Sunday, September 23, 2007

Un camino y un sueño. Un destino. (Continuando con el relato)

Empezaron, los picapedreros, a cubrir el camino que día a día se llenaba de malas hierbas.

-¡Aléjate de allí!

Decían las madres a sus hijos pequeños cuando jugando se acercaban a las obras por curiosidad. La mayoría de los adultos no osaban siquiera mirar, pero los niños son curiosos por naturaleza. Si miraban lo hacían de lejos y de reojo, porque algo de la curiosidad infantil también les carcomía.

-¡Te tengo advertido que no debes aproximarte!

Decía una mujer tirando de la mano de un niño que insistía en acercarse atraído por el trajín que entre polvo y piedras se daba.

-Pero…

-¡No hay pero que valga!

Le replicaba indignada y temerosa.

 

-¡Es peligroso estar allí!

-El Infierno estará bajo tus pies si pisas la senda prohibida.

Añadía queriendo atemorizarlo. Prevenir con el miedo no era suficiente porque precisamente eso era lo que le incitaba, lo prohibido se convertiría en lo deseado, la tentación que ocuparía sus pensamientos a lo largo del día.

Nahym, que así se llamaba el niño, pasaría el día buscando mil estratagemas para zafarse de la vigilancia de los adultos.

Al oscurecer, las calles quedaron vacías sin que fuera necesario el aviso del toque de queda que regía el ritmo de la comunidad.

Tras la cena con las historias y anécdotas contadas al calor de la lumbre las fogatas perdieron intensidad y los sueños poblaron el lugar.

A hurtadillas una sombra diminuta se movía arrastrándose pegada a las paredes de las casas.

-¿Quién anda?

Se oyó decir en mitad de la noche.

Un gato negro cruzó la calle.

-Será que un simple gato nos hace creer que alguien se desplaza por la calle.

Dijo uno de ellos, no sin cierto temor.

-Precisamente esta noche.

Pensó.

-Algo en el ambiente presagia malos augurios. No sé, pero lo siento en la piel y en las tripas.

Dijo de forma inaudible.

-¿Qué me decías?

-No, nada. Estaba pensando en voz alta.

Respondió sintiéndose sorprendido.

-¡Ah!

Ambos quedaron silenciosos y atemorizados sin esperar otra cosa que las largas horas de guardia no tuvieran novedades.

Las dos figuras parecían cargar con el peso del mundo mientras se alejaban en su paseo nocturno.

Nahym, que había esperado el momento oportuno para salir de la casa se sintió perdido ante la presencia de los dos guardianes que hacían su ronda por las calles para velar y hacer cumplir el toque de queda que obligaba al a reclusión durante la noche.

Si hubiera sido descubierto todos los miembros de su familia habrían caído en desgracia. El sistema hacía responsable a todos de todos, de manera que la familia tenía que vigilar que cada uno de sus miembros siguiera las normas establecidas.

Era un sistema eficaz, porque la proximidad hacía de la norma la ley. Cada uno velaba por las acciones de los demás y si en un momento dado se ponía en peligro al grupo familiar éste se protegía reprimiendo al que contravenía la norma.

Siempre hay alguien que rompe la norma del grupo para bien o para mal. A veces es el camino evolutivo que lleva a nuevas formas de hacer y de ser.

Uff!

-Menos mal que ha salido un gato y esos dos no me ven bajo las sombras que me amparan.

Pensó Nahym mientras sentía que un sudor frío atravesaba su espalda.

Tardó en moverse, a pesar de que la pareja de vigilantes no volvería sobre sus pasos hasta que no llegaran al otro extremo, el que se acercaba al río.

-La luna marca el camino.

-Es curioso.

Pensaba observando que una estela iluminaba el recorrido empedrado.

-Me arrastraré sigilosamente…

Apenas esa intención se cruzó por su mente se vio arrastrado y alzado por una fuerza que lo llevó sobre la cabaña dejándolo flotando. Pudo ver el interior sin poder dar crédito a lo que sus ojos presenciaban. Maitina, la anciana que se suponía era cadáver se transformaba en un ser magnífico.

Los ancianos habían explicado historias de seres fantásticos a los que denominaban dragones, pero siempre había creído que sólo eran historias para entretenerlos.

-¡Nahym, despierta!

-¡No seas gandul!

-¡Vamos!

No hubo forma humana de despertarlo cuando al amanecer la vida de la casa ponía a todos en pie.

-¡La desgracia ha entrado en esta casa!

Se decían unos a otros, lamentándose.

-Fue la senda maligna.

Dijo la persona más anciana de la casa, siendo advertida con sorpresa por parte de quienes apenas le prestaban atención por lo insignificante que era para ellos. Habían olvidado otra de las costumbres que hacía de ellos un grupo estable. Los más mayores eran su cuna y aunque perdieran capacidades tenían la sabiduría, que dan los años, de su parte.

-No podemos salir hasta que regrese.

Siguió diciendo al verse escuchada por todos ellos.

Aquella mañana se quedaron todos dentro de la casa siguiendo las instrucciones de la anciana que sabía como hacer frente a una situación como ésta.

Quemaron hierbas aromáticas para abrir el camino de las sensaciones de Nahym, entre plegarias y sortilegios que se recordaron de los ancestros.

Untaron sus cuerpos y los del niño con aceites aromáticos.

Ayunaron y entraron en un solo pensamiento conducido por la maestra de ceremonias que sabía que ese era el procedimiento para iluminar el camino de vuelta del alma del muchado.


Posted by lletraferida at 13:38:01
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