Allí está la llave que abrirá tu corazón.

-¿A dónde se va éste?

Dijo Nora en voz alta.

-¡Whymk, vuelve!

-¡Quédate con nosotros!

Apenas pudo divisarlo a lo lejos cuando formulaba estas palabras.

-Bueno, Estela, de nuevo tú y yo solos.

El cervatillo la miró y la siguió con alegría saltando y brincando. En él se renovaba el ciclo de la vida. La primavera era su renacer como en la Naturaleza.

-Tendremos que prepararnos para entrar de nuevo a la gruta.

Dijo Nora.

-Hay cosas que guardo de Kary y la próxima vez que entremos en la gruta pienso llevarlas conmigo.

-Algo me dice que ella las necesita.

Nora y Estela volvieron a sus rutinas y así pasaron lunas hasta que de nuevo las nieves cubrieron el paisaje.

En todo ese tiempo no se supo nada de Whymk y Nora empezó a preocuparse pensando que algo le retenía.

Fue en el deshielo cuando un buen día Whymk, con apariencia humana se presentó ante la entrada de la cueva.

En esa ocasión bastó verlo para que Nora se pusiera en camino. De inmediato y sin mediar palabras cogió un pañuelo anudado que tenía preparado para la ocasión y marcho con él.

Whymk llevaba en una mano un palo que a simple vista parecía insignificante, pero Nora captó de inmediato su significado y eso le inquietó.

Whymk había ido a la montaña en busca de un objeto que Kalhyma hubiera utilizado.

-Se trata de llevar algo personal para atraerla.

Pensó.

Su naturaleza humana se antepuso a la que hacía tiempo le dominaba.

Sentándose sobre la piedra que solía ocupar la furia cuando lo tenía enlazado empezó a ver escenas dolorosas de aquellos tiempos.

Ante él se presentaban imágenes de recuerdo. Era muy doloroso mirar, tanto que escapaba a esa experiencia pensando en Kary.

-¡Whymk!

Le decía ella.

-Sigue, no abandones.

-Estoy contigo, no temas.

Reconocía el eco lejano de su amada, pero el temor le paralizaba.

-No temas.

Repetían otras voces.

Le fue difícil acceder a esos recuerdos, pero consiguió superarlo tras intentos fallidos que le devolvían al fondo oscuro del dolor.

No conseguía mirar de frente a la furia.

Cuando rememoraba ese pasado sentía su proximidad y eso le paralizaba haciéndole olvidar sus propósitos.

-Necesito usar recuerdos positivos para neutralizar los más dolorosos.

Este pensamiento le vino inspirado por Kary que velaba por que pudiera salir adelante.

Se recordó entre la gente de su clan y eso mejoró su confianza.

Un buen día vio qué era lo que buscaba.

Había estado allí siempre y sin embargo no se había percatado de la presencia de aquel trozo de madera alargado.

Recordó que la furia se apoyaba en él y cuando Kalhyma se hacía presente jugueteaba pasándolo entre sus dedos y de mano en mano sin descuidarlo en ningún lado.

-Nunca lo hubiera abandonado.

-¿Por qué razón marcharía sin él?

Se preguntó sin acabar de entenderlo.

Supo de inmediato que debía llevarlo para atraerla cuando volviera a internarse en la gruta.

Tuvo visiones que le espantaron. Vio vida en ese objeto. Le recordaba a una serpiente y eso le asustó.

-Son imaginaciones mías.

Pensó.

Con la vara en la mano se presentó ante Nora.

Ahora marchaban unidos con un solo propósito, el de recuperar la presencia de Kary, pero él sabía que tenía que explicarse.

-¿Cómo decirle a Nora que este objeto es para atraer a Kalhyma?

-Ella teme a la furia.

-No puedo, todavía no.

-Debo esperar.

Anduvieron en silencio, cada uno con sus propios pensamientos.

-¿Qué puedo hacer con todas estas cosas?

-Nunca me explicó Kary nada sobre estos objetos.

-A veces miraba los que yo atesoraba sabiendo cual debía ofrecerle atendiendo a aquellos gestos significativos.

-La veía venir.

Recordaba enumerando cada una de las cosas que llevaba.

-Piedras redondeadas y de distintos colores encontradas a la orilla del río.

-Nudos leñosos o de ramas enredadas con plumas vistosas.

-Esqueletos y huesos de animales.

-Escarabajos disecados.

-Aquellos que manipulados sacaban huecos y salientes que ella hizo útiles.

-También le llevo esos tejidos que ella buscaba para colocar sobre ellos los objetos ordenándolos de forma especial.

No descuidó el fuego. Preparó aceite y cera que colocó en aquellos recipientes especiales para líquidos, sumergiendo en ellos hilos que sacó deshilando un trozo de una túnica muy desgastada.

Marchó con uno de ellos aplicándole la llama sacada del último fuego que ardía en la cueva.

Algo le hizo pensar que posiblemente no volvería a ese lugar y por ello colocó sobre su cuerpo todas las túnicas y pañuelos que pudo pensando que Kary los podría necesitar.

Nora se movía con ligereza a pesar de la carga que transportaba.

Whymk sabía que su condición humana era aparente y aunque hubiera querido aligerar el peso de Nora no pudo hacerle el ofrecimiento.

Estela no podía hacer otra cosa que acompañarlos.

Aquel trayecto de la cueva a la entrada se hizo extrañamente largo.

-También se modifica este camino.

Apuntó Nora.

-Cuando entramos en la gruta se había dado este fenómeno y ahora ocurre queriendo llegar a la entrada.

Whymk le contestó que no sabía nada, que antes su visión aérea era distinta.

Ella tenía muy claro todo aquello que tuviera que ver con el espacio.

Whymk tuvo la visión de aquellos tapices que en el clan confeccionaban las mujeres y hombres que se dedicaban a esa representación de la tradición.

-Podría explicarle a Nora estos recuerdos y es posible que entre los dos podamos adelantar acontecimientos.

-Empiezo a pensar que estamos viviendo lo ya vivido.

Cuando Whymk tuvo este pensamiento cayó sobre el suelo perdiendo la vara que llevaba en su mano.

Nora seguía caminando sin percatarse de lo sucedido hasta que se extraño por la ausencia del sonido que él hacía al caminar golpeando con suavidad la vara sobre los matojos que encontraba en su camino.

Miró hacía atrás y no vio a nadie.

-¡Whymk!

Lo llamó.

-¿Dónde se habrá metido?

Pensó.

Estela seguía sin detenerse.

-¡Espera!

Dijo Nora al cervatillo.

Él volvió su cabeza, pero siguió su paso.

-No puedo perder a Estela.

-Sin ella no llegaría a ninguna parte.

Pensó.

-Whymk volverá en algún momento.

Se tranquilizó pensando que Whymk no correría ningún peligro, que se sabía defender en ese bosque ya que hacía tiempo que andaba por él.

-Se tendrá que valer por sus propios medios.

Dijo apurando el paso para ponerse a la altura de Estela que ya había avanzado un largo trecho.

Whymk había quedado sobre el suelo y cuando volvió en sí su naturaleza alada había hecho presencia.

Recogió el palo con su pico y alzó el vuelo tomando rumbo preciso.

-Los he perdido de vista.

Pensó.

Fue conducido hacía la entrada de la gruta en línea recta llegando de inmediato. Las voces se hacían cada vez más claras y próximas.

-¡Whymk!

Le llamaban.

Le extraño no reconocer la voz de Kary, pero no se inquietó demasiado.

Se vio representado en un tapiz que recordó representaba un ave de grandes dimensiones con un palo en el pico sobrevolando las copas de grandes hayas.

Se vio a sí mismo y eso le hizo estremecer. Cada vez estaba más claro que sus pasos estaban marcados.

Ante la entrada de la gruta, Whymk pensó en esos recuerdos. Aquellos tapices que le parecieron en otro tiempo obra de la inventiva y creatividad de quienes los tejían ahora eran un precioso recuerdo. Hubiera querido rememorarlos para poderse adelantar a los hechos, pero era un difuso recuerdo que se movía entre las tinieblas del tiempo haciendo imposible el reconstruirlos.

Pensó en Kary, su dulce amiga.

Un temblor le recorrió el espinazo. De nuevo la vara pareció cobrar vida.

-Son imaginaciones mías.

Pensó.

-Sólo es un trozo de madera.

Se quedó a la espera de Nora y Estela.

-¡Whymk!

-¡Entra!

Oyó un eco de voces que tiraban de él.

-No reconozco la voz de mi amada Kary.

Pensó.

-Puede ser una trampa.

Dijo inquietándose.

-Esperaré a que llegue Nora con el cervatillo.

No sabía que su voluntad no bastaba para cumplir con sus propósitos ya que las fuerzas de la oscuridad que se habían infiltrado en la gruta a través de las rendijas ahora tomaban forma gracias al objeto que él mismo transportaba confiriéndole mayor poder.

-Es absurdo quedarse aquí viéndolas venir.

-Ya entrará Nora con el cervatillo cuando lleguen.

Dijo, decidido a no dilatarse más tiempo en la espera del encuentro con Kalhyma y Kary.

Su voluntad se había quebrado movido por la el deseo acuciante de encontrarse con ellas.

-No tiene sentido que espere.

-Más aún, mejor que no esté Nora cuando Kalhyma venga a mí.

-No me gustaría que estropeara las cosas.

-Ella teme a la furia que colea bajo ella.

-Yo también.

Pensó sintiendo un temblor que le atravesó dejándolo casi paralizado.

-He de hacer llegar este objeto a mi hermana cuanto antes.

Dijo en voz alta internándose con decisión por la entrada que le abría paso a la gruta.

En ese momento, Nora y Estela se encontraban perdidas en el bosque sin saber a ciencia cierta dónde se encontraban. Habían caído bajo el enredo de un laberinto que no les daba paso, en ningún momento, a la ruta que buscaban.

-Me temo que nos hemos perdido.

Dijo Nora en voz alta, sintiendo el eco hueco de sus palabras en medio de la nada.

-Kary, hermana. ¿Qué sucede? A dónde nos llevas.

Pensó para sus adentros recorriendo con su mirada por los alrededores que tan bien conocía y ahora imposibles de atravesar sin reconocer en ellos ningún cambio.

-Miro y todo es lo mismo, sin embargo damos un paso y sigue siendo lo mismo.

-Es como estar atrapados en un punto.

Pensaba confundida.

Ella que nunca se hubiera perdido sabiendo reconocer cada señal del suelo y del aire, reconociendo en las estrellas un paisaje claro y preciso, olfateando los aromas que la llevarían siempre, con precisión, a volver de recorridos nuevos.

Ella que estaba dotada con el mayor de los instintos de supervivencia y se orientaba con claridad absoluta ahora estaba atrapada en un paisaje ficticio que aunque a los ojos se presentaba el mismo sabía era distinto, no era.

-¡Estela, espera!

Espetó de inmediato al cervatillo que seguía un trazado prefijado sin advertir nada.

-¡Nos hemos perdido!

-¡Quieto allí!

El cervatillo la miró y dócil se paró allí mismo.

Anocheció bajo un cielo estrellado y una luna que iluminaba plenamente el claro del bosque en que se habían parado.

-Pasaremos la noche aquí.

Dijo mirando a su alrededor valorando el lugar para poder acampar.

Tres árboles agrupados servirían de cobijo. Uno de ellos estaba inclinado dejando caer sus ramas de tal manera que serviría para guarecerlos de viento y frío.

Buscaron ramas y hojas secas para hacer con ellas un mullido suelo. Sobre él colocó un par de túnicas y uno de sus pañuelos.

Estela se acurrucó y Nora a su lado quedando dormida de inmediato.

Durmieron profundamente hasta el amanecer, despertando con los ruidos y movimientos de los habitantes del bosque.

Soñó que volaba sobre las montañas llevando en su pico una rama. Se veía desde el suelo y desde el aire. Era dos, ave y humana.

-¡Baja!

-¡Nora, baja!

-¡No te alejes!

Veía a Kary gritándole desde las profundidades.

Se sentía embriagada en aquel vuelo.

De pronto el viento la arrastraba contra las rocas.

Allí se cortó el sueño.

Estela con su hocico empujaba su pecho.

-¡Vaya!

-Es de día.

-¡Vamos!

Volvían a emprender la marcha.

Aquella noche Whymk había accedido a la gruta transformado de nuevo en su apariencia humana y lo había hecho por el camino más corto llegando de inmediato a la orilla del lago que alimentaba la gran cascada.

La vara le fue arrebatada yendo a parar al agua impactando sobre él una fuerza que le tiró hacía una pared que tenía a gran distancia.

La vara al entrar en contacto con el agua produjo un gran remolino que ascendiendo a una altura similar a la de los saltos de agua de la gran cascada dejaba caer sobre el lago dos serpientes que en su descenso se iban enroscando formando una sola pieza alargada y retorcida que daba lugar a un bastón don una empuñadura con forma de serpiente bicéfala.

Al tiempo Kary se hizo presente.

-¿Dónde están Nora y Estela?

Le preguntó.

-Nos hemos perdido.

Contestó Whymk.

-¿Cómo se te ha ocurrido entrar sin ellos?

-Ahora las fuerzas se descompensarán.

Dicho esto, Kary desapareció.

Whymk apesadumbrado se puso las manos en la cabeza e irrumpió en llanto.

-¿Qué he hecho?

-Yo no sabía.

Del lago salió Kalhyma cogiendo el bastón.

-Hiciste lo que debías.

-Has traído justo lo que necesitaba para recuperar mi poder.

Apenas hubo terminado de hablar la furia se antepuso a Kalhyma lazando a Whymk que de inmediato volvió a su naturaleza alada.

En ese instante todas las sombras de la gruta confluyeron en ella y de inmediato se vieron fuera sobrevolando el bosque camino de la montaña. Él era su esclavo.

Nora y Estela anduvieron errantes por el bosque largas lunas.

Kary esperaba alcanzar de la hechicera el conocimiento suficiente para poder ir en busca de la furia y liberar a Whymk.

En ese tiempo Whymk recuperó el recuerdo de aquellos tapices y a través de él pudo ver los movimientos de Nora con su cervatillo.

La Naturaleza paró su curso quedando en estado latente. La vida del bosque cada mañana volvía a ser la misma y así teníamos a Nora y Estela despertando todas las mañanas en el mismo sitio el mismo instante.

El sueño de Nora se repetía e interrumpía de la misma manera.

Nora recordaba con detalle todo lo que la rodeaba en el sueño.

Una mañana al despertar supo rememorar algo que hasta entonces había estado velado a su recuerdo.

Whymk escuchó ese sueño y reconoció las características de la forma alada de Nora a través de la lectura que pudo hacer de uno de los tapices recordados.

Aquel se había tejido en la casa de sus antepasados.

Recordó conversaciones que se daban entre quienes hacían esos tejidos.

-Para salir del laberinto tiene que precipitarse sobre la roca.

Concluyó Whymk revisando el sentido de lo que se decían unos a otros mientras escogían hilos y colores para tejerlo.

Repitió esas palabras una y otra vez.

Quería enviarlas hacía la mente de Nora.

Ese camino de la mente no tenía posibilidad.

Acabó desistiendo de su afán y esas palabras resonaron en lo más profundo de su ser abriéndose camino hacía la mente de Kary que sí las supo interpretar.

Ella decidió intervenir entrando en el sueño de Nora.

Aquella noche la misma luna y las mismas estrellas ofrecieron a Nora la claridad suficiente para prepararse un rincón confortable para pasar la noche.

-¡Déjate llevar!

Decía Kary a Nora entrando en su sueño.

Así fue. Nora se precipitó sobre la roca y despertó.

Al despertar se vio dentro de la cueva sin saber que la había abandonado para salir en dirección a la gruta.

Estela dormitaba enroscada a su lado.

Se levantó y salió fuera. Caían los primeros copos de nieve.

-Habrá que abrigarse.

Pensó.

-Ya está el frío llamando a la puerta.

Nora no recordaba nada de lo sucedido, ni siquiera que había emprendido camino a la gruta en compañía de Whymk.

No recordaba otra cosa que la ausencia de Kary y eso se manifestaba en un amargo gesto matizado por una mirada hacía lo lejos buscando.

-¿Cuándo regresarás hermana mía?

Pensó.

-Es triste no verse reflejada en ti.

Un ligero remolino de aire se agitó ante la entrada de la cueva levantando unas plumas de paloma blanca.

Nora cogió una en su mano y una lágrima abrasó su alma.

-No falta mucho, hermana.

Decía Kary viendo la escena reflejada en la superficie de las profundas aguas del lago de la gran cascada.

Nora pudo sentir el gorgoteo del agua de la gruta.

-Es extraño.

Pensó.

-Oigo un sonido que me recuerda el día en que descubrimos la gruta.

-¿Será un mensaje de Kary?

-Tengo que intentar localizar aquella entrada.

-Iré en su busca.

Decidida, Nora, empezó a preparar ese viaje.

-Llevaré lo suficiente para poder estar dentro de la gruta un tiempo.

Pensó.

Whymk captó a través de Kary el regreso de Nora a un tiempo pasado y se alegró llenando su alma de esperanza.

-¿Cómo aunar nuestro tiempo?

Pensó.

-Nora y Estela están en otro tiempo.

-Si yo pasara a su tiempo nada de lo que me ata tendría presencia.

Kary oía sus pensamientos y buscaba ese conocimiento que le llevara a transportar a Whymk a través del tiempo.

-Si pudiera presentarme de nuevo a la puerta de la cueva nada habría sucedido y la furia…

Quedó interrumpido su pensamiento. Un brusco tirón le arrastró a los pies de la furia.

-¡Iluso!

Sintió que le decía una voz sibilina arrastrándose como una ponzoña.

-¡Nunca lo conseguirás!

-Siempre estarás bajo mi yugo.

-Tu amiga tendría que vivir dos vidas para alcanzar el conocimiento.

-¡Yo fui la elegida!

-Esa es mera sustituta.

La naturaleza de Kalhyma se manifestó en penumbra con expresión triste.

Reteniendo en su retina su recuerdo ahondó en lo más profundo de su ser para cobrar la esperanza de que saldrían de ésta.

Whymk buscó en su mente fuerzas ancestrales que vinieron en su ayuda para poder hacer frente a tan ingrata compañía.

-Tendría que vivir dos vidas.

Las palabras de la furia golpeaban su mente como aldabas de gran peso y volumen.

Las puertas del alma atendieron a esa llamada y como si de palabras de poder se tratara no se dejó esperar el efecto. En una cacofonía resonaron en las galerías de la gruta dando paso a un fenómeno paralelo plegándose el tiempo y nada de lo que allí sabemos había era en ese otro momento.

Kary caminaba por las arenas de un espacio que no llegaba a límite alguno. Rodeada de dunas avanzaba en línea recta sin diferenciar otra figura en el paisaje que la suya. La esencia estaba en ella.

-¿Dónde me encuentro?

Pensó.

-Otra vida estás viviendo.

Palabras que en eco le respondían con su mismo timbre.

Ella otra le decía.

-¿Quién eres tú que me haces compañía?

Preguntó en un grito que se expandió como honda sonora en todos los sentidos devolviendo su eco a sus oídos.

-Compañía…

-Soy tu guía.

Su misma voz le respondía.

-Soy la hechicera que del otro lado camina.

-Soy tú misma.

-Tú y yo somos una.

-La que pudo ser y no ha sido vendrá a ti por el mismo camino.

Era noche y el viento del desierto ululaba meciendo las dunas como barcas varadas en un puerto.

Anduvo sin parar hasta alcanzar un oasis que se cruzó en su camino.

Llegaron en tropel a recibirla reconociéndola.

-¡Mulhay!

Decían en una sola voz flexionado sus cuerpos y eludiendo mirar sus ojos cuando ella buscaba con su mirada las otras miradas. No osaban.

-¡Mulhay!

Era la única palabra que se escuchaba en medio de ese espacio que la luna iluminaba.

Se apartaron a su paso conduciéndola a una tienda blanca que reflejaba la luz de la luna iluminando todo a su alrededor. El suelo estaba tapizado de tejidos que aunque representaban formas geométricas que se diferenciaban por el relieve no por el color ya que eran blancos. Sobre ellos unas bandejas de plata contenían frutos frescos y dátiles y un té humeante se anticipaba aromatizando el ambiente de especias y menta fresca.

Quienes la asistían lo hacían mezclándose con lo que les rodeaba.

Bebió y comió asistiendo a un ritual que ante ella se manifestaba.

A la mañana siguiente vio el reflejo de su rostro en el agua. No era su cara.

Nora y Estela marchaban buscando el camino de la entrada de la gruta. Fueron a explorar.

-Quiero saber, con exactitud, a dónde iremos a parar.

Dijo Nora.

Hicieron el recorrido sin conseguir llegar al punto que ella sabía era el de la entrada.

-Diría que es por aquí y sin embargo no lo es.

-No lo entiendo.

Decía al ver su intento frustrado.

-Volvamos a la cueva.

Estela retozaba sobre las hojas secas sin prestar especial atención a sus palabras.

-¡Estela, vamos!

-Deja ya de jugar.

El cervatillo remoloneaba, tenía ganas de jugar.

Nora se puso seria y mirándolo se dio cuenta de lo absurdo de su actitud rompiendo en carcajadas.

-¡Ven aquí, preciosidad!

Le dijo abrazándolo y revolcándose con él.

En ese preciso instante entrevió un pequeño sendero que dejó traslucir la entrada de la gruta.

-¡Ya veo!

-Depende de la iluminación.

-Para ver el camino hay que estar a la altura de Estela.

Dijo pensando que antes había sido el cervatillo quien les guiaba por ese sendero.

Whymk atesoraba en sus recuerdos todas estas cosas. Su mente conducida por Kary, ahora Mulhay, le abría la mirada interna.

Supo ocultar estas revelaciones a la mirada inquisitiva de la furia. Pudo desdoblar su mente creando un tapiz opaco para filtrar y no dejar pasar esa información tan valiosa para impedir que la furia arruinara los progresos que se podían dar.

Gurdhya velaba y conducía los hechos.

-¡Kalhyma aflorará!

-Cuando se alineen los planetas secundarios y los dos soles de tiempos distintos sean uno.

Dijo la voz en el silencio de la gran cascada. Sus palabras sonaron como un gorgoteo rítmico que llegó al alma de Whymk.

Estela, en ese momento, miró directamente a los ojos de Nora y ésta sintió en su fuero interno un mensaje de esperanza no verbalizable para ella.

Volvieron a la cueva, Nora y Estela.

-No hay prisa.

-Todo requiere su tiempo.

-Prepararemos ese viaje.

-Se avecina un largo invierno.

Dijo Nora pasando su mano sobre el lomo del cervatillo introduciéndose en la cueva.

Era noche y les reclamaba el sueño.

Esa noche Nora tuvo un sueño. Uno de aquellos sueños que traían mensaje para Kary.

Esa noche Kary visitó su sueño y supo del mensaje de la hechicera. Los dos mundos fueron uno.

-¡Mulhay!

Al oír su nombre respondió sin pensárselo dos veces.

-Sí.

Respondió Kary mientras miraba su reflejo en la superficie del agua.

Sorprendida recorría con su mirada cada uno de los detalles de aquella figura que reconocía como suya, pero que no era el reflejo de quien ella se sabía.

Agachada observaba ese rostro oscuro de facciones regulares.

Se iba sabiendo en unas facciones y un tacto de una naturaleza que aunque fina no tenía rastros de la mujer que recordaba era. Su cuerpo era el de un hombre de esbelta figura.

Recorriendo con las yemas de sus dedos el relieve de ese rostro reconocía una barba incipiente.

Era en otra existencia y se sabía.

Un muchacho al que ella misma se sintió nombrar se hizo cargo de su aseo.

-Gracias Kadhy.

Se oyó decir.

El muchacho, que no la miraba directamente a los ojos se ocupó de todos los detalles.

Masajeó su cuerpo con una sustancia aceitosa que dejó un suave olor en su piel. Esa esencia le remontaba a recuerdos lejanos de placer como varón en los brazos de Kadhy.

Se vio en lance amoroso aún cuando ella, Kary, desconocía ese momento por no haber tenido nunca tal encuentro. Era doncella cuando su hermana la sacó de su casa a mandato de su madre para protegerla y había ido madurando en un cuerpo que poco a poco manifestaba sensaciones no reconocidas.

Kadhy reconoció en su gesto y accedió a sus deseos. Para Kary fue todo un descubrimiento aunque desde otra naturaleza distinta, la suya en ese momento.

Cuando abandonó la haima y se adentró en las arenas entre las dunas del desierto su mente vagaba por un bosque cubierto de blanco. Unas níveas palomas picoteaban en tropel próximas a las inmediaciones de la cueva donde Nora y Estela despertaban a un nuevo día.

Nora vio la escena y pensó en su hermana saliendo aquella mañana cubierta con la túnica blanca que ella le confeccionara cubriéndola de plumas blancas recogidas a lo largo de los días. Rememoró su huída bajo negros ropajes queriendo pasar desapercibidas a los seres de la oscuridad cuando huyeran de la casa de la madre aquella fatídica noche en que la furia destruyó a todos aquellos seres que les reconocían como miembros del propio clan, sintiendo la tristeza del desarraigo y la soledad.

-¡Querida hermana!

Se lamentó Nora.

-Allá dónde estés mi corazón te abrigue.

Kary sintió en lo más profundo de su ser el susurro y aleteo de las palomas que su hermana vislumbraba.

-Tengo un largo recorrido por delante.

Pensó Mulhay.

Kary había desaparecido.

En aquel bosque un tropel de palomas blancas levantaba el vuelo perdiéndose en un cielo que se cubrió de nubes.

–¡Kary!

Gritó Nora mirando al cielo y cayendo al tiempo desmayada sobre el blanco suelo. Estela salió en su auxilio y lamió su cara con cariño.

Whymk se unió en un quejido a ese lamento lanzando un alarido que traspasó a lo más recóndito del bosque despertando e inquietando a toda criatura viviente.

Gurdhya entró en trance.

-¡Kalhyma!

Formuló.

En la montaña la furia se esfumó dando paso a Kalhyma.

-¡Whymk!

-¡Vamos!

La forma humana de él se manifestó y dos figuras tomaron rumbo adentrándose en un sendero que ascendía alejándose del río.

-¡Ir a su encuentro!

Formuló Gurdhya.

Dos figuras se movían entre las dunas cuando Mulhay miró a lo lejos.

Whymk y Kalhyma habían salido en dirección al sur. El sol que amanecía proyectaba sus sombras alargadas entre piedras y matojos cuando el sendero se ensanchaba.

En algunos tramos del camino parecía no haber paso, pero separando las ramas entrecruzadas conseguían seguir la senda marcada.

Tras una larga caminata y cuando el sol incidía sobre sus cabezas lograron vislumbrar el valle que se abría a sus pies y eso alentó su estado anímico que empezaba a decaer por el cansancio y la sensación de estar atrapados y sin salida.

Hicieron un alto en el camino para descansar y reponer fuerzas tomando frutos de los que habían ido recogiendo a lo largo del camino.

-¿A dónde vamos?

Preguntó Whymk a Kalhyma.

Ella le miro sin responder a su pregunta.

-Me gustaría saber tus propósitos querida hermana.

Inquirió.

-Ni yo misma sé a dónde nos dirigimos.

-Sigo la llamada.

Contestó Kalhyma ante su insistencia.

-¿Qué llamada?

Dijo Whymk con curiosidad.

-La que nos envía Kary.

Le respondió.

-¿Cómo sabes de Kary?

Replicó Whymk.

-La gran hechicera envía señales que nos acercan al buen camino.

Mulhay vio que aquellas dos figuras que se acercaban directamente hacia él se habían parado y sentado en el suelo arenoso.

-Un hombre y una mujer quietos y con la cabeza descubierta en el momento de más impacto solar.

-Están en peligro.

-Debo acercarme para ofrecerles mi hospitalidad.

Mulhay avanzó hacía ellos y a pesar de que sus pasos le acercaban no consiguió aproximarse.

-Me ha engañado el desierto.

-No hay nadie.

-Sin embargo es distinto.

-Los veo y estoy tan próximo que si alargara la mano podría tocarlos con la punta de los dedos.

-Mi poder no llega a ellos.

Pensó frustrado al intentar acceder mentalmente a las personas que tenía ante sí.

Whymk, en ese momento, tuvo la visión de uno de los tapices que colgaban en la casa paterna días antes del terrible suceso.

No reconocía el paisaje que representaba ni la figura de un hombre de tez oscura cubierto por una especie de túnica que sólo dejaba ver los ojos oscuros de una mirada profunda.

Un temblor recorrió su cuerpo.

-¡Kary!

Pensó en estado de inquietud.

-¿Por qué viene ella a mis pensamientos?

-¿Qué relación tiene ese tapiz con ella?

Recordó como si le vinieran en un eco lejano las palabras que la furia había pronunciado.

-Tu amiga tendría que vivir dos vidas para alcanzar el conocimiento.

Ese recuerdo le desconcertó.

-¿Esa figura en medio de un paisaje inhóspito y mi recuerdo de Kary tendrán relación?

Pensó.

-No puede ser.

-Es mi mente que bajo este sol se pierde.

Mulhay que debía regresar al oasis desechó todo significado de aquel aparente encuentro.

Aquella noche hubo un sueño en la cueva. Allí viajaron astralmente Whymk y Kary.

Gurdhya condujo ese sueño.

Aquella noche Nora no encontraba la calma y no había forma humana de que se fuera a dormir. Rondaba por su mente la idea de ir a la gruta cuanto antes manifestando cierta ansiedad e inquieta iba de un lado a otro de la cueva haciendo cualquier cosa que la pudiera tener ocupada.

Estela la miraba insistentemente como queriéndole decir que dejara ya de hacer cosas, que era el momento de irse a dormir.

-¡Qué miras!

Dijo Nora indignada sintiéndose observada.

Estela se enroscó y entornó los ojos aunque sus orejas delataron que para nada dormía ya que se movían siguiendo los sonidos del trasiego que se daba en la cueva.

Al fin, Nora dejó de moverse y aunque tardó en dormirse quedó quieta tumbada al lado de Estela.

-Es como si algo intuyera.

Dijo Gurdhya para sus adentros.

-Esta mujer es el continente de la memoria de los ancestros.

-No sabe, pero su papel está en lo que a través de sus sueños se puede ir rebelando.

-De su participación inconsciente depende que se libere la Comuna.

-Conduciré hacía ella la mente que vaga, Kary, que habita en otro cuerpo y la mente que todo lo registra, Whymk, complementando con lo por venir lo que del pasado Nora reciba.

-Esta noche en ese sueño se producirá el encuentro.

Susurró a la noche la hechicera haciendo que un silbo de aire creciera hacía un horizonte lejano.

Cuando Nora quedó dormida apuntaba la claridad primera de un nuevo día. Ese momento quedó latente en el tiempo del bosque y todos los seres vivos que en el vivían dejaron paso al misterio soñado que allí se daría como testigos pétreos de un acto que nadie recordaría.

Volaba sobre un lago de aguas batidas y en la orilla una niña recogía son sus manos gotas que salpicadas en el aire se transformaban en formas perladas, transparentes como gotas de rocío, entregándoselas una a una a un cuervo que con su pico las iba depositando en un montón de tal forma que cada una de ellas reflejaba unos ojos azules que al mirarse en ellos le hacían sumergir cayendo envuelta por el agua de una cascada que desde el cielo se precipitaba.

Nora se vio multiplicada en esas sensaciones y al tiempo lo vio todo a vista de pájaro.

Algo la arrastraba hacía el vacío y recordó las palabras que Kary le dijera en otro momento en que el pánico del sueño le impedía avanzar, se dejó llevar.

Su cuerpo alado se alejó transportándola a un paraje desconocido. Un lago rodeado de una extensión de seco espacio y unos árboles bien extraños. Recordó a la gente del clan al ver como en ese espacio se movían seres humanos yendo y viniendo alrededor de una tienda blanca de grandes dimensiones, detectando que el centro de ese movimiento era una figura que destacaba sobre las demás por su actitud altiva y por ser la única que la miraba.

-¡Mulhay!

Repetían sin osar mirarle de frente y apartándose a su paso.

Se detuvo en aquellos ojos y reconoció los que viera reflejados en aquellas gotas que salpicadas recogía una niña. En el momento que se percataba de la coincidencia se sintió transportada por algo que tiraba de ella, nuevamente se dejó llevar sin oponer resistencia. Sobrevoló por sobre montañas y valles y siguiendo el recorrido de su vuelo vio dos figuras que se perdían en la distancia, un hombre y una mujer se alejaban a grandes pasos.

Whymk en su desdoblamiento astral vio todas aquellas cosas que del sueño manaban, pero no estaba sólo, a su lado la otra imagen astral se fundía con él en un reconocimiento total. Kary había sido transportada al encuentro para que compartiera en un solo ser lo que él pudiera recoger.

En ese momento Mulhay estaba entregado al placer sumido en un sueño y un muchacho recostado a sus pies le miraba complacido.

Al despertar Kalhyma supo que Whymk volvía de un viaje, pero no quiso inquietarlo y guardó silencio.

Whymk recordó un tapiz que hablaba de ese sueño y sin embargo a pesar de sentir en su cuerpo el palpitar del encuentro su mente era incapaz de reconocerlo.

Al despertar Mulhay marchó al encuentro de quienes no pudo alcanzar en otro momento.

Kadhy vio que quien tenía ante sí no era el mismo.

-Esta noche se ha ido para no volver.

Pensó con satisfacción.

-¡Puedo irme ya!

Exclamó.

En ese momento Mulhay miraba a su alrededor viéndose rodeado de dunas y ante un espejismo que el desierto le propiciaba presentándole la visión de una gruta desconocida.

Sentándose sobre la arena lo observó estudiando detenidamente cada uno de los detalles de esa visión que ante él se manifestaba.

En ese mismo instante Whymk y Kalhyma tuvieron la visión de una figura que enfocaba su mirada observándolos.

-¿Ves lo que yo?

Preguntó Whymk a Kalhyma.

-Sí, pero no es.

-Sólo es una visión.

Le respondió pensando que se aproximaba el momento del encuentro, reconociendo el substrato bajo el que Kary se encontraba.

Ante ellos se presentaba una playa batida por el oleaje.

El mar frente a ellos y al otro lado la costa que podría llevarles allá dónde en otro estado del ser Mulhay esperaba el encuentro.

Azotaba el viento sobre la arena del desierto. Mulhay se unió a su movimiento sin oponer resistencia. No había retorno. Es estado de latencia, como si formara parte de la arena del desierto fue transportado por las dunas de un lado a otro.

Kalhyma y Whymk esperaban en la otra orilla.

-Hermano, es el momento.

Él bajo su forma alada la tomo con sus garras por los hombros y dejándose arrastrar por los fuertes vientos pasaron a la otra orilla.

Ya al otro lado Whymk recuperó su aspecto humano.

-¿Dónde estamos?

Preguntó.

-Hemos venido a esperar el encuentro.

Le respondió Kalhyma que se puso en estado expectante para captar las señales que pudieran orientarles.

-Ahora no cabe otra cosa que esperar.

Añadió recostándose en la arena de la playa cuando el sol rozaba la línea del horizonte dando paso al crepúsculo.

Sobre las mansas aguas de la gran cascada se veían los escenarios en los que nuestros personajes se estaban moviendo.

-Falta poco para ese encuentro.

Musitaba Gurdhya dejando ir una suave brisa que acarició sus caras.

-Nora ha de venir a soñar a la gruta y entonces todo será resuelto.

Aquel atardecer se acercaba al oasis una figura humana que nadie reconocería por su aspecto, pero sí por el poder que emanaba.

-¡Mío es el poder!

-¡Al fin!

Musitó Kadhy para sus adentros.

-Mi aprendizaje es completo.

-Soy hijo de la luz y la sombra y se ocultarme a los ojos mortales bajo la apariencia que ellos buscan.

Ante su avance nadie osaba mirar apartándose conduciéndolo hacia la haima para atender sus necesidades en los más mínimos detalles haciéndole los honores como a su dueño y señor.

Tener un elegido entre ellos era todo lo que cabía esperar en su existencia. Por mediación de él se sentían protegidos y próximos a los designios divinos. Ser elegidos por un ser de poder era ser la senda que llevaba al Paraíso.

Una muchacha se introdujo en la haima ofreciéndose.

Él no aceptó apartándola con un gesto inequívoco. Ella lo agradeció en lo más profundo de su ser quedándose acurrucada a sus pies cuando éste cayó en profundo sueño.

-He tenido suerte.

Pensó ella.

-Me dijeron que éste era mi destino, pero no quería que me tomara como toma la oveja el carnero.

-Lo acepté porque nada me permitía elegir, pero agradezco su rechazo.

A la mañana siguiente se ocupó de su aseo y masajeó su cuerpo con aceites perfumados, tal como había sido aleccionada, tembló ante la idea de que él la requiriera, pero no fue así.

Puso ante él los manjares que habían dejado a la entrada de la haima para ellos.

Él comió habidamente ofreciéndole a ella los mejores bocados que ella humildemente rechazó con un gesto y sin mirarlo.

Después comió de los restos.

Salió Kadhy hacía el lago y se quedó mirando sus aguas desde la orilla poniendo en marcha un ritual que nadie osaba mirar.

-¡Descubre los velos del tiempo y alcanza a quien tuvo ese sueño!

Invocaba en fórmulas rítmicas que nadie interpretaría.

La muchacha a su lado dormitaba a la espera de cualquier signo que requiriera atender las necesidades de Kadhy.

-¡Sahaym!

Se oyó nombrar.

-Tu nombre será Sahaym, dijo él mirándola sin que ella pudiera eludirlo.

-Tú serás quien de mí recibirá el don cuando yo tenga que marchar.

Ella recibió sus palabras en silencio asintiendo con un gesto inequívoco de sumisión.

-¡Puedes mirarme!

-¡Tienes que mirar y escuchar!

-Aprendí de Mulhay todo lo necesario a cualquier precio, pero no espero de ti lo mismo.

-Quiero enseñarte el lenguaje que aúna a quienes alcanzamos el poder a través de todos los tiempos, y la capacidad de moverte en todas las dimensiones y bajo los elementos.

-Soy heredero de una totalidad en la que se conjuga la luz y la sombra, y tú eres la complementariedad que dará control a las dos caras del Ser.

-Olvidarás quién fuiste.

-¡Serás!

Terminadas estas palabras, Sahaym cayó en profundo sueño. Era un viaje del que retornaría convertida en quien él decía.

La gente de alrededor no osaban acercarse ni mirar en esa dirección. Era tabú observar a un chamán en sus actos de búsqueda y escucha. Su universo se destruiría si alguien por curiosidad se hubiera acercado llevando a la tribu a la disgregación como la arena del desierto.

Las dos figuras, una durmiente y la otra con la espalda apoyada en una palmera permanecieron inmóviles hasta que la luna recorrió sus fases.

Cuando la luna perdió su luz en el cielo y la noche estaba cubierta por infinidad de estrellas encogiendo el alma de quienes ocupaban ese asentamiento la superficie del agua cobró luz y ante Kadhy se presentó la escena de un río de aguas cristalinas rodeado de vegetación abundante con un suelo cubierto de blanco lunar reflejando los rayos del sol. Sintió la suave brisa que refresco su cara como las noches del desierto. Una mujer vestida con extraños ropajes y la cabeza descubierta iba acompañada por un animal que recordaba por su tamaño y aspecto a uno de los cabritos del rebaño, pero con los colores de las arenas del desierto. Hubo algo en el animal que le hizo retroceder.

-¡Me ha mirado!

Pensó sobresaltado.

-¡Me ve!

-Tendré que actuar con sumo cuidado para inducirlo a hacer lo que yo quiera sin que la alerte a ella.

Aquella noche Kadhy se internó en un sueño velando el camino que hubiera alertado a Gurdhya.

Despertó la curiosidad de Nora promoviendo en ella el deseo de saber que había al otro lado del río.

-Tengo que traerla al lado oscuro.

Pensó.

-Ella es la pieza clave y si está en mis manos seré el más poderoso.

-Con ella atraeré a Mulhay y lo someteré.

Cuando Gurdhya descubrió que el sueño que Estela le proyectaba era una pantalla para tapar el de Nora era demasiado tarde y aunque intentó ahondar en la mente de ésta le fue imposible desvelarlo.

-Estela bajaba de guardia.

Pensó.

-Esperemos que este descuido no nos cueste caro.

Este pensamiento la inquietó porque ante sí una mancha negra se manifestaba.

Al entrar la claridad a la cueva despertó Estela viendo a Nora preparada para salir, pero aunque de inmediato se puso a su lado dispuesto a seguirla vio que ella con un gesto que se adelantó a sus palabras lo rechazó y eso le dolió.

-Voy a atravesar el río.

Dijo ella con decisión.

-Hace tiempo que me ronda por la cabeza.

-Ahora que el nivel del agua está bajo, antes de que se deshaga la nieve y aumente el caudal, lo voy a intentar.

-El otro día vi un paso de piedras que aunque con dificultad me permitirán pasar.

-¡Tú te quedas aquí!

Dijo con resolución sin mirar a Estela.

-¡Volveré pronto!

Estela sabía que no era así, que la curiosidad la apremiaba olvidándose de ella y cabizbaja y resentida se fue al rincón más profundo y oscuro de la cueva.

Gurdhya sintió que en la cueva se había aposentado la discordia, pero valoró que debía seguir los pasos de Nora ella misma dejando a Estela sumida en letargo hasta su regreso.

Adoptó la forma de un águila que salió por los aires para seguir los pasos de Nora.

-No sabes dónde te metes vieja hechicera.

Dijo Kadhy riendo para sus adentros.

-Contigo en mis manos mi poder será completo.

Marchó, Nora, decidida.

-Con Estela sería imposible cruzar el río.

Pensó con remordimiento.

-¡Qué espere si quiere!

-Con ella no puedo pasar al otro lado.

Se justificó desechando el sentimiento que oprimía su estómago.

No tardó en encontrar el lugar que recordaba podría servirle para atravesar el río y acceder a la otra orilla que tanto le atraía.

-¡Aquí está!

Dijo excitada.

-Debo medir mis posibilidades.

Pensó recapacitando y conteniendo los impulsos que la tiraban a lanzarse de inmediato hacía las piedras que parecían estar allí preparadas para que ella pasara.

-Atravesar un río de estas dimensiones no es cualquier cosa.

-Nada es lo que parece.

Apuntaba su naturaleza práctica que ahora la retenía.

-Puede fallar cualquiera de esas piedras que desde aquí me parecen tan seguras.

-Si pierdo pie la corriente me arrastrará y a duras penas sabría salir a flote.

Aparentemente las aguas bajaban pausadas y no se divisaban remolinos en las proximidades, pero era uno de los tramos más amplios de ese río y era posible que las aguas más profundas circularan a otro ritmo. Tampoco sabía si el lecho del río era seguro, podía llevarse alguna sorpresa desagradable.

Nora se tranquilizó y empezó a pensar en qué podría serle útil.

-Una rama.

Pensó.

Con una buena rama podré tantear el fondo y valorar la solidez de las piedras que ande pisando.

-Aquella parece buena.

Dijo viendo una que estaba a sus espaldas.

La cogió y cuidadosamente hizo de ella un buen soporte para tantear y apoyarse en él.

La limpió de ramitas y descortezó valorando su resistencia y flexibilidad.

Recordó como había oído en otro tiempo a quienes preparaban estos objetos para quienes salían a los caminos en busca de nuevas rutas.

Colocó en lo más alto un atillo hecho con un pañuelo para transportar aquellas cosas básicas para su supervivencia.

Aprovechó los nudos para poder apoyarse con su mano en ellos.

-¡Ya estoy a punto!

Dijo con satisfacción.

-Ahora me siento más segura.

-Con esta rama sabré hasta dónde cubren las aguas y si puedo hacer pie.

-Es importante saber por dónde piso.

-Si no me mojara sería mejor, pero al menos si ha de ser así que no me cubra más allá de la cintura y pueda apoyarme en la rama.

-Seguiré contra todos los inconvenientes que se interpongan.

-Estoy decidida.

-Ya me cansé de tanto esperar.

Con estos pensamientos iba adelantando y de pronto una de las piedras en que había puesto el pie se movió dejándola con el pie en el aire. Rápidamente dio un salto hacía delante y no paró hasta alcanzar la otra orilla pasando de piedra en piedra dando brincos que apenas dejaban sentir sobre ellas su propio peso.

Cuando llegó a la orilla del río se dejó caer abatida y con el corazón disparado por el temor que había sentido viéndose arrastrada por aquellas aguas que empezaban a moverse con más rapidez y a formar remolinos a su paso.

Mirando en dirección al agua comprobó estupefacta que el camino de piedras había desaparecido sin dejar rastro.

Volviendo la vista hacía en interior del bosque vio ante sí un paisaje irreconocible.

-¿Cómo puede ser tan distinto?

-Es desolador

Pensó con temor.

Se incorporó queriendo vadear el río y para su sorpresa se vio en medio de una maraña de arbustos ennegrecidos sobre un suelo carbonizado como si hubiera sido presa de un incendio.

-No recuerdo que haya habido ninguno el tanto tiempo que llevamos en la otra orilla.

-Aunque no estamos frente a frente el humo se hubiera dejado ver.

-¿Qué habrá sido de Whymk?

-¿Habrá perecido en este incendio?

Tembló sólo pensar que a él le hubiera sucedido algo.

-¡Kary, hermana, cuanto tiempo sin ti!

-Aquí me tienes sola y perdida.

Dijo llorando queriendo eludir esas lágrimas que a su pesar anegaban sus ojos en un llanto incontenible.

-¡Vaya, si me descuido, me lleva la corriente!

-He sido imprudente.

-Estela allá en la cueva y yo aquí sin saber que hacer.

Sus ojos acostumbrados a la claridad tardaron en diferenciar las formas que se mezclaban con el paisaje.

Vio seres fantasmagóricos que aunque a ella le inquietaron, al ser vistos se ocultaban al recibían de su mirada una luz insoportable. Ella no sabía que en realidad era ella y no otra la elegida. Tardaría mucho en llegar a ese conocimiento. Se reconocía una de las comunes sin saber que ahora estaba en el camino de los elementos para después llegar al de la luz eterna.

Gurdhya si sabía y por eso acudió en su ayuda alzándola por los aires, cogiéndola con sus garras de águila por un cinturón trenzado que sujetaba sus túnicas por la cintura depositándola en aquel saliente de la roca que en otro tiempo ocuparan Whymk y Kalhyma.

Sahaym dormitaba enroscada a los pies de Kadhy que permanecía sin haber abandonado su posición al lado del agua observando en su superficie como se desarrollaban los acontecimientos en el río.

-¡Bonito descubrimiento!

Pensó Kadhy.

-Es ella y no las otras.

-No lo sabe, pero ella lleva sobre sus espaldas la carga más pesada.

-Nadie mejor que ella para soportarla.

-Tengo que recuperar a Mulhay para atraerla hacía aquí.

Dijo poniéndose en movimiento.

-¡Vamos, Sahaym!

Ambos marcharon en la dirección que Mulhay había tomado.

Nora, al verse en terreno seguro recapacitó sobre lo que había sucedido.

-¡De buena me he librado!

Exclamó.

Mirando desde allí pudo verse a la puerta de la cueva acompañada por Estela.

Desconcertada se frotó los ojos.

-¡Es imposible!

-¿Cómo puedo estar aquí y allí a la vez?

Bajando la vista vio a sus pies aquella vara que cuando fueron con Whymk a la gruta tanto le impresionara.

No le dio tiempo a reaccionar.

La vara se descompuso en dos finas serpientes que se enroscaron en cada uno de sus brazos.

Su mente entró en estado de lucidez absoluta. Se había producido la unión en ella. Era ella y no aquellos objetos de Kary la clave.

-¡Soy yo!

Pensó sorprendida.

Ante sí todo cobró sentido. Su madre la había engañado para protegerla y al desconocerse ella misma había desorientado a la furia.

Ante sí vio pasar todos los sueños de revelación que hasta entonces ignoraba.

-¡Nora!

Exclamó Whymk, sorprendido.

-¡Sí!

-Es ella la elegida.

Pensó Kalhyma sintiendo que la envidia la corroía.

En el acto la furia se antepuso, pero en medio de la playa sin poderse ocultar del sol quedó aniquilada.

Whymk vio estupefacto como, de Kalhyma a la furia, y de la furia a Kalhyma desmayada sobre la arena de la playa, él se había transformado de nuevo en ave y abriendo sus alas creo un espacio de sombra para protegerla.

Recordó la casa de su padre con aquellos tapices colgando del techo que para él siendo niño se convertían en pasadizos secretos de un mundo ignoto en que se desarrollaban sus juegos de fantasía infantil.

Allí vio la representación clara y precisa de una Nora distinta que caminaba entre las nubes apoyándose en una larga vara que tenía engarzadas dos serpientes enroscadas sujetando una pluma que reconoció era una de las suyas.

Los tres elementos formaban un símbolo que de inmediato le transportaron a las paredes de la gruta.

-Sobre la piedra lo mismo.

Pensó.

-La roca y el tapiz con un mismo mensaje y un mismo significado.

-Sobre ella un águila surcando los cielos.

-Lo mismo.

-¿Cómo pude ser tan descuidado?

-Allí estaba la señal que andábamos buscando.

Mulhay cayó en desmayo bajo el mismo sol.

Kary y Kalhyma tendidas sobre la arena de la playa.

-¡Ellas!

-¡Serpientes!

Dos serpientes enroscadas quedaron a la sombra de un ave con sus alas extendidas que petrificada allí quedaría.

Kadhy extendió su mano y cogió por la cabeza a una de las serpientes, la otra se enroscó de inmediato en esa formándose entre las dos una.

-Hemos llegado a tiempo.

Dijo a Sahaym mientras introducía su brazo desapareciendo.

Ella quedó sola en medio de las dunas.

-Mi amo y señor ha pasado a otro tiempo.

Pensó.

-Esperaré su regreso.

Sobre el cielo vio como las nubes transportaban una figura que parecía caminar hacía el punto en que Kadhy se había introducido justo en ese momento.

-A lo lejos un águila vuela por el mismo cielo.

Pensó Sahaym al tiempo que pudo ver ante si un espejismo que le presentaba una playa en la que una piedra encallada con apariencia de ave con las alas extendidas parecía mirarla.

-A pesar de mi materia pétrea oigo y veo.

Pensó Whymk.

-Nora está cerca.

-Esa muchacha me lo confirma con su pensamiento.

-Lo leo en sus ojos.

Nora se presentó y en ese mismo instante Kadhy se interpuso haciéndose visible levantando frente a ésta una rama seca similar a la que la furia llevara en otro tiempo.

-¡Detente!

Increpó a Nora.

-Si te acercas éstas irán a parar al fondo de esas aguas y su sal impedirá su regreso.

Un águila surcó ese espacio y arrebató el objeto que Kadhy sostenía en su mano, volviendo éste a las dunas en que Sahaym le estaba esperando.

-¡Whymk, vamos!

Dijo Nora pasando la pluma sobre él devolviéndole al ser vivo que palpitante la acompañaría en su próximo viaje.

Amanecía en las inmediaciones de la cueva y Nora despertaba recordando como si de un sueño se tratara todo lo acontecido.

-¡Ahora es el momento!

Dijo para sus adentros viendo la vara que le había acompañado en un rincón próximo a la entrada.

Whymk estaba posado sobre la rama de un árbol esperando para acompañarla.

Estela dormitaba moviendo sus orejas como siguiendo el ritmo de algo que se sentía en ese momento. Era el mensaje rítmico que venía de la gruta dónde Gurdhya esperaba el encuentro que desharía el nudo pudiendo dar paso a la nueva hechicera que recuperaría la Comuna de otros tiempos.

Posted by lletraferida at 16:02:32
Comments

One Response to “En aquellos tiempos… Segunda parte.”

  1. Macedonia says:

    Para que luego digan que las segundas partes son malas, me ha gustado mas esta segunda parte que la primera, y eso no era facil.

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