Sunday, September 23, 2007

Un camino y un sueño. Un destino. (Continuando con el relato)

Empezaron, los picapedreros, a cubrir el camino que día a día se llenaba de malas hierbas.

-¡Aléjate de allí!

Decían las madres a sus hijos pequeños cuando jugando se acercaban a las obras por curiosidad. La mayoría de los adultos no osaban siquiera mirar, pero los niños son curiosos por naturaleza. Si miraban lo hacían de lejos y de reojo, porque algo de la curiosidad infantil también les carcomía.

-¡Te tengo advertido que no debes aproximarte!

Decía una mujer tirando de la mano de un niño que insistía en acercarse atraído por el trajín que entre polvo y piedras se daba.

-Pero…

-¡No hay pero que valga!

Le replicaba indignada y temerosa.

 

-¡Es peligroso estar allí!

-El Infierno estará bajo tus pies si pisas la senda prohibida.

Añadía queriendo atemorizarlo. Prevenir con el miedo no era suficiente porque precisamente eso era lo que le incitaba, lo prohibido se convertiría en lo deseado, la tentación que ocuparía sus pensamientos a lo largo del día.

Nahym, que así se llamaba el niño, pasaría el día buscando mil estratagemas para zafarse de la vigilancia de los adultos.

Al oscurecer, las calles quedaron vacías sin que fuera necesario el aviso del toque de queda que regía el ritmo de la comunidad.

Tras la cena con las historias y anécdotas contadas al calor de la lumbre las fogatas perdieron intensidad y los sueños poblaron el lugar.

A hurtadillas una sombra diminuta se movía arrastrándose pegada a las paredes de las casas.

-¿Quién anda?

Se oyó decir en mitad de la noche.

Un gato negro cruzó la calle.

-Será que un simple gato nos hace creer que alguien se desplaza por la calle.

Dijo uno de ellos, no sin cierto temor.

-Precisamente esta noche.

Pensó.

-Algo en el ambiente presagia malos augurios. No sé, pero lo siento en la piel y en las tripas.

Dijo de forma inaudible.

-¿Qué me decías?

-No, nada. Estaba pensando en voz alta.

Respondió sintiéndose sorprendido.

-¡Ah!

Ambos quedaron silenciosos y atemorizados sin esperar otra cosa que las largas horas de guardia no tuvieran novedades.

Las dos figuras parecían cargar con el peso del mundo mientras se alejaban en su paseo nocturno.

Nahym, que había esperado el momento oportuno para salir de la casa se sintió perdido ante la presencia de los dos guardianes que hacían su ronda por las calles para velar y hacer cumplir el toque de queda que obligaba al a reclusión durante la noche.

Si hubiera sido descubierto todos los miembros de su familia habrían caído en desgracia. El sistema hacía responsable a todos de todos, de manera que la familia tenía que vigilar que cada uno de sus miembros siguiera las normas establecidas.

Era un sistema eficaz, porque la proximidad hacía de la norma la ley. Cada uno velaba por las acciones de los demás y si en un momento dado se ponía en peligro al grupo familiar éste se protegía reprimiendo al que contravenía la norma.

Siempre hay alguien que rompe la norma del grupo para bien o para mal. A veces es el camino evolutivo que lleva a nuevas formas de hacer y de ser.

Uff!

-Menos mal que ha salido un gato y esos dos no me ven bajo las sombras que me amparan.

Pensó Nahym mientras sentía que un sudor frío atravesaba su espalda.

Tardó en moverse, a pesar de que la pareja de vigilantes no volvería sobre sus pasos hasta que no llegaran al otro extremo, el que se acercaba al río.

-La luna marca el camino.

-Es curioso.

Pensaba observando que una estela iluminaba el recorrido empedrado.

-Me arrastraré sigilosamente…

Apenas esa intención se cruzó por su mente se vio arrastrado y alzado por una fuerza que lo llevó sobre la cabaña dejándolo flotando. Pudo ver el interior sin poder dar crédito a lo que sus ojos presenciaban. Maitina, la anciana que se suponía era cadáver se transformaba en un ser magnífico.

Los ancianos habían explicado historias de seres fantásticos a los que denominaban dragones, pero siempre había creído que sólo eran historias para entretenerlos.

-¡Nahym, despierta!

-¡No seas gandul!

-¡Vamos!

No hubo forma humana de despertarlo cuando al amanecer la vida de la casa ponía a todos en pie.

-¡La desgracia ha entrado en esta casa!

Se decían unos a otros, lamentándose.

-Fue la senda maligna.

Dijo la persona más anciana de la casa, siendo advertida con sorpresa por parte de quienes apenas le prestaban atención por lo insignificante que era para ellos. Habían olvidado otra de las costumbres que hacía de ellos un grupo estable. Los más mayores eran su cuna y aunque perdieran capacidades tenían la sabiduría, que dan los años, de su parte.

-No podemos salir hasta que regrese.

Siguió diciendo al verse escuchada por todos ellos.

Aquella mañana se quedaron todos dentro de la casa siguiendo las instrucciones de la anciana que sabía como hacer frente a una situación como ésta.

Quemaron hierbas aromáticas para abrir el camino de las sensaciones de Nahym, entre plegarias y sortilegios que se recordaron de los ancestros.

Untaron sus cuerpos y los del niño con aceites aromáticos.

Ayunaron y entraron en un solo pensamiento conducido por la maestra de ceremonias que sabía que ese era el procedimiento para iluminar el camino de vuelta del alma del muchado.


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Sunday, September 16, 2007

relato

UN CAMINO Y UN SUEÑO. UN DESTINO

-Espera, no te alejes. No ves que entre la maraña puedes perderte.

Decía una anciana siguiendo con apuros a un muchacho que apenas si la tenía en cuenta.

-Ya llegarás.

Pensó él sin parar cuidado.

-Siempre te andas quejando y nunca me pierdes de vista.

Estas fueron sus últimas palabras.

Ella llegó al lugar de dónde la voz provenía.

-¡Som!

Gritó desesperada mirando a uno y otro lado.

-No te escondas que ya es tarde.

-¡Som!

-Venga, deja de enredar y sal de una vez.

Así pasó largo rato a la espera del muchacho que no daba señales de vida.

Se cerró la noche sobre ella y desesperada no oso moverse quedando sobre el mismo suelo arrodillada a la espera de quien mucho tiempo estaría extraviado.

Lloró y se lamentó, incluso se enfadó. Al fin quedó dormida y el frío de la noche y la vejez la dejó para siempre allí, perdida.

 

-¡Maitina!

Le decían, cuando en la mañana la encontraron quienes fueron a buscarlos.

-Está dormida.

Dijo una niña que se introdujo por medio de todos ellos hasta acceder a poder tocar su frente.

-No es cierto. Ha muerto aterida de frío.

Le replicaron.

Ella se enfrentó a todos ellos.

-¡Os he dicho que duerme!

Algo hubo en ese gesto que paró a todos ellos.

-Bueno, si tú lo dices.

Contestó alguien que parecía tener más autoridad sobre todos ellos.

-Si ella lo dice será verdad.

-No me atrevería a contradecir a una hechicera, aunque sea sólo una niña.

Pensó al tiempo que daba ordenes a quienes estaban a su lado para que transportaran a la anciana a las inmediaciones del poblado.

-La dejaremos a distancia de nuestras casas.

Le dijo a ella sin atreverse a encarar su mirada.

-Hay una cabaña que podrás ocupar mientras te hagas cargo de Maitina.

Dio orden a todos para que hicieran aquello que ella les demandara.

-Coged unas ramas y la hojarasca con restos de tierra que le han servido de lecho.

Hacedlo evitando moverla.

Ordenó ella, sin dudar.

No fue fácil realizar esa tarea, pero los más hábiles consiguieron transportar a la anciana en su propio lecho hasta la cabaña que sería su sepulcro.

Nasur, que así se llamaba la niña dejó a la anciana en la cabaña y volvió al lugar dónde la encontraron.

Cuando nadie la pudo ver ella se manifestó en toda su potencia luminosa dejando de lado la niña.

-Esperaré el momento en que ocurrió lo que vengo a buscar.

Con estas palabras movió el tiempo y fue testigo de la escapada del muchacho.

Ella, más ágil que la anciana, alcanzó a ver que pasaba, dejando tras de sí el cuadro que al día siguiente habían encontrado.

-¡Es él!

Pensó ella al ver como el muchacho era tomado por un ser gigantesco que batiendo sus enormes alas se acercó pasando sobre sus cabezas y con sus garras lo arrancó del suelo llevándolo lejos.

-Te seguiré dónde quiera que vayas.

Dijo al ver como se alejaba

 

Al regreso del grupo presidido por Nasur, la gente ocultaba los ojos tapándolos con sus manos.

Una oleada de temor invadió a quienes quedaban atrás, mientras la comitiva se encaminaba a la cabaña.

Para ello hubo que atravesar el poblado. No había otra posibilidad. Hubieran querido dar un rodeo, pero el poblado quedaba sobre un cortante de roca por uno de los lados y por el otro el río se hacía imposible de cruzar. No había otra que atravesar a pesar de llevar con ello el temor y la incertidumbre.

-Es posible que la idea no haya sido tan buena.

Pensaba Malhyam, el mago del poblado, mientras veía como reaccionaba la gente del pueblo al paso de la comitiva encabezada por la niña y el cadáver de la anciana sobre tan extraño lecho.

-Será necesario hacer un funeral y una depuración de todo el recorrido, sino la gente temerá salir de sus casas y el pánico se adueñará de nuestro pueblo paralizándolos y extraviándolos.

Dijo dirigiendo sus palabras a Jhord, que daba las órdenes a todos ellos, susurrándoselas para evitar fueran oídas por quienes no las podrían asimilar.

-Haz los preparativos pertinentes y no escatimes en gastos.

Contestó Jhord valorando lo crítico de la situación, disimulando igualmente, convencido de que estaba siendo advertido con sabiduría.

-¡Buen servicio! Tendrás tu recompensa.

Pensaba mientras observaba como con un par de movimientos Malhyam desaparecía entre la gente, dando paso a una masa que se apelotonaba a su paso.

-Ya llegará ese día.

Pensó Malhyam mientras desaparecía.

-Te libero de tus preocupaciones más inmediatas, pero un día seré yo el problema que no podrás sacarte de encima.

Cuando llegaron a la cabaña e introdujeron a la anciana con su lecho, Nasur con un gesto de su mano izquierda despidió a quienes la transportaban.

Liberados marcharon a sus casas.

Aquella noche los hombres del séquito fueron a dormir tras restregarse sus carnes con agua y barro queriendo sacar de su piel una sensación extraña que nadie nombraba.

Los perros ululaban y los gatos maullaban. Fue una noche tenebrosa que antecedería a muchas otras que borrarían el recuerdo de un tiempo en que la luna susurraba canciones de cuna.

Hubo sueños tenebrosos que a todos alcanzaron, pero a la mañana siguiente no osaron ni siquiera pensarlos. Por supuesto no se nombraron. Si hubieran hablado de ello todos hubieran descrito un mismo sueño. Cuando el alba abrió el día y los gallos cantaron su letanía salieron las gentes entristecidas a ocupar sus lugares para secuenciar la vida.

Dado que su hacer y vivir estaba muy lejos de estas consideraciones nadie hablo ni pensó en una mala noche. Malhumorados y tristes se movían en sus quehaceres y algún que otro exabrupto se soltaron unos a otros sin llegar a mayores. Cabizbajos se movían y apenas se miraban los que en otro tiempo se saludaban. Ni que decir tiene que se desplazaban temerosos y evitaban tocar con sus pies allí donde la comitiva pasara tal que con el tiempo la hierba remozara.

Mirando desde su ventanal, Jhord observaba el cambio manifiesto de quienes apenas paraban un instante en las calles.

-Se hace necesario un ritual para liberarlos de este mal.

Dijo mientras era atendido por quienes tenía alrededor.

-¡Malhyam!

Llamó mirando las caras opacas a su alrededor.

Todos salieron cabizbajos, sin volver la espalda, dando paso al mago que les imponía más respeto aún.

-Aquí me tienes. Señor.

Dijo el mago explicándose.

-He hecho lo necesario. A lo largo del recorrido se han dispuesto unos puestos de picapedreros para empedrar el camino que va desde el lugar en que se encontró a la anciana hasta la cabaña.

Decía mirando a los ojos de Jhord para ponderar su reacción.

-Las piedras evitarán que las fuerzas telúricas entren en contacto con los pies descalzos de tu gente.

Siguió platicando al ver la aceptación de su idea en la mirada de Jhord.

-También se quemarán hojas de laurel y se esparcirán las cenizas sobre las piedras del camino.

-En este momento se está haciendo una fogata alrededor de la cabaña practicando un reguero alrededor que se alimentará con agua canalizada desde el río, para evitar que alcance al poblado nada de lo que allí se geste.

Jhord escuchaba atento y satisfecho.

-Está en todo.

Pensó sin osar interrumpirle.

-Los picapedreros temerosos no querían trabajar, pero les he ofrecido una recompensa y al fin han cedido.

Dijo Malhyam comprobando que iba por buen camino.

-Se les ha prometido que si hallan mal o enfermedad sus familias serán compensadas de por vida.

Malhyam, mientras manifestaba cuales habían sido sus decisiones comprobaba que Jhord era incapaz de oponerse a sus planes y eso le hacía sentirse dueño de la situación.

-Nunca vas a liberarte.

Pensó mirándolo a los ojos sin que el otro se percatara de la amenaza que ocultaba esa mirada aparentemente afable.

-¿Y tú que precio pones?

Oyó que Jhord le preguntaba mientras maquinaba los pasos a dar en el futuro para tenerlo bajo su yugo.

-Mi señor, yo no tengo precio. Soy vuestro siervo.

Le contestó.

 

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Tuesday, September 11, 2007

En aquellos tiempos… Tercera parte y Final del relato

Nora avanzó hacía el rincón de la cueva dónde se veía la rama que la había acompañado en su supuesto sueño.

-No puede ser cierto.

Pensó.

-Si la rama que me ayudó a cruzar el río está aquí eso quiere decir que no se trata de un sueño.

-Así que Kary y Kalhyma están en manos de Gurdhya.

-Aquel muchacho que me amenazó debe tener interés en impedir que yo recupere a mi hermana.

-Salió de la nada y volvió a ella.

-Tendré que buscarlo adelantándome a él porque no creo que sea alguien del que pueda olvidarme.

Viendo a Estela que la miraba y escuchando sus pensamientos tomó la rama que estaba apoyada en la pared de la cueva en su mano y mirando a Estela y a Whymk les dijo que la siguieran.

-¡Vamos!

 

Se oyó como un eco lejano en el bosque alborotando a los animales que desconcertados e inquietos se movieron en desorden saliendo las aves en desbandada y metiéndose en lo más profundo de sus cubículos aquellos que los tenían o ocultándose como podían.

De inmediato Nora con Estela y Whymk se encontraron en el centro de la cascada.

-Ha sido visto y no visto.

Pensó Whymk que apenas había tenido tiempo de valorar el hecho de verse sobre una rama a la entrada de la cueva. La misma que había sido su soporte cuando antes de marchar del lado de Kary era una de las criaturas más satisfechas de ese mundo que se había desmoronado y del que tapiz a tapiz había recordado.

-Es increíble el poder de Nora.

-Quien lo hubiera dicho antes.

-Ella que todo lo asumía y besaba por dónde Kary pisaba.

-De ella emana la luz perdida.

Ante este pensamiento tuvo de nuevo la visión de la casa de su padre y el juego de tapices que colgaban del techo y las charlas de quienes los hacían.

Ahora veía en uno de ellos las facciones de Nora rodeada de un aura luminosa.

En ese momento Gurdhya se presentó ante ellos llevando en su mano izquierda la vara que le había arrebatado a aquel muchacho que alargando su mano desde la nada se había adueñado de las que él tanto amaba.

-Bien se valió de ella.

Pensó Whymk.

-¡Tuvimos suerte!

Entretenido en estos pensamientos no se percató del cambio operado en su naturaleza. De nuevo su cuerpo humano se había hecho presente.

-Seas bienvenida elegida entre las nacidas.

Dijo la hechicera mirando a Nora.

-¡Hágase lo que tu decidas!

Formulando estas palabras que resonaron acompañadas por el viento que circulaba por las galerías de la gruta como si de un instrumento musical se tratara depositó a los pies de Nora la vara que le había arrebatado a Kadhy desapareciendo de inmediato.

Nora lo tocó con la rama que llevaba en la mano derecha y se obró la unión de las partes dejando a la vista una simple rama tal como ella la recogiera a la orilla del río.

Whymk no perdía detalle y estupefacto recordó uno de los tapices y ahora si que podía adelantarse a los acontecimientos.

-Fue así como…

Dijo sin poder terminar la frase cuando Nora ponía la rama sobre el agua del lago de la gran cascada.

En ese momento ocurrieron cosas tan extraordinarias que su pensamiento se veía entorpecido intentando seguirlas.

Se vio ante una cascada que caía de unas montañas muy elevadas formando parte de un grupo de humanos que en círculo estaban entregados a un rito que él seguía como uno más entonando cánticos y danzando al mismo compás.

-Lo que antes era una gruta ahora está en el exterior.

Pensó Whymk mirando a su alrededor.

-Ha habido una inversión.

-Ha sido un retorno.

-Ahora lo veo claro.

-Estamos en el momento en que la Comuna se unía ante la gran cascada para que con la unión de cada una de sus partes se manifestara el todo.

Miraba queriendo diferenciar a cada uno de sus componentes observando como la identidad individual desaparecía. Se miró en la superficie del agua y se vio como una gota de agua.

-Todos somos la gran cascada.

Pensó.

En lo alto sobre la parte central se encontraban Gurdhya y Nora.

Cuando Whymk enfocó su mirada su alma se vio transportada junto a ellas.

Desde arriba pudo verse al lado de Kary y Kalhyma que como el formaban parte de la Comuna.

Nora le miró cómplice aceptándole y en esa mirada recogió su destino. El de ser el que camina a la sombra de la elegida.

-¡Allí tienes el futuro!

Dijo Gurdhya a Nora señalando a los humanos que como gotas de agua indiferenciadas se movían en un ritual ancestral.

-Espero que tengas más suerte que yo.

-Siempre podrás contar conmigo si es necesario.

-Si no lo consigues sumaremos las fuerzas de todas las que vengan hasta el final de los tiempos para rehacer lo que en disgregación se descompone.

-Es la secuencia de la vida que del todo va a las partes y de las partes al todo.

-Si se cerrara dejaría de ser.

Las últimas palabras se perdían en la distancia mientras Gurdhya se confundía con el agua que caía desde las montañas sobre ese lago disgregándose en múltiples gotas que salpicaron sobre cada uno de los componentes del círculo.

La Comuna estaba reconstituida.

-Bien, Whymk.

-¿Puedo contar contigo?

Le dijo Nora preguntándole sin esperar respuesta.

Kadhy carcomido por la frustración se metió entre las dunas a grandes zancadas con Sahaym tras él.

-¡Encontraré el camino!

Decía para sus adentros con indignación.

Sahaym sentía, en su interior, que la llamaban desde alguna parte.

-¡Hermana!

Parecía que muchas voces la reclamaban.

-¿Quién me llama?

Pensó.

-¡Hermana!

Se sentía con más precisión mientras a lo lejos le pareció ver una cortina de agua que caía desmelenada.

Sahaym se quedó quieta mirando con perplejidad el fenómeno que para ella no tenía explicación.

-¿Quién invoca mi nombre y me reclama?

Dijo dejando sentir un hilo de voz que de inmediato captó Kadhy.

Él se giró y vio como ella entraba en una nube y sin pensárselo la siguió.

En el ritual de la gran cascada la invocación de los iguales había atraído a Sahaym que seguida de Kadhy entró a formar parte del grupo.

-¡Aquí te encontré!

Pensó Kadhy al ver a Nora en el centro levitando.

Nora advirtió su presencia de inmediato.

Se produjo la fractura del círculo quedando fuera del grupo Kary, Kalhyma y Whymk que como atraídos por un imán pasaron a formar parte de un puñado de arena que Kadhy metió en uno de sus bolsillos despareciendo al instante ante la mirada confundida de Nora que de inmediato siguió tras él por el camino del tiempo que Sahaym dejaba entreabierto.

-Deberá esperar la Comuna.

Pensó Nora yendo tras ellos.

Sobre las dunas un ave petrificada miraba la entrada de Nora.

-¡Terrible momento!

Pensó Whymk sin poder emitir mensaje alguno.

Nora recogió del suelo arenoso una serpiente que rastrera se movía entre las alas sólidas buscando cobijo.

-¿Dónde está Kary?

Preguntó Nora a Whymk y a Kalhyma que por su presencia recuperaron su forma humana.

-Kary no es ella.

-Oí que ese muchacho le decía Mulhay.

Dijo Whymk.

Tres figuras se aproximaban al oasis.

Mulhay iba amordazado arrastrándose por la arena tirado de una correa que controlaba Kadhy.

Sahaym cabizbaja iba tras ellos mientras se introducían entre la gente que se apartaba a su paso alejándose volviéndose de espaldas para no ver la escena que seres tan temidos presentaban.

Kadhy condujo a Mulhay a la palmera en que en otra ocasión se había detenido apoyándose para meditar y captar las fuerzas etéreas que buscaba, atándolo como si de un perro se tratara.

-No te fíes de él.

Le dijo a Sahaym.

-No escuches sus palabras ni mires su mirada.

-Si te habla piensa en el viento.

-Si te mira piensa en el agua.

-Témele en todas sus formas y manifestaciones.

-Estás ante el más poderoso y ruin de los poderosos.

-Tú sólo puedes esquivarle si no le das entrada.

Kadhy marchaba mientras dejaba en el aire estas palabras.

Sahaym temblaba ante el temor que con esas palabras él despertaba, pero algo le decía que era engañada, que eran falsas palabras. Sentía el latir de hermandad que le había llevado hasta la cascada.

-¡Hermana!

Escuchó de nuevo en lo profundo de su alma y a pesar de las advertencias de Kadhy miro la mirada que le reclamaba y escuchó las palabras que le susurraban aproximándose a Mulhay y desatando sus ataduras.

-¡Vamos, muchacha!

-¿Cómo te llamas?

-Sahaym.

Contestó ella mientras perpleja vio ante sí a una mujer.

-¿Y tú?

-Kary.

Contestó ella dándole un abrazo.

Sahaym y Kary salieron sin ser vistas siguiendo el camino que antes les había llevado al oasis.

-¡Mulhay!

Formuló Nora trazando un círculo en la arena.

Whymk y Kalhyma vieron como dentro del círculo trazado aparecía ante ellos aquella escena dolorosa en que Kary padecía de humillantes vejaciones por parte de aquel muchacho que se había cruzado en su camino llevándola a otra naturaleza. Aquello que Kadhy acompañado por Sahaym infería a Mulhay tratándolo como un perro.

-Tengo que intervenir para sacar a Kary de las garras de ese oscuro ser.

Pensó Nora pisando y borrando con sus pies desnudos el círculo trazado.

-Estamos ante un ser maligno y escurridizo.

-Mucho más que la misma furia.

-Tengo que andar con cautela y no entretenerme mirando porque él se dará cuenta y podrá alargar su mano.

Nora había borrado justo a tiempo.

Kadhy, superior a la furia, podía viajar en el tiempo y sabía que Nora era la luz que venía a neutralizar su fuerza. Él había sembrado cizaña en los miembros de la Comuna desatando la duda y la discordia, abriendo las puertas de la oscuridad. Su afán se centraba en el sometimiento de todas las criaturas, pero Gurdhya había abierto las ventanas acuosas de la gran cascada para movilizar la disolución de todo aquello que él proyectaba.

-¡Venid a mi lado!

Dijo Nora a Whymk y Kalhyma que permanecían como petrificados del espanto producido por las imágenes que ante ellos se habían hecho patentes viéndolas con amargo dolor.

-¡Unamos nuestras manos y cerremos el círculo de la triangulación para abrir la mente de Mulhay!

-¡Qué Kary encuentre el camino!

Dijeron los tres a la vez con una fuerza mental que les transportó sobre las aguas del lago de la cascada de la gruta emitiendo ondas de luz como las que se generan en la superficie del agua a la caída de un objeto pesado, atravesando el espacio y el tiempo.

-¡Hermana!

Formularon al unísono en un eco que alcanzó a Sahaym.

Kary y Sahaym salieron del oasis sin ser vistas y quienes allí habitaban sólo notaban, a su paso, la suave brisa marina quedando alegres y activos, siguiendo con sus tareas cotidianas.

Sobre la arena no quedaba rastro a su paso, las huellas desaparecían de inmediato. Una niña que desocupada jugaba contemplando los granos de arena en su movimiento fue la única que advirtió su huída sin sentir por ello otra emoción que la de alegría.

-¡Mamá!

Dijo en un eco inaudible.

Una mujer miró a la niña y sonrió al ver su dulce mirada.

Un águila volaba sobre sus cabezas, sin ser advertida, moviendo con su aleteo las pautas del tiempo haciendo que coincidieran en ellas todos los elementos para que a su paso el rastro quedara oculto a cualquier mirada.

-¡Gurdhya les acompaña!

Dijo Nora deshaciendo el círculo triangulado.

Sobre la arena de la playa descansaban Whymk y Kalhyma.

-¡Mi amada Kary!

Pensó Whymk recordando aquel encuentro que ahora transitaba por su cuerpo rompiendo su pecho y ahogando su garganta.

En ese momento Kary sintió en su vientre un aleteo.

Sahaym supo que la vida latía en ese cuerpo.

Un águila sobrevolaba el asentamiento humano que alrededor de un oasis acogía a Kary como una igual.

-¡Ella no sabe que su apariencia es el reflejo de las mujeres que la miran!

Pensó Sahaym al reconocer el fenómeno.

-Aquí podremos esperar a que esa criatura salga a la vida.

Le dijo a Kary.

-No hay una sino dos esencias vitales las que se mueven dentro de ese vientre.

Pensó Sahaym desconcertada al reconocer dos orígenes distintos.

Aquel encuentro de Mulhay con Kadhy había dejado su fruto en Kary. En su vientre se engendrarían la noche y el día. Ese era su destino y el de Sahaym acompañarla en un largo camino.

-¡Las cosas están en su sitio!

Comunicó Gurdhya a Nora a través de los signos que sobre las arenas aparecieron bajo un aparente remolino que se alzó en columna como si un hilo de cascada ascendiera hacía las nubes hasta ser absorbido por ese límpido cielo que caía sobre ellos cuajado de estrellas y asistido por una luna iluminando la escena.

-Huelo tu presencia a pesar de tu ausencia.

Dijo Kadhy.

-Sé que engendré mi hijo en ti y no pararé hasta encontrarte.

Formuló al viento levantando un remolino de arena que se desplazó marcándole el camino a seguir.

En la playa, Whymk recordaba complacido a Kary.

-¡Engendramos un hijo!

Pensó con alegría.

-¡Son dos!

Reconoció Kalhyma apesadumbrada, sin decir nada al ver el semblante placentero en su hermano.

Kalhyma podía recibir las fuerzas de la luz y la oscuridad. En ese momento captaba con precisión las señales que procedían del vientre de Kary.

-¿Quién es Sahaym?

Pensó.

-Parece que Nora la reconoce.

-Es de un tiempo otro, pero se me escapa si es de un antes o después al nuestro.

Nora seguía sus pensamientos.

-Espero que la lucha no se dé dentro de su vientre.

Pensó pensando en Kary con preocupación.

Sahaym compartía su pesar.

-Tú y yo somos una.

Pensaron Nora y Sahaym.

-Kary es nuestro reto.

-Esa niña y ese niño, nacidos de un mismo vientre y compartiendo una misma madre estarán siempre bajo nuestra protección en cualquiera de los lugares y momentos.

Siguieron pensando al unísono.

-¡Kadhy!

Llamaba Gurdhya extendiendo sus manos sobre las paredes de piedra que formaban la gruta de la gran cascada.

-¡Tú!

Dijo Kadhy al verse atrapado e incrustado en los trazos que sobre las paredes daban testimonio gráfico de los hechos habidos y por haber.

-¿Acaso crees que esta vez conseguirás neutralizar el camino profundo de la oscuridad?

-En ello estamos.

Le contestó Gurdhya mientras se cerraban en si mismas cada una de las galerías.

-¡Tú también quedarás atrapada!

Le espetó él con rabia.

-¡Vale la pena!

Contestó ella mientras se transformaba en agua filtrándose por las grietas mezclándose con la de la gran cascada.

-¡Yo tierra y tú agua!

-¡Nos volveremos a encontrar!

Esas fueron las últimas voces que estrepitosamente salieron al aire como si fuera el estrépito de una gran explosión.

Aquel espacio desapareció provocando un cataclismo tal que transformó en pedregal las inmediaciones del río destruyendo la vida, arrastrando a su paso todo lo que se interponía convirtiéndolo en lodo que iba a parar al lecho del río.

La tierra y el agua tenían largo recorrido.

Las aguas de los ríos van a parar al mar y éste baña sus costas.

Este río sería el medio que con el aire y la sequedad llevaría a las playas a Kadhy y Gurdhya para que volvieran a ser en su apariencia habitual.

Ese tiempo sería el de las criaturas que en Kary se gestaban.

Gurdhya no podía detener a Kadhy, pero había obrado para que el ciclo de la vida siguiera su curso.

Nora supo y esperaría a la orilla de ese mar para poder aunar sus fuerzas con las de Gurdhya cuando esta llegara o para entretener a Kadhy si se le adelantara.

-¡Hay que esperar!

Dijo transformando a Kalhyma y a Whymk en estatuas de arena para poder meditar durante la espera.

Regresó Nora a la cueva.

-Esto ha quedado peor que tras aquella tormenta.

Pensó mirando a su alrededor.

Cruzó los brazos sobre su pecho y puso en marcha un ritual rítmico que reconstruyó todo a su alrededor, volviendo las cosas a su ser y a otro tiempo sin más presencia que la de los habitantes del bosque.

-¡Ni pasado ni presente!

-¡Ni venir ni porvenir!

-¡Hágase en sí!

Estas palabras que el viento llevaba caían sobre las cosas reponiendo la vida.

El agua del río transparentaba las piedras de su lecho transcurriendo en su tempo.

La vida reverdecía y se sentía.

Nora complacida regresó con Whymk y Kalhyma.

-¡Despertad!

Les ordenó.

-¿Ya ha amanecido?

Preguntaron desorientados.

-¡Sí!

-¡Vamos!

Contestó Nora.

-Se avecina una tormenta de arena.

-Esperaremos en la cueva que se concluya el ciclo vital.

Explicaba al tiempo que se producía el cambio de paisaje.

-¿Cómo lo hace?

Pensó Whymk.

-¡Es increíble!

Estela esperaba en la entrada de la cueva y cuando vio a Nora se puso a corretear a su alrededor golpeándola con su hocico en las pantorrillas hasta que consiguió hacerla caer de rodillas aprovechando para lamerle la cara insistentemente manifestando con ello la gran alegría que tenía al verla y tenerla a su lado.

-¡Este cervatillo me tiene ganada el alma!

Pensó Nora mientras le abrazaba y reía revolcándose con él en el suelo.

Reponiéndose de tan grato encuentro se enderezó y sacudió su túnica para sacar las hojas y tierra adheridas.

-¡Aquí os quedareis hasta que yo os reclame!

Dijo desapareciendo sin dar más explicaciones.

-¡Debo esperar!

Pensó sentándose sobre la arena de la playa en tal quietud que cualquiera que hubiera mirado no habría advertido su presencia ya que se confundía con los elementos que la rodeaban.

Kary sentía la vida que florecía en su vientre y recibía de Whymk la compañía que le permitía compartir ese proceso con él. Se comunicaban mentalmente y se encontraban en el sueño.

Sahaym observaba complacida como avanzaban los días.

-Un niño y una niña.

Se decían unas a otras con satisfacción sintiendo como si fuera algo suyo, ese alumbramiento.

-¡Entrad a la luz!

Formulaba Sahaym elevando en sus manos a las dos criaturas a la vez.

-¡Entrad a la vida!

Kary complacida sonreía.

Whymk sintió en sus carnes el parto. Kadhy también.

Gurdhya se presentó ante Nora en el mismo instante que asomaba la niña a la vida y Kadhy después, cuando el niño saliera también.

-¡Como dos gotas de agua!

Dijeron las mujeres que asistieron al parto.

-¡Como arena del desierto!

Pensó Sahaym.

La Naturaleza obró el milagro de hacer que su hermandad fuera de semejanza total, tal que la diferencia era la de ser varón o hembra, nada más.

Su piel blanca como la luna, semejante a la de Kary. Sus ojos como el agua, los de la abuela. El tamaño de sus cuerpos y sus facciones idénticas. Los cabellos ensortijados y negros como el azabache.

Sin embargo, para Kary la diferencia era evidente. En el fondo de sus ojos supo ver que la niña era de Whymk.

-¡Cuidaremos de que él no se extravíe!

Pensó mirando a Sahaym que recogió el mensaje compartiéndolo con Nora y Gurdhya.

Cuando Kadhy se había hecho presente, surgiendo de la arena de la playa, Gurdhya y Nora le cerraron el paso impidiéndole pasar allí dónde tenía lugar el parto.

Lo hicieron pensando la dos a la vez en el lago de la gran cascada, enviándolo para atraparlo bajo la piedra que lo contendría mientras resistiera el desgaste del agua gota a gota.

Durante ese tiempo tendrían la oportunidad de proteger a los niños de su influencia.

Whymk supo con dolor que el doble parto era obra de dos, pero amó y no supo ni quiso diferenciarlos. Para él eran fruto del amor que sentía por Kary y tardaría mucho tiempo en saber quien era quien.

-¡Contigo no hay quien pueda!

Decía Kadhy a Gurdhya mientras ésta le contemplaba entre las estalactitas y estalagmitas que le tenían atrapado.

-No crees que deberías deshacer el bloqueo a que me habéis sometido.

-Al fin. ¿Para qué quiero yo una criatura?

-No ves que te están enredando.

-Tú eres quien todo lo domina y ahora te pliegas a la voluntad de una advenediza.

Gurdhya le miraba compadecida y apenada de tener que tenerlo allí entre las calcitas que se formaban en el goteo del agua, pero conocía su poder y sabía que nada le haría volver a la luz. Aquel que en otro tiempo había sido su compañero se había convertido en el mayor de todos los seres oscuros, siendo capaz de soportar la luz ocultándose bajo cualquier manera, confundiendo y dominando a cualquiera que pudiera servir a sus propósitos.

-De ninguna forma puedo consentir que interfiera.

Pensó alejándose. No sin tristeza. Dentro del corazón de Gurdhya se albergaba la llama que en otro tiempo encendiera el amor que hubo entre ellos.

Kadhy, en otro tiempo había sido alguien en quien podía confiar plenamente, pero se había dejado llevar por deseos de poder que le habían alejado de la luz.

Él, que en otro tiempo hubiera sido capaz de entregarse por ella, había pasado al otro lado traicionándola poniendo en marcha el caos que todo lo enredo.

-Esas criaturas son la oportunidad.

Dijo, ya fuera de la cueva, surcando los aires bajo la forma de un águila.

En la cueva parecía no pasar el tiempo. Nora había vuelto a hacerse cargo de todo, como antes.

Estela se había convertido en el compañero inseparable de los niños que, al contrario de ella, maduraban acelerando el proceso vital.

-¡Sary!

Se oyó una voz requiriendo a una muchacha que saltaba y corría.

-¡Espérame!

Le decía un muchacho que parecía entretenerse mirando como embobado su entorno a cada paso que daban.

-Mira, Hyam, te dije que si venías conmigo no te tenías que despistar.

Reprochaba ella.

En el cuerpo de ambos se empezaban a manifestar cambios propios de la pubertad.

-¡Os dije que no os aproximarais a la gruta!

Les decía Nora interponiéndose en su camino.

-¡Volved a las proximidades de la cueva!

-¡Y tú deberías vigilar!

Dijo mirando a Estela con indignación.

Los niños que ya dejaban de serlo obedecieron sin queja. Una mirada cómplice les bastó. Esperarían otra oportunidad. La curiosidad era cada vez mayor y lo prohibido empezaba a ser su único objetivo.

-Otro día será.

Pensaron a la vez.

Su comunicación era total y exclusiva. Nadie podía entrar en su pensamiento cuando se establecía entre ellos.

-Tendré que prepararlos para que puedan hacer frente a la realidad.

Pensó Nora.

-Quizás es llegado el momento de que emprendan su propio camino y se enfrenten juntos a aquello que les pueda acechar.

-Sary y Hyam han vivido paciendo como cervatillos, pero su destino es complejo.

Nora cavilaba sobre ellos, cuando vio ante sí a Kalhyma.

-¿Qué haces aquí?

Le preguntó.

-Vengo a hacerme cargo de la niña.

Contestó.

-¿Tú?

-¿Por qué?

Inquirió Nora sorprendida.

-Es a mí que corresponde acompañarla en su viaje iniciático como tú hiciste en otro tiempo con Kary.

Respondió Kalhyma ocultando sus intenciones.

-Sary y Hyam nunca se han separado.

-Sus movimientos y sus pensamientos se complementan.

Dijo Nora enfrentándose a Kalhyma.

-¿De dónde sacas que deba ser así?

-¡Nunca lo consentiré!

Añadió volviéndose de espaldas y regresando al interior de la cueva junto a Sary y Hyam, seguida por Estela que si miró a Kalhyma captando de su mirada la rabia contenida.

-¡Volveré cuando menos te lo esperes!

Pensó Kalhyma.

-¡Lo lamentarás!

Dijo entre dientes cuando se encontró sola en medio de la oscuridad de la noche.

Se había mantenido erguida ante Nora. No la temía.

Aunque su poder era grande ella se sabía poderosa. Había aprendido a controlar su duplicidad. La furia y ella eran una y eso le proporcionaba control sobre las cosas. Sus emociones, que en otro tiempo la habían arrastrado, eran manantial de fuerza para conducirse en el lado oscuro sin alejarse de su identidad.

Desde la oscuridad había establecido contacto mental con Kadhy aliándose con él.

Debería separar a Hyam de Sary para que Kadhy pudiera acceder a sus mentes por separado.

Tenía que tomar de su mano a la hija de su hermano para que Kadhy atrajera hacía sí a su propio hijo.

Hyam podía disolver la piedra con esa fuerza que todavía tenía que descubrir. La que en otro tiempo tuvo Kadhy y que perdiera al pasar al lado oscuro.

Hyam con lo estático podría concitar las fuerzas de la luz para deshacer lo que Nora y Gurdhya le habían inferido a Kadhy.

-¡A qué fin viene ésta por aquí!

Pensaba Nora indignada.

-Quedó claro que los niños quedaban a mi cuidado.

-Si Kary tenía que volver a su naturaleza distinta no podía asumir su cuidado y Whymk en ese estar inestable tampoco.

-¿Qué diantre le habrá pasado a Kalhyma para venir con estas exigencias?

Mientras tanto Sary y Hyam dormitaban abrazados a Estela.

Mulhay contemplaba el cielo estrellado, acompañado por Sahaym que había tomado la apariencia de Kadhy.

-¡Kadhy!

-¡Ven!

Dijo Mulhay.

¡Sí, mi señor!

Contestó atenta y sin osar mirar a sus ojos.

-Mañana emprenderemos un largo viaje.

-Prepara lo necesario.

-Es posible que sea un camino sin retorno.

-Escoge lo imprescindible.

-Confío en tu criterio.

Apuntó Mulhay mientras se alejaba de la haima en la que había estado durante el día.

-Siente la llamada.

Pensó Sahaym.

-Es posible que retorne a su otro ser.

-Sería lo mejor para todos.

Kalhyma se adentró en la gruta malhumorada.

-¡Kadhy!

Gritó histérica mientras las paredes repetían de un lado a otro el eco de su voz.

-No hace falta que grites.

Dijo él a través de su mente.

-Ya sé, pero estoy indignada.

-¡Esa…!

Sin poder terminar vio ante sí a Gurdhya.

-¿Qué haces aquí Kalhyma?

Le preguntó.

-Tenías que unirte a Sahaym y Kary.

-¿Dónde has dejado a Whymk?

Gurdhya sabía las respuestas, pero esa era la manera de recriminarle.

-No se te ha perdido nada por aquí.

-Vuelve a la arena.

Cuando Mulhay y Sahaym llegaron al lugar de la playa se encontraron con una figura que Sahaym reconoció.

-Es Kalhyma.

-¿Qué habrá sucedido?

Pensó.

-¿Dónde estará Whymk?

Mulhay la miró al sentir su pensamiento y de inmediato tres mujeres se miraron. Kary, Sahaym y Kalhyma estaban en medio de un espacio indeterminado.

-¡Venid conmigo!

Sugirió Kalhyma.

Pasaron a través de la nada y se encontraron en las montañas que tenían a sus pies aquel bosque y aquel río.

-¡Whymk!

Dijo Kary viéndolo atado de una pata.

Sahaym y Kary sintieron que su cuerpo soportaba un gran peso que las debilitaba por momentos dejándolas sometidas a la atracción del suelo. Los tres quedaron atrapadas por un lazo invisible entre las piedras del saliente que en otro tiempo había sido cobijo.

-¿Qué pretendes?

Dijo Kary.

-No vais a interferir en mis proyectos.

Le contestó Kalhyma mirándola directamente a lo más profundo de su ser arañando su alma.

-Fui por las buenas a Nora.

-Ahora será por las malas.

-Vosotros a cambio del niño.

Manifestó Kalhyma sacando la furia que ante ellos se manifestaba.

-¡Mis hijos!

Gritó Kary enredada en la maraña que la furia tejía a su alrededor.

-¿Qué pretendes?

Añadió Sahaym cayendo en un abismo oscuro y profundo.

Todo quedó en el aire.

La furia se creció con su dolor abriendo las profundidades para dar paso a las fuerzas que en otro tiempo habían desaparecido.

Un águila volaba hacía la cueva que en la otra orilla cobijaba a quienes jugarían un papel definitivo.

-Un aura de luz multicolor impedirá que puedan acercarse.

Pensó Gurdhya plantándose ante la entrada de la cueva.

Whymk vio con desespero como Kary caía en las redes de la furia y como ésta se crecía.

Kadhy estaba a la espera de que Kalhyma le llevara al hijo de Kary. Podía recibir mentalmente la secuencia de los acontecimientos y percibía la proximidad del encuentro son ese hijo concebido al tiempo que ella y Whymk se habían encontrado.

-Serán instrumento en mis manos.

Pensaba.

-Encontraran el camino subterráneo bajo el lecho del río con mi ayuda.

Estos pensamientos llegaban a la furia que al recibirlos volvió a ser Kalhyma, su aliada.

-Prepararemos el camino.

Dijo ella mirando a Whymk.

-¡No lo hagas!

Pensó él advirtiendo su mirada.

-Te estás equivocando hermana.

-Deberías recuperar a Kary y ayudarnos a proteger a nuestros hijos.

-Ese aliado no te conviene, te está utilizando.

-Eres un mero instrumento.

-Te necesita para alcanzar sus fines, nada más.

Ella no le escuchaba. Su mente maquinaba.

-¿Cómo llevar las fuerzas oscuras bajo el lecho del río?

Se preguntaba en voz alta sin parar cuenta en la presencia de su hermano que seguía atado y arrinconado.

-Será más fácil pasar por los pasadizos cuando el cauce del río se hiele. Habrá menos agua y serán menos las filtraciones dejando espacio suficiente para poder pasar por entre las grietas y pasadizos.

-Hay un mundo interior que nos puede llevar bajo la cueva.

-Una vez hayamos conseguido estar allí bastará alargar la mano para separar a Hyam de los demás.

Whymk temblaba con tan sólo imaginar que lo que tramaba Kalhyma se hiciera realidad.

-No lo será.

Escuchó una voz que le hablaba al corazón.

-Nos hemos liberado y estamos preparándonos para hacerle frente.

Le había comunicado Kary telepáticamente.

Ella había conseguido deshacerse de las trabas y ligaduras gracias a su poder y junto con Sahaym estaba recorriendo los caminos subterráneos para poder preparar la salida de la cueva antes de que las fuerzas oscuras se adentraran por esos pasadizos.

Amanecía y Gurdhya pasó a su forma de águila alejándose a una distancia suficiente para poder ver lo que ocurría en los alrededores de la cueva y llegar lo antes posible si se hacía necesaria su intervención.

Decidió no alertar a Nora de momento.

Sabía que Kary y Sahaym se habían liberado y seguía sus movimientos bajo tierra.

De Kadhy controlaba cada uno de sus pensamientos y por ellos conocía los que Kalhyma le transmitía.

Lo que ninguno de ellos podía imaginar es que Sary y Hyam tenían otros planes.

-No os alejéis.

Decía Nora mientras se ocupaba de poner orden en la cueva.

Aquella mañana amanecía luminosa y aunque el frío marcaba el cambio otoñal todavía se podía gozar de la vida fuera del reducto cerrado.

-Si siguen con este desarrollo precoz me va a ser difícil controlarlos.

Pensaba mientras aireaba aquellas túnicas y tejidos que habían servido para cubrirse del relente de la madrugada.

-Estela, sin embargo, sigue igual que el primer día que asomó su hocico por aquí.

Dijo dibujando una sonrisa de satisfacción al pensar en el cervatillo que tan buena compañía le hacía.

Recordó con nostalgia aquellos días y un halo de tristeza cruzó como bruma su mirada.

-Mi querida hermana.

Pensó tiñéndose su alma dolorida de llanto, sangrando por esa herida que nunca cerraba y que cuando la mente se colocaba en ella ahogada la anegaba.

-¡Madre me hizo responsable de demasiadas cosas!

Dijo quejosa, con un gesto que parecía liberarla de lo que la acongojaba.

-Estos niños necesitan una madre y un padre.

-Mi cuidado no es suficiente.

-No va a haber tiempo para ese encuentro ya que cada día están alejándose más de la infancia y empiezan a ser más difíciles de conducir.

-Estén empezando a buscar y lo que hallen puede ser que sea un camino sin retorno.

-Maduran sin tiempo a asentarse y aprender de los errores que encaminarían sus pasos a buen fin.

-La retahíla de lo que yo les marco por un oído les entra y por el otro les sale.

-Es ese momento especial en que todo vale.

-Madre desaprobaría, y con razón, el hecho de que Kary no esté con ellos.

-¿Dónde está mi hermana?

-Nos ha tocado vivir tiempos difíciles.

Entretanto, Sary y Hyam se las ingeniaron para desaparecer sin ser vistos tomando el camino que el día anterior les había tentado. Estela iba con ellos.

De hecho fue el cervatillo el que los condujo hacía la entrada de la gruta.

-Te das cuenta, hermano, de que Estela sabe llevarnos allí donde queríamos.

-Es cierto.

Respondió Hyam distraído observando lo que a su alrededor se movía de manera imperceptible para el resto de los mortales. Veía los mínimos detalles y se quedaba encantando en su contemplación. Aquellos cambios que nos sorprenden eran visibles en cada uno de sus movimientos. Seguía el latir de la vida en el crecimiento y evolución de la vida. Su corazón palpitaba golpeando con fuerza las puertas de la Naturaleza. Estaba en consonancia con las cosas y nada le era ajeno.

-¡Date prisa!

Le dijo Sary plantada en medio con los brazos en jarras esperándole.

-¡No te entretengas tanto!

-Si no volvemos pronto Nora se dará cuenta de nuestra fuga y se enfadará con nosotros.

-No me gusta verla enfadada.

Respondió Hyam adelantando el paso y poniéndose a la altura de su hermana.

-¡Vale, ya te sigo!

-¡Ya hemos llegado!

Dijeron al unísono introduciéndose por un estrecho espacio siguiendo a Estela.

-¡Ya sabemos como venir!

-Ahora debemos darnos prisa para regresar a la cueva y disimular ante Nora.

Dijo Sary dándose la vuelta.

-¡Vamos, Estela!

-¡Volvemos a casa!

-No te hace caso.

Dijo Hyam.

-Él a lo suyo.

-¡Estela vuelve!

Gritaron los dos hermanos.

El cervatillo miró hacía atrás y siguió avanzando.

-¡Estela!

Volvieron a llamarlo sin que el cervatillo les hiciera caso.

-No podemos volver sin Estela.

Dijo Hyam.

-¿Cómo se lo explicaremos a Nora?

-¿Y cómo le explicamos nuestra tardanza y de dónde venimos?

-No quiero ni imaginar la cara que pondrá.

Replicó Sary.

-¡Estela, vuelve!

-¡Sabes qué, allí te quedas!

Dijo enfadada dándose la vuelta para marchar.

-No podemos marchar sin él.

Dijo Hyam.

-De acuerdo, pero yo os espero fuera.

Le contestó Sary nerviosa.

-¡No tardéis!

-Lo intentaré.

Respondió Hyam apresurando el paso para alcanzar al cervatillo.

Kadhy siguiendo sus pasos había puesto en marcha comunicación mental con Estela suplantando a Gurdhya y de esa manera los había conducido hasta la gruta.

Sary esperaba inquieta que Hyam regresara con el cervatillo y el tiempo se le hacía eterno.

-¡Voy en su busca!

Dijo decidida a intervenir.

-No puedo confiar en ellos.

-Ves a saber en que habrá encandilado a Hyam.

Cuando llegó a la cascada siguiendo su rastro encontró que frente a Hyam se erigía una figura espectral y de inmediato puso su mente en consonancia con la de su hermano generando una energía lumínica hasta ese momento desconocida para ellos, produciendo un campo de fuerza que hizo volver a Estela y a Hyam junto a Sary a las inmediaciones de la cueva.

-Ya sabéis que os quiero ver por las proximidades.

Decía Nora.

Sary y Hyam se miraron sorprendidos.

El tiempo no había transcurrido.

Whymk empezó a recibir señales de Kary y le costó disimularlo.

-¿Qué te pasa?

-¿A qué viene esa alegría?

Dijo Kalhyma molesta por esas emociones que contrastaban con la oscura perspectiva que planificaba.

-¡Nada!

Contestó él sobresaltándose e intentando disimular aquello que le llegaba desde los pensamientos que Kary proyectaba telepáticamente enviándole alentadoras palabras.

-No pares cuidado, hermoso mío.

Ella sabía que a pesar de las penurias a que se veían sometidos saldrían a delante adelantándose a las fuerzas oscuras que la furia podía concitar.

-Si el río está helado las grietas quedarán tapadas por el hielo.

Pensaba.

-Lo que para Kalhyma es un buen plan se convertirá en puro fracaso.

-Entretanto podemos mover las cosas para que nosotras podamos encontrar el camino a la cueva antes de las heladas.

Dijo Kary a Sahaym que estaba siguiendo sus pensamientos al tiempo que exploraba las posibles vías a seguir.

Whymk, de nuevo, tuvo ante sí la visión de los tapices que colgaban del techo en la casa de su padre. Esa imagen pasó a las mentes de Kary y Sahaym, reconociendo ésta un mapa que las guiaría a una entrada subterránea a la cueva.

-¿Has visto?

Dijo Sahaym mirando a Kary en medio de la penumbra que las envolvía.

-Si tomamos este pasadizo que sube nos llevará a uno que atraviesa el río en zigzag, yendo a parar justo a la parte de la cueva que queda incrustada en el montículo de piedras de la orilla más intransitable del río.

-¡Lo veo!

Contestó Kary con emoción transmitiendo ese sentimiento a Whymk que sin poder evitarlo movió sus alas alertando a Kalhyma.

-¡De ésta no pasa!

Dijo ella.

-¡Abre ese pico y desembucha!

-¡Explícate!

Dijo devolviéndole la apariencia humana manteniéndolo sujeto con el cordón invisible que se adaptaba a su tobillo produciéndole quemazones y dolores insoportables.

-¡Me dirás que mensajes recibías para estar tan contento!

Decía Kalhyma mientras él se retorcía de dolor.

-No duele.

Pensó consiguiendo cerrar sus sentidos a toda sensación dolorosa.

-En la mente se localiza si quiero yo.

-No hay dolor.

Whymk miró a Kalhyma de frente retándola y ella dejo de inferirle esa sensación dejándolo tranquilo.

-¿Qué haces hermana?

-¡Estás ciega!

-No te das cuenta de que estás en el camino equivocado.

-Que tu lugar es el de estar de nuestro lado.

Ella levantó su vara para golpearle, pero la dejó caer sin osar tocar a su hermano.

Sus sentimientos afloraban sin que ella pudiera hacer nada.

Whymk con sus palabras y gestos la desarmaba.

-¡No digas tonterías!

-¿Qué provecho puedo sacar con vosotros?

-Kadhy es el verdadero amo y señor de todas las cosas.

Dijo Kalhyma dudando de sus propias palabras.

Whymk sintió la debilidad de sus argumentos y guardó silencio para que ella se encontrara con sus propios pensamientos.

-Qué dulce mirada la de Hyam.

Pensó Nora sintiéndose reconfortada cuando al acercarse al muchacho éste abrió los ojos.

Aquella noche sus sueños le habían trastocado despertándose angustiada y pesarosa.

Su primera reacción había sido la de ir a comprobar si los niños dormían temiendo no encontrarlos como si ese sueño pudiera ser una realidad.

-Es absurdo este pesar.

Dijo para sus adentros cuando se apartó de ellos saliendo a mirar fuera sintiendo en su cara la fresca caricia del aire de la mañana.

-Es agradable este momento del día, cuando todos duermen y puedo sentir el palpitar de la tierra.

Dijo susurrando para no alertar a los durmientes.

Sentía como las aguas cantarinas del río la saludaban y el suave viento mecía las hojas de los árboles produciendo un tintineo inaudible que para ella era perceptible. Ese era su momento.

-Será un hermoso día.

Manifestó olvidando la sombra que al despertar la había alertado.

A lo largo del día, atareada en infinidad de actos cotidianos, no recordaría ni el sueño ni esas sensaciones placenteras de las primeras horas.

Sería al caer la tarde, en el ocaso, cuando la magia del momento pone las cosas en ingravidez que Nora sentiría una comezón se adueñaría paso a paso conforme las sombras se fueran alargando hasta la llegada de la claridad del cielo nocturno que les alertara y la animara a encontrarse en el lugar de los sueños.

Entonces recorrería un trayecto que de la mano del sueño tiraría de ella hasta la misma cascada y con espanto se vería ante la escena en que un espectro que todo lo aniquilara amenazaría a sus niños alargando sus garras hacía ellos.

-Me dejaré llevar, no opondré resistencia y si de ésta no salgo que sea para salvarlos.

Pensó poniéndose entre ellos y su amenaza siendo atravesada por esa garra.

Fuego y hielo la abrasaban quedando un fragmento de uña en su cuerpo que se ahogaba al retirarse la garra que buscaba carne fresca y no la hallaba.

-¡Nora!

La llamaban y aunque oía sus voces lejanas lo hacía desde la dura piedra en que había quedado incrustada.

-¿Por qué no despierta?

-¿Qué le pasa?

Se dijeron Sary y Hyam llorando, abrazándose.

Estela empujaba con su hocico y lamía su cara queriéndola despertar.

Durmiente quedaba atrapada en un sueño que sólo les sería dado a ellos tener, pero que de momento quedaba muy alejado de sus posibilidades.

Habían sido protegidos y ahora quedaban a su suerte. Nadie más que ellos podría entrar en ese sueño, pero para eso debían saber y su ignorancia no les permitía otra cosa que lamentarse ante Nora que no respondía.

-Su cuerpo está caliente y su corazón palpita.

Dijo Sary compungida cogiéndola por los hombros intentando, inútilmente, despertarla.

-¡Duerme!

Dijo Hyam pesaroso y ofuscado bajando la vista mirando a su alrededor confundido.

-¿Qué será de nosotros sin ella?

Dijeron en un alarido haciendo reverberar un eco que alcanzó todos los rincones del bosque alertando a todos los vivientes que en desorden salieron de sus cubículos de un lado a otro produciéndose un desorden absoluto.

Las aves cubrieron el cielo saliendo en desbandada y los mamíferos abandonaron el territorio como si el bosque se quemara.

Esa mañana la niebla densa envolvía las inmediaciones del río ocultando la cueva y a sus ocupantes.

Unos seres oscuros se paseaban por la orilla opuesta atraídos por el olor del miedo que de la cueva brotaba.

Con Nora inactiva todo se ensombrecía.

Whymk fue testigo desde el otro lado.

-Algo malo ha sucedido, Nora no da muestras de actividad. No ha salido nadie de la cueva y el paisaje del otro lado ha perdido todo su brillo.

-Se ha producido un cataclismo porque los animales han abandonado el bosque en todas direcciones.

Comunicaba a Kary a través de su pensamiento, apesadumbrado y nervioso.

-¿Qué te pasa?

Le increpó Kalhyma.

-¡No puedes estarte quieto!

Le gritó volviéndose hacía él con los ojos desorbitados.

-No, nada.

Le contestó disimulando en lo que pudo.

-¡Nuestros hijos!

Pensó temblando y lleno de rabia.

-Algo malo ha sucedido.

-No perdáis tiempo en llegar. Apurad.

Decía sin importarle que Kalhyma pudiera escuchar. Ya le daba lo mismo, no intentaba disimular emociones que estallaban en su pecho ante la incertidumbre.

-Debemos ir con cuidado.

Dijeron las dos mujeres mientras se movían entre los pasadizos que atravesaban el río por debajo de su lecho.

-Tenemos que prepararnos para lo que sea.

Entretanto Sary y Hyam acompañados por Estela abandonaron la cueva dejando a Nora a su suerte.

-Vamos a la gruta.

Dijo Sary decidida.

-Hay que hacer frente a lo que allí se concita.

De inmediato, con sólo formularlo, se vieron los tres a la orilla del lago interior alimentado por las aguas que caían de la gran cascada.

Cuando Sahaym y Kary lograron acceder al interior de la cueva encontraron el cuerpo de Nora inerte.

Kary posó sus manos sobre su frente recibiendo a través del contacto toda la información sobre lo que allí estaba pasando.

-Tenemos que llevarla allá dónde su cuerpo astral ha quedado atrapado.

Le dijo a Sahaym.

-¡Vamos!

Whymk recibía cada uno de los pensamientos y sin darse cuenta dejó ir las palabras que repetían lo dicho por Kary.

-¡Vamos!

-¿A dónde?

Preguntó Kalhyma.

-A la gruta.

Contestó él sin medir las consecuencias.

-¡De inmediato!

Dijo ella agarrándolo del brazo.

Gurdhya que volaba por los alrededores siguió la senda de luz marcada por Estela.

Cuando el espectro se presentó ocupando todo el espacio sobre el lago de la cascada dejando apenas aire para respirar, Nora se interpuso al tiempo que su cuerpo astral regresaba a su ser físico entre él y los niños abalanzándose sobre él y arrastrándolo a las profundidades del agua disolviendo en ellas su sustancia.

Kary viendo que Kalhyma iba decidida hacía los niños se abrazó a ellos, recogiéndolos en su regazo y Whymk que había quedado liberado de la atadura se les unió regresando todos juntos a la cueva, volviendo a ese momento primero en que fueron amamantados.

Estela desapareció dejando un rastro luminoso que se alejaba perdiéndose en lo más alto de la cascada.

Gurdhya se encaró con Kadhy que a punto estuvo de salir mezclándose con el y yendo juntos en forma de barro al fondo del lago.

Nora regresaría un buen día, cuando los niños hubieran crecido de forma natural cargada con aquellas cosas que solía guardar.

FIN

Anna, 11 de septiembre de 2007 en Barcelona

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Saturday, September 8, 2007

Gurdhya y Kadhy

Gurdhya y Kadhy en otro tiempo fueron almas gemelas.

Aquel muchacho que otrora la siguiera pasó a admirarla y amarla.

Ella se miraba en sus ojos y veía el sol.

Él en ella las estrellas.

Se amaron largo tiempo bajo la tutela de la gran cascada.

Hubo tiempos de paz en que las aguas armonizaban la vida de la Comuna, pero no todo dura para siempre y en su caso no iba a darse la excepción a la regla.

Gurdhya creció tanto en su conocimiento que él se sintió desatendido y marcho desviándose de su camino a la búsqueda de su propio destino.

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